2 Agosto 2022

Duquenomics: el balance económico de su gobierno

Crédito: Yamith Mariño

Iván Duque cumplió con la meta de energías renovables, pero no le fue tan bien en pobreza, impuestos, trabajo y deudas.

El presidente Iván Duque saca pecho de su gestión en materia económica, pero el balance es más bien agridulce. Deja una economía que crece por encima de su capacidad productiva después de una pandemia, pero con una informalidad laboral que supera a los puestos de trabajo formales, con una inflación que bordea el 10 por ciento y sin recuperar a todos los colombianos que cayeron en la pobreza. 

Iván Duque fue el presidente de la transferencia monetaria con la implementación más rápida: Ingreso Solidario, que en plena crisis sanitaria llegó a un millón de hogares y hoy se ha expandido a cuatro millones de familias vía canales digitales gracias a las bases de datos que son cada vez más robustas en el país. Pero de los 3,8 millones de colombianos vulnerables que cayeron debajo de la línea de pobreza monetaria en 2020, solo logró recuperar a 1,4 millones en 2021.

Además, las cifras de pobreza rural disminuyeron en 2020 como consecuencia de los alivios en servicios públicos domiciliarios y transferencias monetarias que se establecieron, pero en 2021 con el fin de los subsidios especiales a los servicios, volvió a aumentar la pobreza rural. 

Duque también deja un país con una tasa de desempleo de 10,8 por ciento en julio, similar a la de 2019, que era mayor que la de 2018. Pero hay alrededor de tres millones de colombianos que no han entrado al mercado laboral en estos años, están en su casa sin estudiar ni trabajar. Y entre los que trabajan, el 58 por ciento están clasificados como informales, un incremento de más de 10 puntos porcentuales frente a la cifra de informalidad que recibió en 2018.

Cuentas claras

En materia macroeconómica, Iván Duque suele destacar que durante su gobierno, el país tuvo el crecimiento más grande de su historia: 10,7 por ciento en 2021. Pero se le olvida que esa cifra es comparada con la caída más grande de la que se tiene registro: -7 por ciento y comparado con 2019, la economía solo creció 2,8 por ciento en 2021 que es más cercano a su crecimiento habitual.

Para 2022, el Banco de la República espera que la economía crezca 6,9 por ciento motivada por la continuación de la recuperación económica y el consumo de los hogares, que tienen a la economía creciendo más allá de su capacidad productiva mientras la elevada inflación, que terminaría el año en 9,7 por ciento en medio de un fenómeno mundial de inflación, mantiene a las tasas de interés del banco central en terreno expansivo y sin poder frenar el consumo para obligar al costo de vida a bajar.

El gobierno saliente también dice que deja “la casa en orden”, con un déficit fiscal que será de 5,6 por ciento pero una regla fiscal mucho más exigente para los próximos años tanto en este déficit que tendrá que llegar a 2 por ciento en 2024 como en la reducción de la deuda nacional, que debería llegar a 55 por ciento en 2024 desde el 60,4 por ciento con el que cerraría este año.

Para el Comité Autónomo de la Regla Fiscal, el cumplimiento de estas metas a las que deben sumarse las obligaciones de pagos de intereses de créditos en el exterior -que han aumentado por la tasa de cambio y una mayor prima de riesgo-, solo será posible si el nuevo gobierno mantiene la disciplina fiscal, para lo que le ayudará tener ingresos adicionales por exportaciones especialmente petroleras, aprovechando un mejor precio internacional, y por mayor recaudo tributario.

Reforma no estructural

Justamente en el plano de los impuestos, el gobierno saliente destaca que la meta de recaudo tributario en lo corrido del año se supera en un 13 por ciento gracias a un crecimiento económico que ha superado todas las expectativas. 

Duque, que presentó cuatro reformas tributarias en cuatro años y de las cuales una se cayó en la Corte Constitucional después de aprobada y otra se cayó antes de iniciar el trámite legislativo y le cobró su cargo a un ministro de Hacienda, dice que no está bien que el nuevo gobierno mande tantos “globos” sobre lo que será su reforma tributaria.

 

Hace cuatro años, cuando presentó el primer proyecto de reforma tributaria que prometía ser estructural, al gobierno de Iván Duque le advirtieron que sería necesaria otra tributaria en 2022 pues los beneficios a las empresas que planteaba hacían que desde 2023 el recaudo tributario empezara a bajar. 

Y como sucede con cada debate tributario, el Congreso quitó y ajustó medidas hasta que la reforma que quedó no era la estructural tan anunciada. Entre los destacados de la reforma, está la posibilidad de descontar el IVA a la importación de bienes de capital que ha incentivado este tipo de compras en las empresas y ha llevado a la modernización en varias industrias del país.

Energía para todos

En lo que sí cumplió fue en la meta de aumentar la capacidad instalada de generación de energía con fuentes renovables no convencionales, recibió un país con capacidad instalada para generar 28Mwp con este tipo de fuentes y deja adjudicados 2.888 MWp, mientras que instalados son 1.015 MWp gracias a 25 granjas solares, dos granjas eólicas, 10 proyectos de autogeneración a gran escala y más de 3.000 proyectos solares fotovoltaicos de autogeneración a pequeña escala.

También superó la meta de 40.000 familias en municipios PDET conectados a energía al cierre de 2022, a julio ya había entregado 50.000 conexiones en estas zonas priorizadas.

Además, deja las hojas de ruta para que en los próximos años el país ponga en marcha la generación de energía eólica en el mar y con hidrógeno como combustible.

Economía pálida naranja

Otra bandera de Iván Duque fue la economía naranja, que jamás quedó bien definida aunque hasta recibió beneficios tributarios. Cuatro años después, los expertos todavía tienen que acudir a definiciones internacionales como la de la Unesco para intentar descifrar a qué se refería el gobierno saliente con este sector. 

Catalina Ceballos, antropóloga, dice que “la economía naranja, se supone, se puede comparar con algunos de los de procesos en América Latina, pero no se entiende si realmente hubo un aumento de ingresos o un aporte al producto interno bruto por el trabajo y proyectos tangibles e intangibles desde la economía naranja. Yo creo que es precisamente también porque no hay una definición clara sobre sobre el tema, tampoco me queda muy claro, ¿Cuál es la diferencia entonces entre industrias culturales y creativas? No se definió eso, se metió todo en una olla ¿Cuál es la diferencia?”.

Ceballos agrega que Duque “seguramente va a sacar pecho con los aportes, por ejemplo, que se generan por las actividades de Netflix en Colombia, pero nosotros tenemos que pensar, más que en ese aporte, en la creación de productores colombianos independientes que no tienen la oportunidad, por ejemplo, de estar en Netflix porque están comenzando unos procesos”.