
“Congratulations to El Tigre”: lo que se prevé de la luna de miel entre los gobiernos de Trump y De la Espriella
Abelardo de la Espriella prometió un cambio radical en la política exterior colombiana. Su cercanía ideológica con Washington anticipa una relación mucho más estrecha. Alianzas contra el crimen organizado, impulso a la economía y manejar el incómodo asunto Saab, están entre los asuntos que pondrían a prueba una renovada sintonía entre ambos gobiernos.
Por: Lina Cuitiva
La mano dura, la defensa de los valores conservadores o anti-woke y la apuesta por un modelo económico que privilegia a las empresas privadas, son algunos de los puntos de la creciente sintonía ideológica que unen a Abelardo de la Espriella, el presidente electo de Colombia (2026-2030), y Donald Trump.
Es fácil prever esa amistad creciente. Luego de la primera vuelta, el magnate estadounidense le dedicó tres publicaciones de apoyo al ahora presidente electo De la Espriella y pocas horas luego del preconteo que le dio el triunfo a ‘El Tigre’ ya habían conversado por teléfono. “El Gobierno de Trump espera colaborar estrechamente con la próxima administración para impulsar la cooperación para la seguridad regional, poner fin a la inmigración ilegal y fortalecer nuestros lazos económicos”, trinó el secretario de Estado Marco Rubio sobre las 7 de la noche del pasado 21 de junio.
Además del inminente timonazo que se espera para Colombia con el abogado como mandatario, la relación diplomática con el el presidente más poderoso del mundo también se transformará drásticamente. Atrás quedarán las posturas críticas de Gustavo Petro hacia Trump por sus políticas contra los migrantes irregulares o su respaldo a las avanzadas militares de Israel en Medio Oriente. Con De la Espriella en el poder, la expectativa es una etapa de más aplausos y alineamiento político casi que incondicional.
Si se confirma el triunfo de De la Espriella en el escrutinio, Colombia verá llegar a la Casa de Nariño a un mandatario que hizo buena parte de su vida, negocios y relaciones en Estados Unidos, al punto de que tiene nacionalidad estadounidense.
¿Qué cambiaría para Colombia con una relación más cercana con Trump?
En los pronunciamientos públicos entre las dos figuras de derecha ya se deja entrever algunos asuntos que podrían cambiar en los próximo cuatro años. Por ejemplo, en días pasados De la Espriella pidió una colaboración más activa para investigar a casi 30 figuras políticas, la mayoría de ellas vinculadas al Gobierno Petro, por presuntamente estar relacionados con la compra de votos. En redes sociales, el entonces candidato le envió esa señal al estilo Batman a el ‘Quitavisas’, el sobrenombre con el que se conoce también a Christopher Landau, subsecretario de Estado de Estados Unidos.
Aunque ese funcionario conocido por revocar los visados de ciudadanos extranjeros considerados una amenaza para los intereses de Estados Unidos no respondió a la 'tigreseñal' directamente, sí felicitó rápidamente a De la Espriella luego de su triunfo en el preconteo. En Colombia ese pedido de investigación y sanción también se vio como un tipo de perfilamiento contra quienes ahora serán oposición.
Uno de los campos en los que más rápido podría sentirse el acercamiento entre los gobiernos de De la Espriella y Trump es el de la seguridad. La expectativa es que Colombia vuelva a ocupar un lugar prioritario dentro de la agenda estadounidense de lucha contra el narcotráfico, con una cooperación más estrecha en inteligencia, operaciones contra organizaciones criminales y control de cultivos ilícitos. Sin embargo, el desafío estará en evitar que esa coordinación termine traduciéndose en una adopción automática de las fórmulas impulsadas desde Washington, sin tener en cuenta las particularidades del conflicto colombiano, así lo advirtió Luisa Lozano, directora del programa de Relaciones Internacionales de la Universidad de la Sabana.
La académica advierte que los intereses de Estados Unidos en la región están concentrados en asuntos como seguridad, drogas, migración y Venezuela, pero que los mecanismos para abordar esos problemas no siempre coinciden con las necesidades de los territorios colombianos. Medidas más punitivas o el eventual regreso de la erradicación forzada podrían generar tensiones sociales en regiones como el Pacífico o el Putumayo, donde aún hay comunidades enteras dependen de economías vinculadas a los cultivos ilícitos.
Trump no premia la lealtad, premia los resultados
El reciente bombardeo con el que Estados Unidos ultimó en territorio venezolano a 'Niño' Guerrero, uno de los líderes del Tren de Aragua, y los ataques con misiles contra narcolanchas en el Caribe dan pistas de cómo entiende el Gobierno de Trump la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico: una estrategia de confrontación directa, con un fuerte componente militar y escaso margen para enfoques preventivos. Un modelo que en Colombia podría encontrar terreno fértil teniendo en cuenta que para Washington la reducción de los flujos de droga hacia su territorio sigue siendo una prioridad estratégica.
Sin embargo, la afinidad ideológica entre ambos mandatarios no garantiza una relación libre de tensiones. Para Londoño, la política exterior de Trump se caracteriza por una lógica profundamente transaccional, en la que los aliados son valorados en función de los resultados que entregan a los intereses de Washington. En ese escenario, temas como la reducción de los cultivos ilícitos, el control de los flujos migratorios o la cooperación frente a Venezuela podrían convertirse rápidamente en exigencias concretas para el nuevo gobierno colombiano.
En ese escenario, el reto del nuevo gobierno será aprovechar los beneficios de una relación cercana con Washington sin sacrificar su capacidad de diseñar respuestas adaptadas a la realidad colombiana.
"Echar todos los huevos en una sola canasta" también entraña riesgos. Una relación así de cercana con la Casa Blanca también puede reducir el margen de maniobra de Colombia si las prioridades de ambos gobiernos dejan de coincidir. Hoy Trump puede ver en De la Espriella un aliado estratégico; mañana, si considera insuficientes los avances en seguridad o narcotráfico, esa misma cercanía podría convertirse en una fuente de presión diplomática, económica o incluso comercial.
Alex Saab, la piedra en el zapato
Si hay un nombre capaz de introducir incomodidad en la inminente luna de miel entre De la Espriella y Trump, es Alex Saab. Mucho antes de convertirse en presidente electo, el penalista fue abogado del empresario barranquillero, considerado durante años por las autoridades estadounidenses como una pieza clave de la estructura financiera del régimen de Nicolás Maduro.
El colombiano, figura clave en el chavismo, ha sido señalado en Estados Unidos por participar en esquemas de lavado de dinero y evasión de sanciones. Aunque fue liberado por Washington en 2023 como parte de una negociación, hace apenas un mes fue extraditado desde Caracas con aval del gobierno de Delcy Rodríguez, como una muestra de la influencia de Trump en la región.
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Para De la Espriella, quien ha construido parte de su trayectoria pública como crítico de Maduro y paradójicamente ha sido señalado de recibir pagos de honorarios presuntamente provenientes de dineros vinculados al enriquecimiento ilícito de Saab, el expediente representa un asunto particularmente sensible.
Aunque el hoy presidente electo ha sostenido que su vínculo con el empresario se limitó al ejercicio de su profesión como abogado, el caso podría volver a generar ruido si Washington reactiva investigaciones contra los movimientos de Saab en el régimen y decide convertir a Saab nuevamente en una pieza central de su estrategia contra el chavismo.
Sin embargo, para Lozano, esa "piedra del zapato" para la nueva relación Colombia-Estados Unidos "no va a minar la relación, al menos en un corto plazo, hay intereses estratégicos más prioritarios".
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