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Las posiciones públicas de Omar Bula han generado debate tras su designación como canciller. Créditos: Crédito: Fotografía de la bandera de QAnon por Anthony Crider. Fotografía de Omar Bula por Prensa Abelardo de la Espriella
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Un canciller "made in QAnon": el manual conspirativo de Omar Bula

Las posiciones públicas de Omar Bula han generado debate tras su designación como canciller. Créditos: Crédito: Fotografía de la bandera de QAnon por Anthony Crider. Fotografía de Omar Bula por Prensa Abelardo de la Espriella

George Soros, el "Estado profundo", el fraude electoral de 2020, el globalismo. Antes de llegar a la Cancillería, Omar Bula construyó durante años un discurso público que coincide, punto por punto, con el repertorio narrativo de QAnon y del trumpismo más radical. ¿Qué implica su llegada como jefe de la diplomacia?

Por: Silvia Juliana Jaimes Reátiga

El nombramiento de Omar Bula Escobar como canciller del gobierno de Abelardo de la Espriella abrió un nuevo frente de discusión alrededor del próximo jefe de la diplomacia colombiana. Más allá de su trayectoria en organismos internacionales, sus publicaciones en redes sociales, entrevistas y libros han puesto sobre la mesa preguntas sobre la cercanía de algunas de sus posturas con narrativas que caracterizan al movimiento QAnon y al ecosistema conspirativo de la extrema derecha estadounidense.

Aunque no existe evidencia de que Bula haga parte de ese movimiento, expertos consultados por CAMBIO consideran que varias de las ideas que ha difundido coinciden con discursos que hoy circulan ampliamente entre distintos sectores de la derecha radical.

Esa distinción resulta fundamental. Como explica el periodista e investigador de desinformación José Felipe Sarmiento, QAnon dejó hace tiempo de ser un movimiento limitado a quienes se identifican con la figura de "Q". Sus principales narrativas se expandieron y hoy son reproducidas por personas que no necesariamente se reconocen como integrantes de esa comunidad.

"La gente puede decir que no cree en QAnon, pero al mismo tiempo difundir teorías sobre Bill Gates, George Soros, el fraude electoral o el Estado profundo. Cada quien toma la parte de esa gran conspiración que se ajusta a sus propias creencias", explica Sarmiento.

¿Qué es QAnon y por qué sus narrativas siguen vigentes?

Aunque surgió hace casi una década, QAnon continúa siendo una referencia obligada para entender la expansión de las teorías conspirativas dentro de la derecha radical estadounidense. El movimiento nació en 2017 en el foro anónimo 4chan, donde un usuario identificado únicamente como "Q" aseguró tener acceso privilegiado a información clasificada del Gobierno de Estados Unidos.

Desde allí comenzó a publicar mensajes enigmáticos que invitaban a sus seguidores a descifrar un supuesto plan secreto encabezado por Donald Trump para desmantelar una red integrada por políticos, empresarios y celebridades que, según esa narrativa, conformaban una élite corrupta vinculada con delitos como el abuso infantil y protegida por lo que denominaron el "Estado profundo" (Deep State).

Con el paso del tiempo, las publicaciones de "Q" dejaron de ser un fenómeno limitado a pequeños foros de internet. Las teorías se expandieron hacia redes sociales como Facebook, X, Reddit y Telegram, donde se mezclaron con otras narrativas conspirativas sobre inmigración, cambio climático, vacunas contra el covid-19, George Soros, Bill Gates y presuntos fraudes electorales.

Para José Felipe Sarmiento, periodista especializado en desinformación, ese proceso convirtió a QAnon en mucho más que un movimiento organizado.

"Hoy en día QAnon es una mega teoría de conspiración. Recoge múltiples teorías de desinformación que terminaron alimentándose unas a otras y que ya no dependen de que alguien se identifique como parte del movimiento", explica.

