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Gustavo Petro, presidente de la República; Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico. Fotoilustración: Yamith Mariño - CAMBIO
Poder

Petro multiplica sus choques institucionales: ¿pasarán factura a la campaña de Cepeda?

El programa 'El poder de la verdad' incluye 143 menciones al presidente Gustavo Petro, la mayoría reconociendo medidas adoptadas durante su Gobierno y prometiendo la profundización de sus propuestas

El presidente escala tensiones de forma simultánea con las juntas de Ecopetrol y del Banco de la República, la Fiscalía, la Registraduría, la Corte Constitucional y la cúpula militar, entre otras instituciones. ¿Cómo inciden estos pulsos en la candidatura del Pacto Histórico?

Por: Armando Neira

¿Cómo pueden dos políticos tan distintos tener tanto afecto mutuo y entenderse tan bien? En su juventud, Gustavo Petro estaba convencido de la necesidad urgente de transformar el país y, sin dudarlo, se unió a la azarosa lucha armada. Para esa misma época, Iván Cepeda creía que el cambio pasaba por la rigurosa preparación intelectual y el trabajo político metódico para confrontar a las élites.

Esa diferencia de estilos se mantiene. Durante la campaña de 2022, cuando se descubrió un plan para asesinarlo y fue obligado a usar chaleco antibalas y escudos de protección, Petro contaba que, más allá del temor natural por su vida, le incomodaban las limitaciones físicas, que afectaban su gestualidad al dar sus discursos tan improvisados como inspiradores.

En contraste, en esta campaña de 2026, Cepeda optó por la disciplina de la palabra escrita, leída con paciencia. Fue en los inicios cuando le dijo a su equipo que en cada plaza pública presentaría intervenciones preparadas previamente, con el objetivo de no dejar ideas por fuera y poder publicar esos textos, donde quedará consignado su programa de gobierno.

—¿Y quién le ayuda a escribirlos? —le preguntó el representante de la Unión Patriótica por Bogotá, Gabriel Becerra, miembro del núcleo de la campaña.

—Yo mismo —respondió Cepeda, fiel a una práctica que mantiene desde sus años de estudiante: dedicar cada noche a la lectura y organización de sus ideas.

Del emocional Petro (Ciénaga de Oro, Córdoba, 1960) y el racional Cepeda (Bogotá, 1962), dos figuras distintas pero complementarias, depende la continuidad del primer proyecto progresista en la historia de Colombia. La suerte de uno está atada al destino del otro.

¿Un plebiscito el 31 de mayo?

Algunos analistas sostienen que las próximas elecciones podrían convertirse, en la práctica, en un plebiscito sobre el gobierno. Decirle sí a uno es decirle sí al otro; al igual que decir no.

Bajo esa lógica, es razonable pensar que las decisiones del presidente que se muestran como favorables a la población pueden influir positivamente en la intención de voto de Cepeda —lidera todas las encuestas en primera y segunda vuelta—, como ocurrió con el aumento del salario mínimo en un 23 por ciento. ¿Y al revés? ¿También le pasarán factura a su campaña los múltiples choques institucionales protagonizados por Petro?

Sala Plena Corte Constitucional 2025
Sala Plena de la Corte Constitucional.

No se trata de políticas públicas —como la Paz Total o las relaciones exteriores con los vecinos— que, por distintas razones, no salieron como se esperaba en la Casa de Nariño, sino de enfrentamientos que Petro pudo haber evitado.

En efecto, en los últimos días, por distintas razones, el presidente ha escalado tensiones de forma simultánea con las juntas de Ecopetrol —“se asustó con la oposición uribista y le entregó a (Ricardo) Roa en bandeja”, dijo—; el Banco de la República —“su decisión con las tasas de interés es aberrante”, aseguró—; la Corte Constitucional —“la sentencia que tumba la emergencia económica es contra las víctimas”, acusó—; y la cúpula militar —usan “chatarra corrupta para la guerra”, contradijo tanto a su ministro de Defensa como a su comandante de la Fuerza Aérea, ambos con miles de horas de experiencia de vuelo—, entre otras instituciones.

Esta estrategia no es nueva. La escalada retórica del presidente para marcar distancia con el establecimiento se ha mantenido desde la primera crisis de gabinete cuando, desesperado porque sus reformas no avanzaban al ritmo que él quería, sacó a las respetadas figuras de centro: José Antonio Ocampo, Cecilia López, Alejandro Gaviria y Jorge Iván González. Y trazó una línea al anunciar que gobernaría con “el pueblo”.

