29 Diciembre 2022

Pelé, el rey de todos los tiempos

Hace más de 60 años, luego de lograr el campeonato del mundo en Suecia a los 17 años, fue llamado “el divino niño”, que anunciaba una nueva era del fútbol. Y así fue.

Por: Eduardo Arias

“La Navidad del fútbol”. Así título la revista argentina El Gráfico un perfil que en 1977 escribió sobre Pelé. En aquel momento se le consideraba casi sin discusión como el mejor futbolista del mundo de todos los tiempos, apenas retado por quienes consideraban que Alfredo di Stéfano había sido aún mejor.


La Navidad del fútbol se refería a que Pelé, en 1958, con apenas 17 años de edad, había formado parte del equipo de Brasil que ganó por primera vez una copa del mundo en Suecia ese mismo año, y había llegado como una especie de divino niño que anunciaba la llegada de una nueva era en el fútbol, como en efecto sucedió. Desde entonces, el mito de Pelé adquirió dimensiones gigantescas que en parte aún se mantienen, sobre todo para quienes crecimos con el fútbol en las décadas de los años sesenta y comienzos de los años 70.


Con su llegada, Pelé rompió el gran maleficio que pesaba sobre el fútbol de Brasil, el de no haber sido capaz de coronarse campeón del mundo, a pesar de haber jugado el torneo en su propio país en 1950, en los tiempos del famoso Maracanazo. También había sido considerado como un fracaso su actuación en el mundial de Suiza de 1954, en el que Brasil apenas alcanzó los cuartos de final a pesar de tener un gran equipo. En 1958 Vicente Feola, el técnico de Brasil, llevó a dos jóvenes promesas: Manoel dos Santos “Garrincha” y Pelé. Sin embargo, en los dos primeros juegos no estuvieron en la línea titular (en esa época no se hacían sustituciones) y, luego de un triunfo 3 a 0 frente a Austria y un empate sin goles ante Inglaterra, los jugadores se reunieron con el técnico y le pidieron que pusiera de titulares a Garrincha y a Pelé. Brasil le ganó su tercer juego 2 a 0 a la poderosa URSS con dos goles de Vavá, y a partir de ese momento comenzó a construirse la leyenda del rey Pelé.


Los detalles de la hazaña


Es importante detenerse un poco en lo que hizo Pelé en este Mundial porque es una hazaña que jamás ha sido superada. En cuartos de final, destrabó el partido ante la muy difícil selección de País de Gales (nada que ver con la de Catar 2022) con un soberbio golazo que definió el partido. En semifinales, ante la legendaria selección francesa de Fontaine, Kopa y compañía, anotó tres goles en la victoria 5 a 2. Y en la final Brasil venció por ese mismo marcador al equipo de casa con dos goles (golazos) de Pelé.


Es la única vez en la historia de los mundiales que un futbolista de apenas 17 años marca sesa goles en tres partidos definitivos de un mundial. Por ese sólo hecho es más que pertinente considerarlo como el mejor jugador de los mundiales. En Chile 62 e Inglaterra 66 su papel no fue muy brillante. En el campeonato de Chile se lesionó en el primer partido, ante los checos, y se perdió el resto del mundial, que Brasil ganó de la mano de Garrincha. En Inglaterra, Brasil, convencido de que ganaría su tercer mundial caminando, presentó un equipo muy desbalanceado (una mezcla de veteranos en franco declive y jóvenes aún no del todo formados), y además Pelé sufrió la violencia de los búlgaros y los portugueses. 


Para el Mundial de 1970 el técnico Joao Saldanha llegó a pensar en no llevar a Pelé al mundial de México, pero fue remplazado por Mario ‘Lobo’ Zagallo, compañero de Pelé en el Mundial de Suecia, y Brasil exhibió un fútbol extraorinario en los estadios mexicanos, obtuvo de manera brillante su tercer mundial y se llevó a casa la Copa Jules Rimet, con la que se quedaba el que primero obtuviera tres campeonatos mundiales. Por ese motivo, en 1974 se estrenó la Coca Fifa, que es la que se disputa actualmente.

