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País

Mauricio Gómez, descanso obligatorio

Recuerdos de Alberto Casas, amigo del periodista que falleció este viernes, 13 de mayo, en Bogotá.

Viajábamos a Cali en un avión de Avianca a 30.000 pies de altura, Mauricio Gómez y yo para concurrir a un partido de fútbol de Millonarios contra el Deportivo Cali y hablábamos de periodismo; él me explicaba la importancia de su trabajo como reportero gráfico en el periódico El Nuevo Siglo, cerca o detrás de la portería en la que se esperaba más probabilidad de un gol y la emoción derivada de acertar con el movimiento del jugador para producir la mejor fotografía con el balón, el atacante y el portero en la misma imagen y manipular el negativo en el laboratorio para hacerla más atractiva. De inmediato le dije: -usted lo que necesita es hacer televisión; tenía ojo de fotógrafo “con el poder congénito de corregir el mundo según el modo en que lo miren”.

¿Y eso cómo sería?, me preguntó. Facilísimo, le respondí, el Noticiero 24 horas, que yo había fundado, es suyo. Quedó pensativo y después de muchas vueltas en su cabeza, aceptó. Mauricio se había graduado de abogado pero no se interesaba mucho en la ciencia jurídica aunque era claro que el derecho como formación cumple su propósito a tutiplén.

Se interesó en las artes gráficas porque su familia tenía una empresa editorial y jugaba fútbol con los numerosos empleados de Italgraf, así se llamaba la sociedad de los Gómez Hurtado. Un día lo encontré con los guayos puestos de regreso de una contienda futbolística muy cansado y le pregunté de dónde venía. Me contestó que de La Picota de un partido con los presos y agregó: es jodido maestro, porque como siempre juegan de locales…

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