
No hay plata pa' tanta gente
En materia económica, lo primero con lo que se estrellará el próximo presidente es con la realidad de que el dinero no alcanza. Los déficits fiscal y de cuenta corriente, suficientemente altos, chocarán con su intención de implementar nuevos programas sociales o aumentar el presupuesto de los que ya están.
Como en casi cualquier otro país en desarrollo, en Colombia una parte de la inversión y del gasto depende de la emisión de deuda en mercados extranjeros y de los recursos que otras Estados, fondos, empresas o inversionistas deciden consignar en el país para obtener sus ganancias.
Estos recursos los podemos encontrar reflejados en dos cuentas diferentes: el déficit de cuenta corriente, que mide la posición comercial del país en el resto del mundo, y el déficit fiscal, que mide, en el balance primario y total del Gobierno nacional central, la cantidad de deuda que fue necesaria para cumplir con los gastos del país.
Ambos dependen de una serie de factores –como cuánto es necesario financiar en el mundo o la percepción que tiene el mundo sobre el país– que pueden determinar cuánta inversión llega a la nación o a qué tasa de interés se aprueban los créditos o se compran los bonos emitidos por el Ministerio de Hacienda. Así, los dos déficits terminan limitando el gasto público.
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