De hecho, a las semifinales del Mundial de México llegaron cuatro selecciones campeonas del mundo y tres de ellas, si la ganaban, se quedarían de manera definitiva con ese trofeo: Uruguay, Italia y Brasil. La cuarta, Alemania, en aquel entonces sólo había ganado un mundial.

Pelé, además, brilló con el equipo Santos, con el que ganó dos veces la Copa Libertadores de América y la Copa Intercontinental de Clubes: en 1962 y 1966. Ganó diez campeonatos paulistas, cuatro torneos Rio-Sao Paulo y seis campeonatos nacionales de Brasil. Con el Cosmos de Nueva York también ganó un título. En total jugó 1.351 partidos, en los que marcó 1.284 goles, para un promedio de 0,94 goles por partido.

Brillar sin televisión

Entender la dimensión de Pelé en nuestros días no es nada fácil por una muy sencilla razón. En tiempos de Pelé muy pocos partidos se transmitían por televisión. Algunas de las imágenes disponibles de las jugadas de Pelé en su primera etapa, por lo general son películas de cine de noticieros que captaron cámaras mal ubicadas, en una época en que la tecnología audiovisual estaba en una absoluta prehistoria.

De su etapa final pueden verse ahora en plataformas como YouTube algunos pocos de los partidos que jugó con la selección Brasil, pero durante varias décadas fue muy complicado acceder a algo más que resúmenes de goles. 

Para varias generaciones, muchas de las referencias que se tienen de Pelé son relatos de algún padre, algún abuelo, o crónicas de partidos que publicó la prensa, perfiles que se escribieron sobre él en diarios, revista y libros. Esto ha ayudado a hacer de Pelé un personaje de la vida real al que se le han dado algunos visos de mito y de leyenda.

Quienes en Colombia dicen que vieron jugar a Pelé, lo vieron jugar tres, si acaso cuatro veces en El Campín. Pudimos verlo en su verdadera dimensión en las transmisiones del mundial de México de 1970, es decir, seis partidos. No hay demasiado material tangible del cual aferarse. En cambio, de Maradona y –sobre todo– de Messi existen miles de horas de grabaciones. Además, a Messi es posible verlo –por decir algo– cincuenta partidos al año.

Los que consideran que Pelé fue el mejor señalan que, ante todo fue un jugador más completo que Messi y Maradona. Además de su gran habilidad y su talento para poner en situación de gol a sus compañeros, le pegaba muy bien con ambas piernas y era un eximio cabeceador, algo que no caracteriza a Messi ni a Maradona, cuyo único gol de cabeza memorable fue con la mano. Pero, ¿dónde está el material audiovisual que lo ratifica? Sin duda eso no lo puede reflejar en su verdadera magnitud el resumen de un partido o un compilado de goles.

El debate acerca de cuál fue el mejor es muy complicado porque tanto Di Stefano y Pelé como Maradona y Messi representan épocas muy diferentes. No se marcaba igual en tiempos de Pelé como se marca ahora. El fútbol, como la gran mayoría de las actividades humanas, ha evolucionado en varias de sus facetas, así que comparar a Pelé con Messi es como comparar un DC-3 con un Boeing 777. Ambos son aviones extraordinarios que pertenecen a épocas bien diferentes de la aviación. Sin embargo, es importante tener el cuenta el testimonio de muchos grandes jugadores argentinos que lo enfrentaron y que consideran que Pelé fue más que Maradona o Messi. Entre ellos están el jugador y técnico César Luis Menotti, el ex defensor Roberto Perfumo y el ex arqueroHugo Orlando Gatti.

