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Autopsia de una derrota anunciada: los errores que llevaron a Iván Cepeda del favoritismo al fracaso
Elecciones Colombia 2026

Autopsia de una derrota anunciada: los errores que llevaron a Iván Cepeda del favoritismo al fracaso

Después de cabalgar durante meses con una amplia ventaja en las encuestas de intención de voto, el candidato del Pacto Histórico sufrió dos derrotas consecutivas frente a Abelardo de la Espriella. ¿Por qué y en qué momento se rompió una ventaja que parecía irreversible?

Por: Jonathan Beltrán

Entre los cánticos de “¡Sí se puede!” y una militancia que se resistía a aceptar el resultado, Iván Cepeda apareció en el escenario del Royal Center con su tradicional camisa blanca de botones y cuello cerrado. Pasó meses recorriendo el país como el favorito de las encuestas, el heredero natural del petrismo y el hombre que, según todos los pronósticos, tenía un pie en la Casa de Nariño. Sin embargo, la noche del 21 de junio no salió a presentarse como presidente electo, sino a reconocer el triunfo de Abelardo de la Espriella en el preconteo.

Desde aquel domingo en que derrotó a Carolina Corcho y se convirtió en el candidato presidencial del Pacto Histórico, el senador fue visto por aliados y adversarios como el favorito para suceder a Gustavo Petro. Durante meses encabezó las encuestas de intención de voto, consolidó el respaldo de la base petrista y se perfiló como uno de los aspirantes con un lugar prácticamente asegurado en segunda vuelta.

En cada plaza pública, repetía su consigna de ser elegido en la jornada electoral del pasado 31 de mayo y en redes sociales publicó durante meses un mismo mensaje: “Soy Iván Cepeda y seré su presidente”. Pero mientras su campaña avanzaba con la convicción de quien se sabe favorito, un tigre que logró incluir en su manada a líderes de la derecha tradicional comenzó a rugir cada vez con más fuerza.

Nuevo programa de Iván Cepeda 3.jpg
Crédito: Colprensa

 

El primer mazazo llegó en la primera vuelta. Cepeda no solo estuvo lejos de cumplir su promesa de ganar la Presidencia el 31 de mayo, sino que además recibió 673.000 votos menos que De la Espriella. La derrota sacudió la campaña. En apenas tres semanas, el candidato cambió de imagen, ajustó su estrategia y trató de imprimirle un nuevo ritmo a su candidatura. Pero su reacción llegó demasiado tarde.

La movilización de las bases del progresismo, el respaldo de sindicatos, organizaciones sociales y colectivos de distintos sectores que cerraron filas alrededor de su candidatura le permitieron sumar cerca de 3 millones de votos en apenas 20 días. Sin embargo, el candidato de derecha también amplió su caudal electoral y convirtió los 2,5 millones de votos adicionales que obtuvo entre la primera y la segunda vuelta en el impulso definitivo para llegar a la Casa de Nariño.

El discurso triunfalista y la pasividad del favoritismo

El relato de una victoria anticipada empezó a jugar en contra incluso antes de que se abrieran las urnas. Desde distintos sectores del Pacto Histórico y voces cercanas al propio presidente Gustavo Petro se presentaron advertencias sobre la posibilidad de que la narrativa de un triunfo en primera vuelta diera paso a una sensación de suficiencia y redujera la urgencia de la movilización de potenciales votantes.

Con el paso de las semanas, esa confianza terminó filtrándose en el ambiente de campaña. Mientras la oposición intensificaba su presencia territorial y afinaba su mensaje, la campaña de Cepeda buscó defender la inercia del favorito. De hecho, miembros de la bancada reconocen que se envió una señal contradictoria a la ciudadanía: si la victoria ya estaba asegurada, ¿para qué salir a votar con la misma intensidad?

Las salidas en falso tras la derrota en primera vuelta

Tras la derrota parcial, el candidato del Pacto Histórico no optó por cerrar de inmediato el episodio para iniciar una transición hacia la estrategia de la remontada. En cambio, terminó alineándose de manera parcial con los cuestionamientos que Gustavo Petro había planteado sobre el proceso electoral. Aunque luego intentó matizar el alcance de esas afirmaciones, su postura fue interpretada por sectores moderados e indecisos como una señal de desconfianza hacia la institucionalidad.

