23 Enero 2023

"El problema del régimen laboral es la informalidad y uno no ve a los informales en la mesa de discusión": Germán Arce

Crédito: Imagen: Asofiduciarias

El presidente del Consejo Gremial habló con CAMBIO sobre las reformas que se vienen y sobre el panorama de la economía para 2023. Entre otras cosas, dice que la verdadera discusión en el tema laboral debe ser cómo incorporar a los informales en la formalidad.

Germán Arce, presidente de Asofiduciarias y quien presidirá el Consejo Gremial durante 2023, habló con CAMBIO sobre las reformas estructurales que se vienen y sobre cómo será el comportamiento de la economía este año. Dice que la manera como utilice el gobierno el dinero de la reforma tributaria será clave para entender qué tan bien le irá a Colombia y que, en materia laboral, el problema real es cómo lograr la reducción de la informalidad.

CAMBIO: El Gobierno ha anunciado que este será un año de reformas. ¿Cómo las ve usted y qué impacto pueden tener en la economía?

G.A.: Hablemos de tres reformas que el Gobierno ha venido planteando y que tienen un impacto transversal en toda la ciudadanía: reforma a la salud, que toca a todos los ciudadanos; reforma laboral, que va a tener un impacto muy importante en un problema endémico que no logramos resolver que es la informalidad; y reforma pensional, que tiene todo que ver con el ahorro que hemos venido construyendo en los últimos más de 20 años. 

La tarea que tenemos todos en este momento es ser capaces de identificar qué problemas queremos resolver para los ciudadanos y encontrar las mejores fórmulas para atender esos problemas. Estas cosas no son sencillas. Estamos hablando de cómo garantizar el acceso a la salud a todos los colombianos con un sistema que sea financiable, porque las medicinas y los servicios hay que pagarlos. Ese equilibrio entre prestar un servicio y ser capaz de pagar por él entre los ciudadanos y el Estado será una cosa quirúrgica. 

Para eso, hay que acompañarse de los expertos y tener buenos números para correr los escenarios, porque esas cosas no son perfectas; pero encontrar un buen equilibrio en el sistema, que sea sostenible en el largo plazo, es un desafío que tienen tanto el Estado como la ciudadanía y los empresarios en el marco de esa discusión. 

El otro tema es la reforma laboral. Estas reformas tienden a ser unas discusiones que pareciera que son entre empleadores y sindicatos. Esa ha sido la tradición, pero el problema del régimen laboral es la informalidad y uno no ve a los informales sentados en la mesa de estas discusiones. 

Cuando se tiene entre 55 y 60 por ciento de informalidad, que es la más alta de la región, seguir discutiendo los beneficios de los que están dentro del sistema no solamente es miope sino egoísta, es no reconocer que hay que generar condiciones para que ese 55 por ciento que no está dentro del sistema formal –es decir, que no aporta a la Seguridad Social, que no ayuda a financiar el sistema y que no tiene acceso a algunos beneficios del Estado o del sector privado– es el elefante en el salón. 

El problema de la discusión laboral no es cuántos días, cuántas horas, cuántas semanas, cuánto me cuesta. El eje es que este es un país que ha venido construyendo una inequidad enorme en el acceso al trabajo formal de los ciudadanos y si ese no es el centro de la discusión, se va a volver algo como el salario mínimo, que no resuelve el problema que tiene la gente de no tener acceso a un trabajo digno con una remuneración justa, que le permita acceder a los beneficios en seguridad social y construir una protección para la vejez. 

Entre todos deberíamos ser capaces de definir cuáles son esos estímulos que vamos a generar en un sistema que ha probado ser inflexible y que, por eso, ha contribuido al nivel de informalidad que tenemos. Para poder resolver problemas en el mediano y en el largo plazo hay unos grupos de interés mejor posicionados en la discusión, pero yo creo que en la lógica del diálogo que el Gobierno ha planteado hay que invitar a la mesa a los formales y a los informales. Hay que tener un diálogo amplio para poder identificar exactamente cuál es el problema que queremos resolver. 

CAMBIO: ¿Cuál cree que será el elemento clave para todas estas discusiones?

G.A.: No olvidarnos cuál es el problema que queremos resolver y tener un diálogo abierto, que incluya a los que están fuera del sistema, que la discusión realmente atienda el problema de fondo. Tenemos la responsabilidad de resolver problemas estructurales, pero no dejarle un país peor a la siguiente generación. 

