
Los millonarios de las lágrimas: la familia que se lucra con los gases lacrimógenos
La familia Fajardo Castillo ha sido cuestionada en múltiples ocasiones por sus manejos en la contratación de sus empresas con el Estado.
Con al menos 30 investigaciones que incluyen procesos por falsedad en documentos, obtención de documento público falso y falsa denuncia, Víctor Hugo Fajardo es el patriarca de un clan familiar que ha logrado acaparar decenas de contratos con el Estado y las Fuerzas Armadas alrededor de las armas antimotines y otros productos utilizados por la Policía, el Ejército y la Fuerza Aérea. ¿Quién es y cómo opera?
Por: María Fitzgerald
Los manifestantes de Popayán, Cali, Medellín y Bogotá, que participaron en las marchas que este 28 de abril cumplen su primer aniversario, se aterrorizaron ante el espectáculo que estaban presenciando: una lluvia de proyectiles que salía de un dispositivo automático ubicado en el techo de las tanquetas del Esmad, capaz de disparar hasta 30 cartuchos en serie.
El lanzador, llamado Venom, es la más reciente tecnología a la que ha accedido la Policía para desintegrar manifestaciones. Su poder, que se supone no letal, consiste en combinar instantáneamente el lanzamiento de todo tipo de proyectiles, entre gases lacrimógenos que ahogan y queman por dentro a quien los inhala, aturdidoras que hacen retumbar los oídos y detonadores de luz que enceguecen y desorientan.
Mientras los miembros del Esmad se enfrentaban a la multitud dotados del último adelanto de la sofisticación antimotines, y los marchantes entraban en pánico, un tercero en discordia disfrutaba de los dividendos que el nuevo armamento adquirido por la Policía le habían devengado. Era Víctor Hugo Fajardo Castillo, cabeza de la firma Imdicol S.A.S., responsable de la venta de los lanzadores Venom a la Policía.
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