
Colombia 1-0 Congo: ahora sí llegaron el baile, el ritmo, la imaginación
Daniel Muñoz, goleador de Colombia en el Mundial. Créditos: Reuters
La Selección Colombia, ahora sí en una versión competitiva y sabrosa, superó sin aspavientos al Congo y se consolidó como líder del grupo K. Así logramos la segunda victoria, que nos llena de aire el orgullo y la camiseta para enfrentar a Portugal.
Hasta la primera pausa de hidratación, Colombia fue, con todas las letras, una tromba. Triunfó por adentro, por afuera, desde la media distancia. Nueve hombres distintos vestidos de amarillo dispararon al arco congoleño antes de los 30 minutos.
Lo intentó James con un zurdazo que se fue abriendo, abriendo, casi hasta la euforia; lo intentó Gustavo Puerta, el niño maravilla de la Selección Colombia que hoy probó autoridad y desparpajo; lo probó Johan Mojica, que quiso quitarse del cuerpo las ansias del debut fallido con un golazo desde muy lejos; probaron Luis Díaz y Suárez, y, como siempre, vio el arco de frente, Daniel Muñoz.

Colombia se olvidó muy rápido de su partido pantanoso contra Uzbekistán y, con fluidez e intensidad, nos fue abriendo (y cerrando) la boca a los escépticos. Disfrutamos 25 minutos del fútbol-maravilla que, hace ya varios meses, hizo que este equipo saliera en todos los periódicos por su larguísimo invicto.
Y en defensa, con Dávinson Sánchez exquisito e intuitivo, el corazón no nos cambió de ritmo, la presión arterial no varió y la temperatura del cuerpo se mantuvo estable. Hasta la maldita pausa de hidratación que convirtió este juego en un deporte de cuatro tiempos, Congo se vio en el medio de una tempestad. El balón, para ellos, no fue poco más que un espejismo. Y todos los rezos y plegarias fueron a parar sobre los guantes de su gran figura, el arquero Lionel Mpasi.
El primer tiempo terminó con Colombia menos avasallante, pero indiscutiblemente superior. Y con un solo ataque serio del Congo. Ahí estaba la sombra del gol.
Al ritmo de Juanfer
A los cinco minutos del segundo tiempo ya acumulábamos dos opciones de gol más. La orden de Lorenzo fue alargar el dominio, seguir tirando de la carroza. Y entonces, 10 por 10, le dio entrada a Juanfer por James, y otra vez se hizo la luz. Quintero entró en modo 2018 y, con él en cancha, se afinaron las cuerdas, la percusión encontró un pulso nuevo y con sus pases indescifrables se fue fisurando la fortaleza congoleña.
También entró Jhon Córdoba, para fijar a los centrales y hacer gala de su fortaleza sin fronteras. Y fueron ellos los que urdieron, conjugando lucidez y portento, al minuto 76, el furioso gol de Daniel Muñoz. Ese que nos confirma como líderes y que le da relieve al espíritu competitivo de la Selección en los mundiales.

No es hora para agrandarnos ni descentrar el corazón. Pero se vale, por hoy, decir en voz alta la paternidad que seguimos perpetuando contra los siempre jodidos equipos africanos. Y comentar entre nosotros que el equipo que vimos hoy, este sí, tiene las formas y los pliegues de un rival que nadie quiere enfrentar.
En el final, con Camilo Vargas volando de palo a palo, quitándose del cuerpo la ansiedad, fue conmovedor ver a los nuestros absolutamente exhaustos, sin reservas en el tanque, aferrados con los huesos al 1-0 final. Pero la alegría se configura, sobre todo, porque a Congo lo arrinconamos con fútbol, con ritmo, con la imperiosa obsesión de pisar el área contraria y tener el monopolio del balón.
"Teníamos que ser leones hambrientos", dijo Daniel Muñoz, que con su segundo gol se mete entre los mejores laterales de esta copa. Eso fueron los jugadores de la tricolor. De Vargas hasta Suárez, con Lucumí y Davinson Sánchez, y el niño maravilla Puerta, de nuevo, en el sendero de la perfección. Nos espera Portugal, sin duda el rival más fuerte del grupo. Nos esperan Ronaldo y Vitinha y toda su constelación. Allá vamos, ahora sí: a imponer este mapalé sabroso en el Hard Rock Stadium de Miami. Jugando así, en el tempo de Juanfer, todo puede ser.
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