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Marisol Gomez
Puntos de vista

“Los nunca” ya perdieron con De la Espriella

El presidente electo, Abelardo de la Espriella, y sus coequiperos en la campaña y en el empalme con el Gobierno saliente han repetido hasta el cansancio que uno de sus sellos será gobernar sin “los políticos de siempre” y sin “la política de las repartijas y cuotas burocráticas”. Sin embargo, una de las contradicciones más ilustrativas de este discurso —no la única— sería el nombramiento de Elsa Noguera como ministra de Transporte.

Hasta los colombianos más desinteresados por la minucia partidista saben que la exalcaldesa de Barranquilla y exgobernadora del Atlántico es hechura de los Char, uno de los clanes más representativos de viejas y dañinas costumbres políticas, como el clientelismo, que supuestamente De la Espriella promete acabar. 

Si bien Elsa Noguera es una mujer preparada y con experiencia de gobierno —fue también ministra de Vivienda con el presidente Juan Manuel Santos—, ha hecho su carrera política de la mano de los Char.  Tampoco ha estado exenta de cuestionamientos por el manejo de recursos públicos, como la contratación directa que su gobernación hizo con la Fundación Conciencia Social, de la que se habrían lucrado Nicolás Petro —hijo de Gustavo Petro— y su exesposa Day Vásquez, según investigaciones de la Fiscalía.  

No hay que ser suspicaz para atar un eventual nombramiento de Elsa Noguera en el Ministerio de Transporte con el regocijo que proyectó Alejandro Char —actual alcalde de Barranquilla— el día que De la Espriella resultó elegido presidente de Colombia.

“Felicitaciones a nuestro hermano, amigo y presidente de esta nación… ¡Hoy estamos más firmes que nunca!”, escribió Char en la red X.

El mensaje del alcalde de Barranquilla, conocido también por haber combinado parte de su vida política con la de empresario constructor —incluidas obras contratadas con el Estado—, fue mucho más que una cortesía protocolaria.

Tampoco Rodrigo Lara, designado ya por De la Espriella como su ministro del Interior, es un ejemplo de ruptura con la política tradicional, que fue una de las promesas más pregonadas por el presidente electo durante su campaña. Lara nació en la política electoral como representante a la Cámara y senador de Cambio Radical, partido que en 2023 avaló la candidatura de Alejandro Char a la Alcaldía de Barranquilla, cargo que ha repetido tres veces.

Entonces, no es creíble que De la Espriella gobernará para “los nunca” —así definió a los que nunca han vivido del Estado—, como lo dijo reiteradamente ante sus electores, quienes votaron por él, entre otras razones, porque estaban cansados de los políticos tradicionales.

Gobernar con políticos no es ilegítimo, pero De la Espriella prometió no hacerlo. Apenas está comenzando a armar su gabinete y no sabemos cuántos más de los de siempre harán parte de su equipo. Pero debería saber que el capital político de un gobierno comienza a disminuir cuando sus decisiones contradicen las razones por las que fue elegido. 

Tras las primeras designaciones y pistas sobre las personas que integrarían su gabinete, es difícil pensar también que uno de sus legados será devolverle a la democracia” colombiana “un Congreso independiente” que haga la tarea para la que es elegido: “el control político al Gobierno”, según las expresiones del jefe del empalme, Carlos Alonso Lucio, en la entrevista con el director de CAMBIO, Federico Lara, el pasado domingo.

Claro, De la Espriella no es el primer presidente que ofrece gobernar de manera distinta e incumple.  Petro es el referente más inmediato de eso. Prometió gobernar sin clientelismo y sin mermelada, pero en su mandato saquearon los recursos de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD) para pagar con ese dinero a los congresistas corruptos que pactaron votar proyectos que necesitaba sacar adelante el Gobierno.

La paradoja es que De la Espriella ha hecho todo lo posible por demostrar que es el más distinto a Petro.

El presidente saliente le incumplió al país por sus errores de gestión y por sus permanentes choques con la justicia, el Congreso y con la parte del país que cuestionaba sus decisiones. Y, antes de posesionarse, el presidente electo incumple una de sus más sonadas promesas de campaña: representar a “los de nunca contra los de siempre”. 

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