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Agueros para apoyar a Colombia
Agüeros y rituales de toda índole se utilizaron para apoyar a Colombia en el mundial de 2026.
Deportes

La mística popular, un juego de augurios y agüeros que empujó a Colombia en el Mundial

Agüeros, cábalas y augurios son moneda corriente para apoyar a los equipos de fútbol. Estuvieron muy presentes entre miles de aficionados colombianos antes y durante el partido que jugaron Colombia y Ghana en la Copa del Mundo de la Fifa de 2026.

Por: Alexander Triana Yanquén

Desde el pitazo inicial con el que debutó la selección que lidera Néstor Lorenzo, retumbó como un eco sísmico en cada rincón de Colombia. El enfrentamiento ante el seleccionado de Ghana es el claro ejemplo del impacto de los agüeros, cábalas y augurios cobraron mayor presencia: caminatas a Monserrate, subir de rodillas el cerro, bañarse con jabones de sal marina, ponerse la camiseta al revés, utilizar unas medias que siempre se ponen en los partidos, o hacer una paradita para relajarse durante los entretiempos y ver los comerciales de Davivienda y su Hotel Mundial, enfrentamientos entre brujos: por un lado la bruja Dioselina de Sábados Felices junto al padre Diego Jaramillo, incluso el famoso ‘Jesucristo Salsero’ y por el otro el brujo de Ghana que se hizo ícono en cada juego de su seleccionado.

Nunca antes en las históricas participaciones de la tricolor se había visto tanto colombiano atrayendo la buena fortuna y pidiendo tan fervientemente porque James Rodríguez volviera a mostrar la garra que vimos en Brasil, que las murallas de la defensa central liderados por Dávinson Sánchez, y Jhon Lucumí se mantuviera firme ante un seleccionado que siempre se ha caracterizado por la fuerza y sorpresa que puede generar, que la delantera dejara atrás su miedo a encarar y que John Córdoba por fin apareciera entregando lo mejor de sí con un par de goles, o los aterradores de quiebre de Lucho Díaz y de Luis Javier Suárez por los extremos abrieran líneas en la defensa contraria asistiendo con balones al centro, o desbordaran de tal manera que anotaran en la zona de peligro.

En varios medios de comunicación se hizo cobertura del caso de ofrenda en el cerro de Monserrate, emocionados y participativos con la hinchada, tejida a punta de agüeros, mística criolla y rituales inquebrantables. Porque para el colombiano, el fútbol nunca ha sido un juego de azar estadístico; es un asunto de fe popular y en este Mundial (2026), la delgada línea entre la cábala y la realidad se ha difuminado por completo, transformando las supersticiones de toda la vida en un motor de apoyo colectivo que estalló con fuerza tras los tres primeros puntos del torneo.

Entre agüeros y tradiciones ancestrales

Días antes de que rodara el balón frente a las 'estrellas negras' de Ghana, la tensión en el país se respiraba en el aire. La memoria futbolística del colombiano es cautelosa, y el temor a la mala suerte siempre acecha. Históricamente, "estar salado" ha sido el peor diagnóstico para un hincha o un equipo. Sin embargo, para esta cita mundialista, la cultura popular le dio la vuelta al estigma de una forma brillante. Lo que antes era un temor místico se convirtió en el ritual definitivo de purificación gracias a una de las sorpresas culturales de la temporada: el lanzamiento del jabón sal marina de Refisal, una edición limitada creada específicamente para "limpiar las malas energías" antes del pitazo inicial.

Así como el uso de camisetas de la selección por el revés, y aunque según datos de comerciantes, las camisetas amarillas han tenido una baja por haber sido usada en campañas políticas. Los aficionados buscan otras que los identifique porque el fútbol siempre nos ha unido.

En miles de hogares, la antesala del partido no empezó con el himno nacional, sino en el baño. Hinchas de todas las edades cumplieron a rajatabla con el agüero colectivo de lavarse las manos o bañarse con el jabón de sal marina para blindar la suerte de la selección. También, en el país, "si la tradición dice que la sal marina limpia, pues nos limpiamos todos juntos", se escuchaba en lo alto del cerro mientras centenares de hinchas avanzaban subiendo de rodillas o caminando y haciendo los cánticos tradicionales que hemos escuchado en otros estadios del mundo, porque cuando juega Colombia el patriotismo inunda las calles y la sonrisa del colombiano con su sabor, hace que otros se integren.

