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Elder José Arteaga Hernández, alias El Costeño o Chipi. Créditos: Policía Nacional

Asi fue como alias el Costeño reclutó a menor para cometer el magnicidio de Miguel Uribe Turbay

El ente acusador también presentó ante un juez el escrito de acusación contra Elder José Arteaga, alias El Costeño, y William González, alias El Hermano, por su presunta participación en el asesinato del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay.

Por: Juan David Cano

El magnicidio contra el senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay no fue un acto impulsivo, sino resultado de una operación planificada con precisión. Así lo reveló la Fiscalía General de la Nación en un escrito de acusación en el que llamó formalmente a juicio a Elder José Arteaga, alias Chipi o El Costeño, y a William Fernando González, alias El Hermano.

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Alias el Costeño. Créditos: Policía Nacional

El menor reclutado que no cometió el asesinato

‘El Costeño’ fue la mente logística del atentado: durante semanas trazó cada paso, desde el suministro del arma hasta la participación de un menor de edad de entre 14 y 15 años, escogido deliberadamente para reducir los riesgos legales en caso de captura.

Sin embargo, el plan sufrió un contratiempo de última hora. El menor que originalmente debía ejecutar el crimen desapareció el día anterior al atentado, pero cancelar la operación no era una opción. Había dinero comprometido y una orden directa de cumplir el encargo.

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Elder José Arteaga Hernández, alias el Costeño o Chipi.

Ante el percance para cumplir con el plan criminal, ‘El Costeño’ decidió buscar un reemplazo. Contactó a Jhorman David Mora, un reclutador experimentado dentro de su red, quien se encargó de localizar en pocas horas a un adolescente de 15 años, identificado con las iniciales JSRC. Le ofrecieron dinero y la promesa de un “trabajo rápido”. No le dieron detalles, solo instrucciones: debía vestirse de forma discreta, presentarse a la mañana siguiente y seguir las órdenes al pie de la letra.

Así se coordinó el crimen contra Miguel Uribe

La mañana del crimen se movió como una coreografía calculada. El nuevo recluta fue recogido por un vehículo solicitado desde una aplicación digital, un detalle que revelaba el intento de los cabecillas por mantener apariencia de normalidad. El viaje fue pagado con la cuenta de una mujer identificada como ‘Gabriela’, un nombre que, según los investigadores, solo funcionó como pantalla para ocultar a quien realmente financiaba la operación.

Mientras tanto, alias El Costeño ultimaba los detalles en una videollamada junto al reclutador y otros miembros de la red. Allí no solo se definieron los movimientos del joven y la ubicación del objetivo, sino también los ajustes técnicos del arma que usaría. Cada paso estaba previsto: el modo de acercarse, el punto desde donde debía disparar y cómo desaparecer entre la multitud.

La orden final llegó horas después a través de un chat grupal conocido entre los implicados como ‘Plata o plomo’. En ese espacio virtual, los jefes repartieron las tareas: una mujer debía entregar el arma, otro vigilar el entorno y el adolescente ejecutar el disparo a cambio de una suma de dinero que nunca alcanzó a recibir. A las 5:20 de la tarde del 6 de junio, cuando Miguel Uribe hablaba ante una multitud, el menor se mezcló entre los asistentes, esperó el momento exacto y apretó el gatillo.

Hoy se sabe que tanto el menor como otras ocho personas han sido capturadas por las autoridades. Alias El Costeño y El Hermano, quienes hoy soy llevados a juicio formal por la Fiscalía, permanecen recluidos en cárceles de máxima seguridad. Ambos enfrentan cargos por homicidio agravado, concierto para delinquir, porte ilegal de armas, uso de menores para delinquir y destrucción de pruebas.

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