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Medio ambiente

El doble drama de la vía Calamar-Miraflores

Si se construye esta vía que tanto piden los habitantes de Miraflores, para dejar su aislamiento, habría daños irreparables en la Amazonía colombiana.

Hasta los años ochenta del siglo pasado, Miraflores, municipio del sur de Guaviare, ubicado en la orilla oriental del río Vaupés, era un corregimiento prácticamente aislado del resto del país. La única forma de llegar allí era en avión o en lancha desde Calamar por el río Unilla que aguas más abajo, en la actual inspección de Barranquillita, se une con el río Itilla para formar el río Vaupés. Y las pocas vías que había eran trochas que comunicaban el pequeño caserío con las veredas y pequeñas fincas y que solo se podían transitar a pie o en mula.

El aislamiento no importaba, ya que, al ser un poblado que vivía de las diversas bonanzas, el dinero abundaba y los sobrecostos que conllevaba traer los productos por avión o lancha no era problema. Por ejemplo, algunos de sus habitantes, recuerdan que, durante el auge de la economía de cocalera en los años 90, las personas más ricas se daban el lujo de traer camionetas así fuera para pasearlas por las pocas calles del pueblo.

Por esa época, las Farc consolidaron su poder en la región y comenzaron a dirigir la construcción de vías. Cada vez que los guerrilleros lo indicaban, los habitantes de la región salían a echar machete y sierra para volver los caminos de herradura trochas por donde podía pasar un carro o una moto. Así, poco a poco se abrió la vía que comunica Miraflores con Barranquillita. Después hacia la década de 2000, la guerrilla coordinó la apertura de la trocha hacia Calamar.

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