La diferencia es que ahora ocurre en pleno ambiente electoral, donde cada acción se examina con lupa y se discute tanto en conversaciones cotidianas como en redes sociales y espacios de opinión. Sus ataques verbales a la Registraduría y a la Fiscalía han sido los temas que más marcaron la agenda informativa tras la pausa de Semana Santa.

Y en ambos casos hubo fuertes reacciones. El Tribunal Administrativo de Cundinamarca ordenó este viernes a Petro que rectifique, en un plazo máximo de tres días, las declaraciones que hizo en redes sociales sobre un supuesto fraude electoral en los comicios de 2014, 2022 y 2026. Por su parte, la fiscal Luz Adriana Camargo dijo que los señalamientos en su contra eran, sencillamente, “delirantes”.

Sorprendente saldo a favor

A primera vista, esta acumulación de conflictos podría sugerir un escenario inquietante. Sin embargo, hay otras lecturas. Una reciente medición del Centro Nacional de Consultoría para CAMBIO muestra que el presidente mantiene una imagen positiva del 50,9 por ciento y una negativa del 43,9 por ciento. La aprobación de su gestión sigue la misma lógica: 50,4 por ciento aprueba y 44,2 por ciento desaprueba.

Son cifras altas para un mandatario que se encuentra en la etapa final de su gobierno. De hecho, solo ha habido un caso excepcional —el de Álvaro Uribe Vélez—, porque lo usual es ver a los gobiernos en niveles de impopularidad cuando el sol cae sobre sus espaldas.

¿En dónde está el secreto para este éxito? Algunos analistas consideran que este Gobierno ha logrado construir una conexión auténtica con amplios sectores de la sociedad tradicionalmente olvidados. Según esta lectura, existe una vocación genuina del mandatario por comprender las demandas sociales, lo que se traduce en réditos políticos.

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Tres de los miembros de la junta del Banco, junto al ministro, fueron designados por el presidente Petro. *Crédito imagen: Banco de la República.*

El parlamentario Becerra destaca que una de las principales virtudes de Petro es haberse sintonizado con una ciudadanía diversa en términos sociales, económicos y culturales, y haberle dado un protagonismo real. Para él, el ejemplo es sencillo: antes los gobiernos llegaban y empezaban a ejecutar mientras la gente asumía una posición de espectadores, a la espera de qué iba a pasar. Ahora, dice, el presidente les dio protagonismo para que sintieran que son ellos mismos los ejecutores de las acciones de gobierno.

Él señala que tanto en la campaña de Cepeda como en Palacio ven que hay un evidente sesgo, especialmente en los medios de comunicación, para reconocer esos logros.

Este concepto social lo analizó el Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, quien sostenía que, al estar abiertos a cambiar nuestras opiniones y perspectivas al conocer de verdad a otro, se transforman nuestra mentalidad y nuestras relaciones. “Ese es el gran logro de la izquierda en Colombia”, dice Carlos Lomoine, del Centro Nacional de Consultoría. “Yo creo que ha habido un interés por conocer al pueblo colombiano y eso le ha dado réditos: tienen un conocimiento más profundo y diferente del país, y eso se valora”.

La hora decisiva

Pero, al final, frente a las urnas, ¿al elector no lo martillará esa constante confrontación de Petro y pensará que ya es momento de pasar la página?

La analista Juliana Ocampo, abogada de la Universidad de los Andes, propone diferenciar los efectos según el tipo de electorado. Hacia adentro del bloque petrista, la incidencia es clara e inmediata. “Cada vez que el presidente abre uno de estos frentes —con el Banco de la República, la Fiscalía, los generales, la Corte—, lo que hace es reactivar el código más natural de ese electorado: el de un proyecto que se siente cercado por el establecimiento”, dice.

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Luz Adriana Camargo Garzón, Fiscal General de la Nación. Foto: Colprensa.

Según su concepto, para una base muy politizada, ideológicamente cohesionada y emocionalmente conectada con la idea de resistencia y disputa, eso funciona. “Les reafirma una lectura del poder que ya traen incorporada, les sube la intensidad y les recuerda por qué están ahí. En esa dimensión, sí hay incidencia, y bastante”.

Pero, ¿en qué medida estos frentes le ayudan a Cepeda a salir del límite electoral en el que hoy parece estar? Y ahí la respuesta es mucho menos clara.

Porque una cosa es cohesionar a los propios y otra muy distinta es ampliar. El desafío de Cepeda no es solo mantener el voto convencido —ese ya lo tiene—, sino construir una mayoría que necesariamente pasa por electores indecisos, menos militantes y no ideologizados. “Y ese votante no se mueve por confrontación, sino por percepciones de estabilidad, tono, gobernabilidad y capacidad de tender puentes. Ese parece ser, al final, el votante que va a definir esta elección”, dice ella.