También se requiere disposición de todos los actores. Para plantear soluciones, hay que aceptar que hay problemas. No se puede partir del principio de que todo es perfecto y no hay nada que cambiar. 

CAMBIO: ¿Cuál es la perspectiva de los empresarios para este año?

G. A.: La proyección es un crecimiento económico entre el uno y el dos por ciento, que es bajo en comparación con un año de tan alto crecimiento como lo fue 2022. Sin embargo, el nivel de actividad económica se va a mantener. No estamos esperando un año de crecimiento negativo, aunque hay factores globales que nos podrían afectar, como la inflación, que se da por dos vías: oferta y demanda. 

La inflación vía oferta se da por las disrupciones en las cadenas logísticas, problemas de abastecimiento de energía y alimentos y los costos de las materias primas.  En cuanto a la inflación por la demanda, el consumo venía sobreestimulado después de la pandemia, por cuenta de los subsidios, los estímulos y todas las ayudas que se dieron y que en muchos países, incluido Colombia, fueron muy generosos. 

Ese estímulo de demanda, que resultó un factor clave en el crecimiento de 2022 y en la recuperación de 2021, se contrajo a nivel global y se empezó a sentir el efecto de la subida de tasas de interés de los bancos centrales, que tiene esa capacidad de ponerle un freno a la demanda para tratar de contener los aumentos de precios.

Claramente no mantener un ritmo de actividad económica que permita crecer e ir cerrando brechas es un problema en el mediano plazo, pero no es el problema más grande para este año. El de la inflación sí es un problema porque se va directamente al bolsillo de los ciudadanos y tiene mucho que ver con cómo las expectativas de los ciudadanos terminan afectando su misma percepción de la evolución del país y de la economía. Es decir, ese efecto secundario, derivado de una pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos, no solamente tiene una dimensión económica, social y política que es importante tener en el tablero para entender lo que va pasando.

CAMBIO: ¿Cómo ve el panorama fiscal?

G.A.:  El Gobierno acaba de aprobar una reforma tributaria que le va a traer más o menos 20 billones de pesos adicionales y veníamos de empezar a recaudar la última reforma del gobierno Duque. Es decir, se empiezan a sumar última reforma Duque con la primera del gobierno Petro y esos van a ser ingresos adicionales en un momento en el que venimos cargando déficits gemelos (fiscal y de cuenta corriente) amplios. La manera como el gobierno se gaste esos recursos adicionales va a dar una señal importante.

No hemos visto nada del proyecto de adición presupuestal todavía, pero en un escenario hipotético, si esos recursos tienen la capacidad de estimular el crecimiento y la actividad económica, es decir, si se van a inversión y empiezan a estimular sectores que tienen la capacidad de acelerar el ritmo de actividad económica, como infraestructura, que genera empleo y consumo, y que mejora la conectividad; o en el sector vivienda, que tiene la capacidad de generar empleo para mano de obra no calificada y mover a muchos otros sectores de la economía, estos recursos van a ser una inyección al crecimiento y podríamos esperar una actividad económica un poco más robusta, más recaudo de impuestos y más empleo. Eso sería buena señal. 

Pero si lo que viéramos es un incremento en el gasto corriente, ahí hay una alerta. La ley de adición presupuestal nos va a mandar una señal del compromiso que, hasta ahora, el ministro Ocampo ha mostrado de mantenerse dentro de la senda de ajuste fiscal. 

CAMBIO: En las próximas semanas también debe presentarse el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026.

G.A.: El plan plurianual de inversiones es una señal importante a una escala más grande. Si los programas de inversión que se incluyen en el plan de desarrollo –que es la carta de navegación de la administración Petro por los próximos tres años y medio que le quedan de mandato– son unos estímulos que permitan a la economía mantener su nivel de actividad, cerrar brechas, generar empleo y mejorar la equidad regional, entonces hay buenas señales. Pero hay que ver qué viene en el proyecto y eso depende de si la plata se va a ir a subsidios o a inversión y si esa inversión es en sectores que son capaces de mantener el nivel de actividad económica.

Por ejemplo, desde la campaña el presidente dice que se debe impulsar el sector turismo, que tiene un potencial importante y baja emisión de contaminantes. Esperamos verlo reflejado en ese plan plurianual de inversiones para poder deducir que sí estamos haciendo apuestas para diversificar nuestra base económica, nuestra capacidad de generar oferta de servicios, de generar divisas que ayuden a financiar unos déficits gemelos que arrastramos por muchísimos años.