
“La apropiación masiva de tierras es la gran sombrilla de la deforestación en Colombia”: Rodrigo Botero
El director de la Fundación Conservación y Desarrollo Sostenible explica por qué el acaparamiento de baldíos es el motor más importante de la deforestación, por encima de la coca y la explotación maderera.
Acaparar tierras es un fenómeno de vieja data en el país y ha sido uno de los motores del conflicto armado. La expansión de la frontera agraria y la creación de extensas unidades agrícolas ha ido de la mano de masacres y desplazamiento forzados de campesinos. Según los distintos investigadores de conflicto, el acaparamiento de tierras se agravó con la expansión del paramilitarismo de las décadas de 1990 y 2000 y dejó como saldo a un país con una profunda concentración de tierras que, de acuerdo con el economista alcanza el 0,88 del coeficiente GINI, el más alto de Suramérica.
Acumular tierras ha sido la estrategia de propietarios nacionales e inversionistas extranjeros para promover la agroindustria y la ganadería extensiva. En principio, comprar tierras para crear grandes extensiones no es ilegal, el problema es que acá una parte de las personas dedicadas a este negocio lo hizo con métodos criminales. Se adueñaron de baldíos de la nación o expulsaron a la fuerza a campesinos de sus parcelas y luego, con la ayuda de funcionarios corruptos, legalizaron los títulos de propiedad. Sobre la historia de ese despojo se ha escrito bastante y es uno de los ejes del informe de la Comisión de la Verdad.
El acaparamiento de tierras, lejos de acabar, continua, se ha extendido por la altillanura colombiana y ha llegado a la Amazonía y se ha convertido en el principal motor de la deforestación. Esta actividad es, a todas luces ilegal, porque se apropia de las tierras de zonas de reserva forestal, parques naturales y resguardos indígenas, es una sombrilla que cobija los demás motores de deforestación. Se quema y tala bosque para abrir vías, sembrar pastos, introducir ganadería extensiva o cultivos ilícitos, crear grandes haciendas… En últimas, se quema y tala para privatizar los baldíos y ampliar la frontera agrícola.
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