
El alma de la fiesta: que gane Colombia, a pesar de los hinchas. Por: Adolfo Zableh
Ser hincha de fútbol es una de esas cosas que están bien vistas, pero que no deberían serlo tanto, como tomar trago o creer en Dios, escribe Adolfo Zableh. En este texto para CAMBIO, el periodista, tan crítico de los fanáticos del fútbol, dice que aunque la vida no es de merecimientos, sino de cumplir las metas, le gustaría ver que este país tan golpeado desde tantos lados tuviera un título para celebrar.
Por: Adolfo Zableh
Ser hincha de fútbol es una de esas cosas que están bien vistas, pero que no deberían serlo tanto, como tomar trago o creer en Dios. Y no por el fútbol en sí, sino por el fanatismo. Un fanático, de lo que sea, es una persona que suele perder las líneas cuando la situación se pone compleja, y en su afán por tener razón es capaz de hacer o decir cualquier cosa. Cuestione usted a un fanático religioso o político, a ver cómo le va.
De arranque, nunca me ha sonado eso de que digan “ganamos” o “perdimos” de acuerdo al resultado, básicamente porque ellos solo ven. Y es cierto que les dan ambiente a los partidos y motivan al equipo, pero hasta ahí; al final, su influencia es mucho menor de lo que creen. Más que gustarles el fútbol les gusta es la adrenalina que dan los triunfos porque nada seduce más que el éxito, en especial si es ajeno. Aunque ahí sí los entiendo: cuando nuestra propia vida carece de emoción, nada mejor que sentirnos parte de algún tipo de triunfo, así lo hayamos visto desde la barrera.

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