
¿Autogol o buen negocio? La disputa que enreda el megaproyecto del nuevo Campín
Bogotá y un consorcio privado firmaron el contrato para la construcción de un nuevo El Campín. Sin embargo, ya hay una disputa porque los herederos del multimillonario Nemesio Camacho, cuyos descendientes regalaron a la ciudad los terrenos donde está el estadio, consideran que el proyecto viola la voluntad de los antiguos propietarios. A eso se le suman las denuncias por un posible desequilibrio contractual, ya que el distrito solo recibirá el 1 por ciento de las ganancias de ese millonario negocio. Esta es la historia.
Todos los bogotanos saben que el estadio El Campín está deteriorado, es viejo y hace rato se quedó pequeño para una ciudad que hoy supera los 10 millones de habitantes. Cuando fue construido, en Bogotá vivían apenas 800.000 personas, y el terreno, que fue donado por herederos del ultra millonario ex ministro, ex senador y empresario Nemesio Camacho, era un potrero en medio de la nada.
Desde hace años, los alcaldes de Bogotá han hablado de la necesidad de remodelar El Campín, pero solo hasta el final de la administración de Claudia López logró concretarse el proyecto. Hoy, sin embargo, la ilusión de un nuevo estadio podría enredarse por un reclamo de los familiares de Nemesio Camacho y por las demandas que alertan sobre un supuesto desequilibrio contractual.
La historia del estadio se remonta a 1936, cuando Leonilde Matiz de Camacho y Luis Camacho Matiz, esposa e hijo del cundinamarqués Nemesio Camacho, donaron a la capital los terrenos donde se construiría la unidad deportiva El Campín: 174.000 metros cuadrados. Dos años después, el estadio se inauguró con el partido entre Colombia y Ecuador. Desde entonces, cada fin de semana, varias generaciones de hinchas se han enamorado del fútbol agitando banderas rojas o azules en las gradas del que los cachacos conocen como ‘El coloso de la 57’.
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