Las redes sociales se inundaron de videos de barras enteras, familias y amigos compartiendo el jabón en el baño antes de ponerse la camiseta. El agüero dejó de ser un secreto de abuelas para convertirse en un acto de fe compartida. Tras el triunfo 1-0, la hipótesis popular quedó confirmada para la calle: la sal no sala, la sal marina, si se usa con fe, quita el sufrimiento y atrae la fortuna.


Entre la tensión del juego y la risa compartida

Cuando el juez central señaló el descanso, la tensión en las casas colombianas rozaba el dramatismo. El 0 a 0 contra un Ghana físico y ordenado tenía los corazones latiendo a mil. Es en ese instante exacto, cuando el televisor deja de mostrar la cancha y la ansiedad amenaza con congelar el ambiente, donde apareció el otro gran fenómeno de este Mundial: las pausas comerciales convertidas en un bálsamo cultural.

Davivienda, apelando a su histórico lugar en el corazón humorístico del país, transformó el entretiempo en el escenario de su nueva gran apuesta: Hotel Mundial. Con una estética nostálgica de los años ochenta ambientada en la Florida, generando que los colombianos encontraron en la pantalla a personajes entrañables como Segundo (el dueño del hotel), Matías (el argentino todoterreno), Mía (la creadora de contenido) y David (el botones canadiense), viviendo situaciones completamente absurdas y graciosas bajo la premisa eterna de estar "en el lugar equivocado".

Durante esos minutos de hidratación, de fin del primer tiempo, y otro de “hidratación”, el corazón de los colombianos latía con fuerza y cierta ansiedad, pero ahí es donde los comerciales no funcionaron como publicidad, sino como un desahogo colectivo. En lugar de comerse las uñas por el resultado, las familias se reían juntas, comentaban los clips en redes y distensionaban el ambiente. ‘Hotel Mundial’ se caracterizó en la genialidad de la campaña y radicó en entender el comportamiento del hincha: transformar la angustia del entretiempo en una sonrisa para recargar energías de cara a cada descanso. La risa, al fin y al cabo, es otro de los grandes agüeros colombianos para espantar los malos presagios.

Ver un partido de la Selección Colombia en esta versión del Mundial es presenciar una obra de arte viva. El gol de la victoria llegó en la segunda mitad, un latigazo que desató la locura contenida. Mientras los jugadores celebraban en la cancha, en las casas la gente gritaba con pasión y sin importar la posible garganta seca y la disfonía que la emoción traería consigo, miraba sus camisetas, coreaba los cánticos, recordaban la fe ciega de aquellos que se animaron a subir el cerro de Monserrate, o las apariciones de memes en donde mostraban la gran batalla de brujos: Dioselina contra el brujo de Ghana y el apoyo singular del padre Jaramillo con la camiseta puesta, o estando en el baño, miraba el jabón de sal marina en el lavamanos, recordaba las risas del entretiempo y confirmaba una verdad innegable: el fútbol en Colombia es una construcción colectiva.

Ganamos en la cancha porque se corrió con el alma, pero se sostuvo desde la casa porque un país entero decidió creer, blindarse contra la mala suerte y empujar desde la mística de sus propias tradiciones. El Mundial terminó para nuestra selección con el encuentro contra Suiza, pero con la fe limpia de sal, y a la espera de la clasificación con nuevos rostros que nos pondrán a regresar al aguero, la cábala. La hinchada colombiana ya demostró que está lista para jugar su propio partido desde la tribuna, o desde las salas de sus casas, o en bares mientras se crean técnicos y griten su estrategia con la esperanza que el clamor le llegue al técnico de la tricolor como si este los estuviera escuchando.

Terminó la participación de nuestra selección, y ahora queda ver el nuevo futuro, que se hagan los análisis necesarios y se evolucione atendiendo a las sugerencias de personas que han vivido del fútbol como Falcao, nuestro gran héroe y otros que coinciden que se puede mejorar y que hay que invertir en formación y generar procesos.

No obstante, a la tricolor hay que recibirla. Desde acá… ¡Gracias, muchachos!

@lextriana01

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