
Esa platica se perdió: los millones que el glifosato se llevó
Avión de la Policía Nacional en labores de aspersión.
Para implementar la aspersión aérea, el gobierno Duque ensilló las bestias antes de traerlas: durante tres años y medio gastó 3.000 millones en comprar aeronaves, entrenó pilotos, acondicionó una base en San José del Guaviare y montó un equipo en Tolemaida, sin esperar el visto bueno de la Corte Constitucional, que nunca llegó. Y se sabía que probablemente no llegaría.
Por Javier Patiño
El día de su posesión, el presidente Iván Duque se comprometió a disminuir las cerca de 200.000 hectáreas de coca que recibió de su antecesor, Juan Manuel Santos.
Pasadas las primeras semanas, su despacho ordenó reanudar la aspersión aérea con glifosato, suspendida desde 2015. Para hacerlo, debía solucionar escollos jurídicos y ambientales pues, como está demostrado, el glifosato afecta la salud de los habitantes de las zonas fumigadas. (No obstante, en Colombia está permitida la aspersión para el sector agrícola, está establecido que las aeronaves pueden volar a una altura máxima de diez metros, y que la concentración del herbicida no puede exceder los tres litros por hectárea).
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