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El asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021, convirtió a QAnon en un foco de atención mundial por el papel de algunos de sus seguidores. Créditos: Reuters

El experto sostiene que, tras el asalto al Capitolio de Estados Unidos en enero de 2021, muchas personas dejaron de identificarse públicamente con la letra "Q". Sin embargo, las ideas centrales sobrevivieron y comenzaron a circular de manera fragmentada.

"Las creencias trascendieron al movimiento. Hay personas que no creen en toda la teoría de QAnon, pero sí adoptan partes de ella: el supuesto fraude electoral, las conspiraciones sobre Bill Gates, George Soros o el Estado profundo. Cada quien toma la parte que se ajusta a sus propias creencias", señala.

Esa transformación explica por qué hoy investigadores y verificadores de información prefieren hablar de un ecosistema conspirativo antes que de una organización con estructuras definidas. Se trata de un conjunto de narrativas que viajan entre distintos movimientos políticos, líderes de opinión e influenciadores y que pueden ser adoptadas sin que exista una afiliación formal.

Las coincidencias entre el discurso de Omar Bula y el ecosistema conspirativo

La trayectoria profesional de Omar Bula contrasta con las controversias que han rodeado algunas de sus posiciones públicas. Durante más de dos décadas trabajó en distintas misiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ocupó cargos relacionados con asistencia humanitaria en África, Medio Oriente y América Latina, y posteriormente se desempeñó como profesor universitario y conferencista en relaciones internacionales.

Sin embargo, paralelamente a esa carrera diplomática, también ha construido una presencia pública marcada por posiciones ideológicas cercanas al trumpismo y por la difusión de afirmaciones que distintos verificadores y especialistas en desinformación han relacionado con el ecosistema de teorías conspirativas que rodeó la presidencia de Donald Trump.

En su cuenta de X, Bula se define como "Pro-West" ("pro-Occidente") y ha respaldado de manera reiterada las políticas de Donald Trump. Esa afinidad también quedó reflejada en el programa de gobierno de Abelardo de la Espriella, que propone convertir nuevamente a Colombia en el principal aliado estratégico de Washington en la región, impulsar el ingreso al Escudo de las Américas y restablecer plenamente las relaciones con Israel.

No obstante, las coincidencias que más han llamado la atención no se limitan a la política exterior.

Uno de los episodios más citados ocurrió tras las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020. En ese momento, mientras decenas de tribunales estadounidenses, autoridades electorales y organismos independientes descartaron la existencia de un fraude masivo, Bula publicó mensajes respaldando esa hipótesis y cuestionando la legitimidad de la victoria de Joe Biden.

La narrativa del supuesto fraude electoral terminó convirtiéndose en uno de los pilares del movimiento que desconoció los resultados de esas elecciones y desembocó, meses después, en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

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Las narrativas impulsadas por QAnon trascendieron el movimiento y continúan circulando entre sectores de la derecha radical estadounidense. Créditos: Reuters

Para José Felipe Sarmiento, este tipo de afirmaciones ilustran precisamente cómo funcionan hoy las narrativas asociadas con QAnon.

"Quiero pensar que Omar Bula no se reconoce como un guerrero de QAnon. Pero apoyar la teoría infundada del fraude electoral en Estados Unidos o las conspiraciones sobre el covid hace parte de ese ecosistema. Es una persona que termina difundiendo partes de esa gran conspiración y eso no lo hace menos grave", afirma.

El investigador subraya que el problema no radica únicamente en que esas afirmaciones hayan sido desmentidas, sino en el alcance que adquieren cuando son difundidas por figuras con influencia política.

"No es lo mismo que una teoría conspirativa la comparta alguien en un grupo familiar de WhatsApp a que la reproduzca un funcionario o una persona con capacidad de influir sobre miles de ciudadanos. Ahí se convierte en un catalizador de la desinformación", sostiene.

