
Las mujeres estarán más expuestas a la pobreza: estos son los riesgos que definirán quiénes serán pobres en 2040
Un nuevo estudio advierte que las brechas de género podrían profundizarse en los próximos años y que la pobreza estará marcada por factores que van más allá de los ingresos. ¿Qué riesgos determinarán quiénes estarán más expuestos en 2040?
Las mujeres estarán más expuestas en la próxima década a caer en situación de pobreza que los hombres. A pesar de los avances en las últimas décadas en materia de género, las brechas entre hombres y mujeres persisten en los indicadores de pobreza, sus condiciones de calidad de vida, el mercado laboral y el acceso al sistema financiero.
Un nuevo estudio elaborado por Bancamía y la Fundación Microfinanzas BBVA, presentado este martes en Bogotá, concluyó que en los próximos años estas brechas podrían aumentar en lugar de disminuir en América Latina y en Colombia, y que factores como el clima, la edad, el vivir en zonas de conflicto o incluso la inteligencia artificial definirán qué poblaciones son más propensas a caer en la pobreza en 2040.
La trampa de la pobreza
Según datos del Banco Mundial, uno de cada tres latinoamericanos, el 32 por ciento, es “económicamente vulnerable”. Es decir, aunque no son pobres hoy, tienen una alta probabilidad de serlo en unos años.
En la región, el 24,8 por ciento de la población está en situación de pobreza, son 167 millones de personas, o uno de cada cuatro. Aunque esta es la mejor cifra desde que existen registros comparables, la otra cara de la moneda, la pobreza extrema, evidencia la fragilidad que tienen millones de ciudadanos en esta parte del mundo de caer en condición de pobreza a futuro.
En América Latina hay 65 millones de personas en condición de pobreza extrema, el 9,7 por ciento de la población, cuando una década atrás el indicador era de 7,7 por ciento.
“El problema central de América Latina ya no es sacar personas de la pobreza, es conseguir que permanezcan fuera de ella. Es una trampa de pobreza, hay engranajes que hacen que la gente caiga y salga recurrentemente en la pobreza”, dice Giovanni di Plácido, director de Research y Estrategia de la Fundación Microfinanzas BBVA.
El experto comenta que, aunque la región ha aprendido a reducir la pobreza monetaria, todavía no ha aprendido a producir hogares con ingresos estables, empleos productivos, patrimonio y capacidad de absorber un golpe o shock económico.
Eventos como la pandemia, o en un ejemplo local el reciente terremoto en el occidente colombiano, pueden profundizar esta incidencia de la pobreza extrema. “Lo que demuestra el terremoto es que, para una población muy cerca del umbral de pobreza, un shock como este hará que parte de la población entre y salga de esa condición, pero también se configura una pobreza estructural con personas que seguirán en la pobreza a lo largo del tiempo”, comenta el experto.

La pobreza del futuro
Un elemento que destaca el experto es que la pobreza es un fenómeno en el que confluyen diferentes fuerzas y que ha cambiado a lo largo del tiempo.
A inicios del siglo XX golpeaba especialmente a los peones que trabajaban en las haciendas; en la década de los 70 eran los migrantes en las barriadas de las ciudades, y desde hace un par de décadas la población sin empleo formal que vive en las periferias es la que más siente la pobreza en las grandes urbes. Pero en los próximos quince años serán otros los factores que marcarán la pobreza.
El primero de ellos son los conflictos. Di Plácido indica que 60 por ciento de los pobres extremos del mundo vivirá en estados frágiles hacia 2030. “Su pobreza no la cura el crecimiento; la cura la paz”, advierte el experto. Un ejemplo en la región puede ser Haití y, en el caso colombiano, la zona del Pacífico o también el Catatumbo.
Un segundo factor que incidirá en la pobreza en el futuro es el clima, especialmente en una región altamente vulnerable al cambio climático. Un ejemplo de estos choques en el país, por ejemplo, son las avalanchas e inundaciones, o los sucesos en Córdoba de este año, que afectan especialmente a las personas de menores ingresos.
La edad y el envejecimiento poblacional también determinarán la pobreza en quince años. La curva demográfica viene cambiando y esto representa un reto para los sistemas pensionales, laborales y de salud de los países de la región.
“Lo que a Francia le tomó 115 años, duplicar sus mayores de 65, a América Latina le tomará 25. Llegará a vieja antes que a rica, y antes que a formal”, advierte el ejecutivo.
Los otros dos factores que reconoce el estudio tienen que ver con la tecnología. El primero es la inteligencia artificial. Aunque el estudio enfatiza que esta tecnología no quita los empleos en sí, sí puede incidir sobre las dinámicas de trabajo y, por ende, en los pagos de seguridad social.
El último factor son los datos y el acceso a ellos. Para Di Plácido, “la conectividad es el agua potable del siglo XXI”, y si una persona existe pero no aparece en los registros, si no tiene una identidad digital, queda limitada en temas como el crédito o el mercado laboral formal.
El análisis encontró que el país tendrá entre 12 y 14 millones de personas en condición de pobreza, entre el 21 y el 24 por ciento de la población, pero con una composición muy distinta a la actual.
El estudio plantea que la solución a esa trampa de pobreza está en las microempresas. Tanto en Colombia como en América Latina, el grueso de las empresas son micro, pequeñas y medianas empresas. El auge del emprendimiento en América Latina es un síntoma, no la solución a un tejido empresarial que no es sólido.
Para el experto, hacer romántico al microemprendedor es una forma elegante de abandonarlo. El microemprendimiento es una especie de bote salvavidas, dice, pero la tarea es transformarlo en un barco que les permita salir adelante.

El impacto en las mujeres
Detrás de cada microempresa o pequeño negocio hay una familia. Un dato que llama la atención del estudio es que en 2040 tendremos una sociedad en la que, posiblemente, el 55 por ciento de los hogares serán de jefatura femenina, y por eso se propone un análisis con un enfoque de género. Para resolver el problema de la pobreza en general, hay que resolver el problema de la pobreza femenina.
El Informe de Inclusión Financiera de este año, que presentó hace un par de semanas la Superintendencia Financiera y Banca de la Oportunidades, señala, por ejemplo, que aunque el acceso y el uso de los depósitos presentan niveles elevados tanto en hombres como en mujeres, persisten las brechas de género. En 2025 se registraron brechas cercanas a 7 puntos porcentuales en acceso y de 5 puntos porcentuales en uso.
La presidenta de Bancamia, Viviana Araque, menciona que si el ecosistema financiero no involucra la variable de género, no tendrá cómo cerrar las brechas. “Las mujeres pagan mejor, pero solicitan menos productos. Se puede mejorar su crecimiento”, dice la banquera, quien destaca que factores como el tiempo que dedican las mujeres a sus familias, así como otras cargas de cuidado, hacen que sean más cuidadosas a la hora de solicitar créditos.
Araque menciona que la brecha existe en todo el mercado colombiano. Pues el monto promedio del microcrédito que reciben las mujeres es 17,4 por ciento en comparación con los hombres. El promedio de ellas es de 6,9 millones frente a 8,4 millones en promedio en el caso masculino.
Araque insiste en que el acceso a crédito y el fortalecimiento de las mipymes debe estar acompañado de la autonomía económica de las mujeres: “Esto no se construye con una sola solución. Esa autonomía se construye a través de diferentes mecanismos y aliados para abrir caminos de progreso”.
En resumen, la cara de la pobreza de Colombia en 2040 será más femenina, más rural y más vieja, y requerirá de soluciones tanto de política pública como de productos del sistema financiero con un enfoque de género.
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