Aquí aparece, además, un reto específico para Cepeda: necesita distinguirse de Petro sin alienar a su propia base. “Eso lo pone en una posición incómoda frente a esta lógica de confrontación permanente. Si la abraza completamente, se funde con el presidente y pierde capacidad de seducir al centro. Si toma distancia, arriesga fisuras con el electorado más militante. Es un equilibrio muy difícil de sostener en campaña”.

Para ampliar de verdad, Cepeda necesitaría combinar tres cosas: un giro de tono que transmita serenidad sin renunciar al cambio, señales creíbles de autonomía frente al presidente —no ruptura, sino distancia funcional—, y un discurso que le hable al votante que quiere transformación pero teme la inestabilidad. “Ese es el triángulo que ningún candidato del progresismo ha logrado cuadrar del todo en Colombia”, dice la experta.

Por eso, más que abrirle camino, estos choques le están reforzando una fortaleza que ya tenía, pero sin resolver su debilidad principal. Le consolidan la base, pero no le construyen el crecimiento que necesita.

Premio a la lealtad

Becerra, por el contrario, cree que el momento que atraviesa la campaña es muy bueno y que las encuestas están reflejando la lealtad de Cepeda con Petro. “Petro es Petro e Iván es Iván”, dice. “Pero juntos los une el bienestar real de los sectores menos favorecidos y la profundización de una democracia real”.

Para Becerra, el elector premia esa lealtad y rechaza de manera tajante a los nuevos e inesperados contradictores de Petro que hasta hace muy poco estuvieron junto a él. Eso explica el derrumbe en la intención de voto de Roy Barreras o Mauricio Lizcano, quienes salieron a despotricar del gobierno. “Cepeda —dice Becerra— reconoce que, si bien en este gobierno se han señalado vacíos técnicos en ciertas decisiones y cuestionamientos sobre su alcance, la empatía que lograron con sectores a los que nunca se les había reconocido su papel es un logro de mayor trascendencia que quedarse en la crítica constante, que nada ayuda”.

Registrador Hernán Penagos. Créditos: Colprensa
Registrador Hernán Penagos. Créditos: Colprensa

Eso, para él, es un logro extraordinario que en política se traduce en la favorabilidad de Petro y en la intención de voto de Cepeda. El candidato del Pacto Histórico es tan consecuente con el ideario del progresismo, agrega Becerra, que el ejemplo más claro y reciente es la elección de Aida Quilcué como su fórmula para la vicepresidencia. En otros sectores se calcula cuántos votos aporta; aquí hubo entusiasmo porque es una mujer indígena. Viene de abajo, se ha hecho a pulso y nunca ha desfallecido en su propósito de eliminar los sectores marginados y lograr la igualdad. Eso es coherencia, dice.

Desde el análisis en comunicación política, el experto en este campo Víctor Solano advierte que los enfrentamientos del presidente pueden interpretarse como un desafío a la institucionalidad y que, si esa narrativa se intensifica sin matices, podría terminar generando resistencia en sectores de la sociedad que valoran el equilibrio de poderes. Y eso es clave en una elección tan cerrada, donde ninguno tiene todavía nada ganado.

Otros analistas son más críticos con la figura de Cepeda y consideran que su perfil, más cercano al activismo —en especial al de la defensa de los derechos humanos— que a la política electoral tradicional, representa una dificultad en la campaña. En esa línea, interpretan que Petro es consciente de ello y por eso cada día sale a imponer su voz, con una estrategia orientada a dominar la agenda pública y sostener la cohesión de su base, que hoy se estima entre el 30 por ciento y el 40 por ciento del electorado.

En ese contexto, los choques institucionales cumplen una doble función: consolidan el apoyo existente, pero no necesariamente amplían el espectro electoral. Por eso, auguran que Petro no va a cambiar y como esperan algunos que se serene en estos días. Al contrario, cada vez será más vehemente.

“Quizás, dice Lemoine, la falla de Petro es no entender que la confianza mueve un país. No ha cuidado esa confianza, lo que le ha quitado impulso a la Nación para actuar de forma unida en busca de mejores alternativas”.

La pregunta es: ¿Pasarán por alto los electores esta conclusión y le darán su voto de confianza a Cepeda?  La respuesta, por ahora, no es concluyente. Lo que sí parece claro es que la relación entre ambos, marcada por sus diferencias y complementariedades, será determinante en el resultado de las elecciones.

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