La misma noche del 31 de mayo, buena parte de las bases de Cepeda esperaba que el candidato levantara el teléfono para buscar acercamientos con figuras como Sergio Fajardo, Claudia López y Juan Daniel Oviedo, en un intento por conquistar el voto de centro. Sin embargo, esas conversaciones no llegaron con la inmediatez esperada y, cuando finalmente se dieron, avanzaron con lentitud y sin resultados concretos.

Crédito: Colprensa
Crédito: Colprensa

 

El decálogo presentado por Fajardo fue visto por miembros del equipo de Cepeda como una posible hoja de ruta para tender puentes hacia el centro, pero el exgobernador de Antioquia optó por no tomar bando en segunda vuelta. Pese a sus diferencias públicas con De la Espriella, Oviedo también eligió el voto en blanco. Solo Claudia López decidió sumarse al barco del candidato progresista para remar a contracorriente frente al abogado.

En medio de la dificultad para sumar apoyos, la campaña intentó reorientar su narrativa en un escenario ya dominado por otros temas. Cepeda reconoció cómo De la Espriella había logrado apropiarse de la camiseta de la Selección Colombia en plena antesala mundialista e intentó disputar ese símbolo. Pero, en lugar de centrarse en los riesgos que representaría su rival, la discusión pública giró en torno a esa prenda y no a las advertencias que la campaña progresista buscaba amplificar.

La ausencia de debates que impidió marcar líneas rojas frente a De la Espriella

Mientras mantenía su ventaja en las encuestas de intención de voto, Cepeda optó por no participar en debates para evitar una confrontación que en ese momento consideraba innecesaria. No obstante la estrategia de imponerse sin encararse directamente con sus rivales en la contienda –que en elecciones recientes solo le salió bien al Álvaro Uribe en 2006–, le costó caro al candidato del progresismo.

Cepeda intentó cambiar el guion de su campaña tras la primera vuelta. Desde entonces retó públicamente a De la Espriella a debatir en canales de alcance nacional e incluso designó a dos compromisarios para intentar fijar las reglas del encuentro. Pero el abogado respondió jugando con sus mismas cartas: elevó condiciones, estiró los tiempos y logró que la opción de un cara a cara se diluyera.

Con una ventaja inicial cercana a los 700.000 votos y buena parte del caudal que había respaldado a Paloma Valencia en la primera vuelta, De la Espriella también decidió que los debates no serían una prioridad en su estrategia. Mientras Cepeda insistía en los llamados públicos para concretar un cara a cara en distintas intervenciones, el abogado optó por recorrer el país y consolidar la movilización de los votantes de derecha.

Denucia de Iván Cepeda contra De la Espriella 2.jpg
Crédito: Colprensa

 

En las últimas tres semanas de campaña, el líder del movimiento Defensores de la Patria reforzó su estrategia apoyándose en su fórmula vicepresidencial, Juan Manuel Restrepo, quien asumió buena parte de la vocería técnica de la campaña y tomó protagonismo en momentos tensos de entrevistas. En ese escenario, el abogado condicionó finalmente cualquier eventual debate a la presencia de ambas fórmulas.

El peso de la asamblea constituyente y la paz total, dos ideas que orbitaron la campaña

Una de las expectativas que se instaló entre votantes indecisos y sectores de centro tras la primera vuelta correspondía a que Cepeda le cerrara la puerta públicamente a la asamblea constituyente y cuestionara los resultados de la política de paz total, una de las banderas del Gobierno de Gustavo Petro que prometía retomar en su eventual administración.

Los llamados insistentes de figuras como Juan Fernando Cristo, que rechazaban de manera tajante la posibilidad de una constituyente, terminaron contrastando con la ambigüedad de los mensajes de Cepeda. Aunque en varias intervenciones aseguró que no sería una prioridad de su eventual gobierno, también sostuvo que no podría frenar una iniciativa de este tipo.

Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. Crédito: Reuters
Crédito: Colprensa

 

Otro de los flancos que quedó en evidencia tras la primera vuelta fue el de los silencios frente a las crisis del primer gobierno de izquierda. En temas sensibles como la seguridad, la salud y los recientes escándalos que sacudieron incluso el interior de la Casa de Nariño, la campaña de Cepeda optó por un tono prudente para evitar distanciarse de las bases petristas.

Una estrategia digital anticuada frente al escenario electoral

Desde el inicio de la campaña, el pulso en redes sociales lo marcó Abelardo de la Espriella. El abogado fue uno de los candidatos que más gastó en pauta digital y, con esa inversión, logró articular una red amplia de grupos en distintas plataformas que amplificaban sus mensajes, atacaban a la campaña de Cepeda y coordinaban caravanas y encuentros en diferentes regiones del país.

El movimiento Defensores de la Patria desarrolló piezas gráficas y videos elaborados con herramientas de inteligencia artificial para ampliar el alcance de sus mensajes y ajustar rápidamente la respuesta en redes frente a los espacios en los que participaba el abogado. A eso se sumó la producción de canciones propias de campaña, que circularon en plataformas digitales y reforzaron la identidad de su candidatura presidencial.

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Crédito: Colprensa

 

En contraste, la campaña de Cepeda concentró su estrategia digital en torno a su cuenta principal, desde donde centralizaba el discurso e intentaba mantener el control de los mensajes oficiales. Esa lógica de comunicación más vertical con la que buscaba coherencia terminó reduciendo la circulación orgánica del contenido y alejando a creadores digitales que fueron clave en el desempeño de De la Espriella en redes.

Ante ese escenario, la campaña de Cepeda intentó una corrección de última hora. Renovó su identidad gráfica, amplificó mensajes en distintos formatos y buscó expandir su presencia a todos los espacios digitales posibles. Incluso incorporó a Luisa Olejua, estratega digital que había trabajado con Rodolfo Hernández en 2022. Sin embargo, el intento de replicar en apenas tres semanas una arquitectura digital que el abogado había construido durante más de seis meses no alcanzó para revertir las diferencias en las urnas.

“De la Espriella llegó a la Presidencia con el apoyo que logró en más de 10.000 grupos de WhatsApp, que nos permitieron hacer una campaña sin estructuras políticas”, explicó a CAMBIO Helvin Cano, quien lideró la plataforma Abelardistas.com. Su visión es compartida por Carlos Suárez, uno de los estrategas clave de la campaña del jurista, quien en entrevista con Semana sostuvo que “Cepeda tuvo una campaña que se parecía a él: vieja, aburrida, del pasado, ‘dinosáurica’”.

Una campaña austera en recursos frente a una maquinaria robusta

El candidato del Pacto Histórico defendió la idea de una contienda austera, en línea con su discurso de reducción de privilegios para funcionarios públicos y de mayor control del gasto estatal. Pero esa coherencia que convirtió en una bandera política, resultó también en una limitación práctica frente a una competencia que desplegaba una maquinaria cada vez más amplia.

Cepeda invirtió cerca de 34.000 millones de pesos entre primera y segunda vuelta, mientras su rival sumó alrededor de 48.000 millones, un 40 por ciento más. Ante los resultados en las urnas, voces del progresismo han cuestionado la estrategia tras señalar que “De la Espriella llenó las carreteras del país con avisos y las redes con publicidad segmentada”.

El foco en Paloma mientras crecía el poder del Tigre

Desde que Paloma Valencia se impuso en la Gran Consulta por Colombia, la campaña de Cepeda la asumió como su principal referente de competencia en la contienda. En ese reacomodo inmediato del mapa político, el foco se desplazó hacia la senadora uribista y, apenas un día después de las elecciones de los mecanismos interpartidistas, el candidato tomó la decisión de escoger a Aída Quilcué como su fórmula vicepresidencial.

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Crédito: Colprensa

 

Gran parte de la elección de la defensora de derechos humanos y lideresa ambiental respondió a la intención de disputar con Valencia el relato sobre el Cauca, con una postura completamente opuesta a la de la candidata de derecha. No obstante, el triunfo de De la Espriella en la primera vuelta alteró por completo el escenario y terminó generando cuestionamientos sobre la capacidad de Quilcué para movilizar votantes por su cuenta.

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