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Así convirtieron un jardín en una unidad neonatal para salvar a los recién nacidos del Hospital Universitario del Valle
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Así convirtieron un jardín en una unidad neonatal para salvar a los recién nacidos del Hospital Universitario del Valle

El terremoto obligó al Hospital Universitario del Valle a evacuar áreas críticas, improvisar una unidad neonatal en el exterior y trasladar decenas de pacientes a otras instituciones. CAMBIO reconstruyó cómo el personal médico enfrentó una de las emergencias más difíciles en la historia reciente del centro asistencial.

Por: Sylvia Charry

Una de las imágenes más estremecedoras que dejó el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país fue la de una unidad neonatal improvisada al aire libre, instalada en la zona exterior del servicio de urgencias del Hospital Universitario del Valle, en Cali. Sobre camillas, incubadoras trasladadas a toda prisa y equipos médicos conectados como fue posible, varias enfermeras protegían a recién nacidos que, apenas unas horas después de llegar al mundo, tuvieron que enfrentar su primera emergencia.

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La UCI de neonatos improvisada por el terremoto

Mientras las réplicas mantenían en alerta a la ciudad, el personal médico del principal hospital público del suroccidente colombiano hizo lo que durante años se prepara para hacer, aunque pocos imaginan que algún día ocurrirá: sacar paciente por paciente de un edificio que comenzaba a evidenciar daños estructurales y continuar la atención en el exterior, sin abandonar un solo tratamiento, una sola monitorización o una sola vida. La escena, que rápidamente recorrió el país, resumió en pocos segundos el desafío que enfrentó el establecimiento.

Horas después, el Hospital Universitario del Valle confirmó la magnitud de la emergencia. En un comunicado oficial informó que el sismo dejó afectaciones en aproximadamente el 30 por ciento de su infraestructura y que cerca del 70 por ciento restante presentó agrietamientos que obligaron a activar los protocolos de gestión del riesgo y a evacuar de inmediato las áreas comprometidas para proteger a pacientes y trabajadores.

Como parte del plan de contingencia, la institución habilitó una zona de expansión en los jardines del hospital para continuar atendiendo a los pacientes evacuados. Allí permanecieron, de manera temporal, decenas de personas mientras se reorganizaba la operación. Según el reporte oficial, 30 pacientes continuaban en la Unidad de Cuidados Intensivos, otros 90 fueron trasladados al CDU de la Universidad del Valle y el hospital suspendió temporalmente la recepción de nuevos pacientes con trauma o que requirieran hospitalización, mientras se evaluaban las condiciones estructurales del edificio.

Pero detrás del comunicado había una historia que no aparecía en ninguna línea del documento.

Fuentes del Hospital Universitario del Valle le contaron a CAMBIO que la evacuación no se limitó a la unidad neonatal. El protocolo se activó de manera simultánea en los diferentes servicios asistenciales. Médicos, enfermeras, auxiliares, terapeutas y personal de apoyo comenzaron a sacar a los pacientes de las distintas unidades mientras verificaban que ninguno quedara atrapado dentro de las áreas comprometidas. Afuera, en los jardines, corredores y zonas abiertas del complejo hospitalario, reorganizaron la atención clínica. Las mismas fuentes también advirtieron que las manos solidarias de los caleños fueron tantas que ya no se están recibiendo donaciones en el hospital. 

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Aunque en muchas cuentas de redes sociales invitaban a donar leche materna para ese establecimiento, tampoco se estaría recibiendo. 

Uno de los momentos más delicados ocurrió precisamente en neonatos. Tras evaluar las condiciones de la infraestructura y advertir que el edificio no ofrecía las garantías suficientes para continuar allí la atención especializada de los recién nacidos, los equipos médicos tomaron una decisión que implicó coordinar ambulancias, disponibilidad de camas y personal especializado en cuestión de minutos: trasladar a los bebés a otras instituciones de alta complejidad de Cali, entre ellas la Fundación Valle del Lili y el Centro Médico Imbanaco, donde continuarían recibiendo atención especializada.

Fuentes consultadas por CAMBIO coinciden en que ese procedimiento fue determinante para evitar poner en riesgo a una población extremadamente vulnerable. Cada traslado exigió mantener soporte ventilatorio, monitoreo permanente y condiciones clínicas estables durante el recorrido, una operación que normalmente requiere una cuidadosa planeación, pero que en esta ocasión tuvo que ejecutarse bajo la presión de una emergencia sísmica.

Mientras el país observaba la fotografía de unas enfermeras atendiendo bebés en plena intemperie, al interior del hospital se desarrollaba una operación silenciosa que permitió evacuar a decenas de pacientes sin que se reportaran pérdidas de vidas humanas asociadas a la emergencia. La imagen que conmovió a Colombia terminó siendo también el retrato de un personal sanitario que, en medio del miedo y de un edificio comprometido por el sismo, decidió seguir haciendo lo único que sabía hacer: cuidar a sus pacientes, incluso cuando el hospital dejó, por unas horas, de parecer un hospital.

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