Yo no me atrevo a decir cuál fue el mejor por las razones que expliqué antes. Pero no dudo en decir que Pelé es el jugador más grande la historia de los mundiales. Sus seis goles y su actuación en Suecia 1958, así como la magia que desplegó en México 70 no lo ha igualado nadie en ese torneo. E insisto: muéstrenme otro jugador que a los 17 años de edad haya marcado seis goles en los tres partidos decisivos que llevaron a su selección al título.

Pelé representa, además, una época del fútbol que ha desaparecido casi por completo. La del fútbol que no se ve únicamente un negocio. Voy a recordar una vieja historia que he contado ya varias veces. En 1969 la selección Brasil jugó en Bogotá la eliminatoria al Mundial de México de 1970. La selección Brasil no se alojó en el Hotel Hilton o el Tequendama en el Comendador, un sencillo hotel de barrio La Magdalena, en Teusaquillo, que escogieron por una sencilla razón; quedaba enfrente al parque del Brasil. 

Los jugadores brasileños llegaban de los entrenamientos, entraban al hotel y luego salían tranquilamente al parque, como cualquier hijo de vecino, y jugaban fútbol con los niños y los jóvenes del barrio, firmaban autógrafos. Personas que fueron niños y jóvenes en aquella época cuentan historias como “yo le presté mi bicicleta a Pelé y le dio la vuelta al parque”, “ yo le tapó un penalti a Jairzinho”,  “yo le metí un gol a Félix”: Así de sencillo y de humano era el fútbol en esa época en la época de Pelé. Hoy día lo único que uno puede verle a un futbolista que llega al hotel o a la concentración es el vidrio negro del Ferrari, del Maserati o, si acaso, del bus que transporta a los jugadores. 

Y este no es un detalle menor porque en el mundial de México los brasileños se ganaron al público mexicano gracias a su simpatía y su don de gentes. México jugó con una selección más bien modesta que llegó a cuartos de final ayudada por los árbitros, así que Brasil era en realidad el equipo que los mexicanos querían que ganara la Copa, y se apoderaron por completo del corazón de los habitantes de Guadalajara y al frente de todos ellos estaba la inmensa sonrisa de Pelé.

Pero también, ya como ex jugador, también representa la nueva era del fútbol, la que nació a partir de 1974 con el nombramiento de Joao Havelange (el “papá” de Joseph Blatter y, por extensión, el “abuelo” de Gianni Infantino) como presidente de la FIFA, quien convenció a grandes patrocinadores para que le inyectaran grandes capitales al fútbol para que dejara de ser un asunto casi que exclusivo de Europa y Suramérica y se transformara en un fenómeno global. Además la FIFA creó diversos torneos juveniles cuyas sedes no eran naciones con tradición futbolística, para enviar ese mensaje de universalidad en el que la imagen de Pelé jugó un papel protagónico. 

A partir de los años 70 Pelé comenzó a aparecer muy a menudo por televisión, pero no en una cancha sino en comerciales. Pelé y Pepsi. Pelé y Casio. Pelé y MasterCard. “Con mucho amor”, era su muletilla.

Esa FIFA que conocemos hoy, que reina todopoderosa por encima del bien y sobre todo del mal, se comenzó a gestar cuando Pelé puso su prestigio, su carisma y su enorme sonrisa al servicio de la cruzada que emprendió Havelange. 

También fue embajador de las Naciones Unidas en 1977, que le otorgó el título de “Ciudadano del Mundo”; forrmó parte del comité de juego limpio de la FIFA y embajador de buena voluntad de Unicef. Actuó en la película Evasión o victoria, de 1981, al lado de su gran amigo Bobby Moore y otros futbolistas de la época como Oswaldo Ardiles y Kazimierz Deyna, codeándose con actores como Max von Sydow, Michael Caine y Sylvester Stallone. En 1994 lo nombraron asesor ejecutivo del Santos y ese mismo año lo llamaron para que fuera ministro de Deportes. 
 
Más allá de lo que se opine acerca de su legado, de que si fue o no mejor que los demás, su nombre de apenas cuatro letras sigue siendo sinónimo del mejor fútbol que pueda verse en una cancha.