Durante los últimos años, Bula también ha hecho eco de discursos sobre el llamado "globalismo", ha cuestionado la influencia del magnate George Soros en la política internacional y ha criticado iniciativas identificadas con la agenda "woke", conceptos que, aunque no nacieron dentro de QAnon, terminaron integrándose al repertorio de narrativas que circulan entre movimientos de la derecha radical estadounidense.

En su libro El Plan Maestro, publicado en 2013, también planteó la hipótesis de una presunta estrategia internacional liderada por Irán y algunos gobiernos latinoamericanos para facilitar el desarrollo de capacidades nucleares en la región. Allí escribió que "no es difícil imaginar las consecuencias de una Venezuela nuclear y unas FARC disponiendo de su absoluto respaldo", una afirmación presentada sin pruebas concluyentes y que responde a una lógica de conspiración geopolítica más que a un consenso entre analistas internacionales.

¿Una afinidad ideológica o la adopción de un repertorio conspirativo?

Alejandro Bohórquez-Keeney, docente de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado, considera que ese tipo de narrativas no pueden entenderse de manera aislada del contexto político estadounidense, donde los discursos conspirativos han acompañado durante décadas a distintos movimientos de extrema derecha.

"En Estados Unidos existe una larga tradición de grupos que construyen relatos alrededor de conspiraciones y de una profunda desconfianza hacia las instituciones. QAnon es uno de esos fenómenos, pero antes existieron otros como el Tea Party o la John Birch Society. Todos comparten la idea de que hay fuerzas ocultas que controlan el Estado y amenazan a la sociedad", explica.

Según el académico, este tipo de movimientos suelen convertir la política en una confrontación entre el bien y el mal, donde el adversario deja de ser un contradictor legítimo para convertirse en una amenaza existencial.

"Ese es el problema del fanatismo. Cuando alguien cree que está librando una cruzada para salvar a su país, las instituciones dejan de verse como un mecanismo para resolver diferencias y empiezan a percibirse como obstáculos que deben superarse. Ahí aparecen los mayores riesgos para la democracia", señala.

Aunque Bohórquez advierte que Colombia no ha desarrollado movimientos con el mismo nivel de organización que QAnon, considera que algunas de esas narrativas han comenzado a circular con mayor frecuencia en el debate público nacional.

Entre ellas menciona las denuncias sobre supuestos complots internacionales, la idea de que existe una infiltración sistemática de instituciones por parte de enemigos ideológicos y la construcción de un discurso que divide la política entre quienes defienden a la nación y quienes supuestamente conspiran contra ella.

En ese escenario, afirma, el nuevo gobierno llega con un lenguaje que mantiene varios puntos de contacto con la nueva derecha internacional.

"No es un discurso de moderación ni de búsqueda de consensos. Es un discurso de confrontación que encuentra afinidades con sectores del trumpismo y con otras expresiones de la derecha radical contemporánea", sostiene.

Del trumpismo a la Cancillería

Las afinidades entre Omar Bula y el proyecto político de Donald Trump no se limitan a sus publicaciones en redes sociales.

Desde que fue anunciado como asesor internacional de la campaña de Abelardo de la Espriella, el hoy canciller designado defendió la necesidad de reorientar la política exterior colombiana hacia una alianza mucho más estrecha con Washington. Esa visión coincide con uno de los principales ejes del gobierno entrante: reposicionar a Colombia como el principal aliado de Estados Unidos en América Latina.

El propio Bula ha planteado que la diplomacia colombiana debe fortalecer sus vínculos con países que compartan, en sus palabras, "los valores occidentales", mientras que las relaciones con gobiernos como Cuba y Nicaragua serán reducidas al mínimo.

En entrevistas recientes también ha anticipado que no abrirá embajadas en esos países al considerar que mantener representación diplomática equivale a legitimar gobiernos que califica como dictaduras. Frente a Venezuela, en cambio, ha hablado de una relación "pragmática", condicionada a un eventual proceso de transición política.

Ese giro diplomático también incluye el restablecimiento de relaciones con Israel, la reapertura de canales de cooperación militar y el respaldo a iniciativas impulsadas por Trump como el Escudo de las Américas, una estrategia regional enfocada en el combate al crimen organizado.

