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Medio ambiente

“Las vías del Guaviare se parecen a un esqueleto de pescado”

La carretera San José de Guaviare-El Retorno-Calamar ejemplifica cómo una vía que se comenzó a construir hace más de 60 años ha sido y sigue siendo el eje de la colonización de la Amazonía en el Guaviare y un motor de deforestación de millones de hectáreas.

Un citadino, que un fin de semana recorre las carreteras del país hacia algún balneario o finca de descanso, poca idea tiene de la relación entre vías y deforestación, quizás pensará que una no tiene nada que ver con la otra. Sin embargo, en Colombia, la construcción de carreteras ha ido de la mano de la deforestación y de un largo proceso de transformación del paisaje, impulsado por la colonización.

Décadas o siglos atrás, los bastos campos de cultivos o de ganado y los kilómetros y kilómetros de cercas que ahora un viajero ve cuando recorre una carretera, estaban ocupados por bosques y animales y poblados por culturas indígenas. Podría decirse que la relación entre deforestación y apertura de vías es histórica.

Quizás porque ha nacido en lugares y una época donde las carreteras y los campos hacen parte del paisaje desde hace muchas décadas, una parte de los colombianos no dimensiona esta relación, pero continúa y se puede observar en otros territorios del país. Entre ellos se encuentra el piedemonte amazónico. Allí la colonización que se ha acelerado desde hace 70 años ha dejado patente que la llegada de campesinos y colonos, la fundación de municipios y caseríos, la expansión de la frontera agrícola y, por supuesto, la deforestación tienen su correlato en la apertura de vías.

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