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Las posiciones públicas de Omar Bula han generado debate tras su designación como canciller. Créditos: Prensa Abelardo de la Espriella

Para José Felipe Sarmiento, el debate no se limita a la orientación política del nuevo gobierno, sino al impacto que puede tener la circulación de narrativas desinformativas cuando son difundidas desde cargos de alto nivel.

"Cuando esas narrativas dejan de estar confinadas a foros de internet y empiezan a ser difundidas por personas que ocupan cargos de poder, adquieren una legitimidad que antes no tenían. El problema no es únicamente que sean falsas; el problema es que pueden influir en decisiones públicas y amplificar la desinformación", afirmó.

El periodista recuerda que muchas de las teorías que comenzaron circulando en espacios marginales de internet terminaron siendo promovidas por dirigentes políticos, medios afines e influenciadores, lo que multiplicó su alcance.

"Esa legitimación desde posiciones de poder facilita que más personas las adopten como si fueran interpretaciones válidas de la realidad, incluso cuando carecen de evidencia", concluye.

¿Qué tan cercanas están las posturas de Omar Bula a las narrativas de QAnon?

A partir de la evidencia pública disponible, no existen elementos que permitan afirmar que Omar Bula pertenezca a QAnon o que se identifique con ese movimiento. Sin embargo, el análisis de sus intervenciones públicas, publicaciones y posiciones políticas muestra coincidencias con varias de las narrativas que investigadores de la desinformación han documentado como parte del ecosistema conspirativo impulsado por ese movimiento y por sectores de la extrema derecha estadounidense.

"Ese es precisamente el problema", resume José Felipe Sarmiento. "Muchas personas ya no necesitan identificarse con QAnon para reproducir las mismas teorías conspirativas. Las narrativas sobrevivieron al movimiento y hoy circulan con vida propia".

Para Alejandro Bohórquez-Keeney, el mayor desafío no radica únicamente en el contenido de esas ideas, sino en el lugar desde donde se difunden. "Cuando quienes ocupan posiciones de poder adoptan discursos construidos alrededor de la desconfianza permanente hacia las instituciones o de teorías sin evidencia, esas narrativas adquieren una legitimidad que puede profundizar la polarización política y debilitar el debate democrático", señala.

Para Carlos Andrés Arias Orjuela, docente universitario y consultor en psicología y comunicación política, el impacto de estas narrativas cambia cuando son difundidas por figuras con investidura pública. Más allá de la intención con la que se expresen, explica, contribuyen a legitimar determinados marcos discursivos y a ampliar su alcance.

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Las posiciones públicas de Omar Bula fueron analizadas por sus coincidencias con narrativas asociadas a QAnon y al trumpismo. Créditos: Colprensa

"Construir o fortalecer marcos narrativos alrededor de posiciones extremas, cualquiera que sea, tiene efectos de legitimación. Amplía esas narrativas a audiencias diversas, normaliza términos y discursos que antes parecían extremos y aumenta la polarización", señala.

Arias agrega que las redes sociales potencian ese fenómeno porque los algoritmos privilegian los contenidos que generan reacciones emocionales como la indignación, el miedo o la ira. En ese entorno, afirma, resulta cada vez más difícil diferenciar entre rumores, opiniones e información verificada.

"Las dinámicas de las plataformas alteran los conceptos de legitimidad. Cualquier narrativa bien construida puede convertirse en una construcción social de la realidad, especialmente cuando proviene de una figura con reconocimiento público", explica.

Con su llegada a la Cancillería, las posiciones que Omar Bula sostuvo durante años como analista y conferencista pasarán a ser observadas desde una responsabilidad institucional. Para los expertos consultados, más que la existencia de un vínculo con QAnon, el foco está en el impacto que puede tener la circulación de esas narrativas cuando son expresadas por quien encabezará la política exterior colombiana.

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