
¿Puede ser el Ejército un motor de crecimiento económico?
Qué tan viable es la propuesta de Gustavo Petro de promover una industrialización con ayuda militar.
Por: Javier Mejía Cubillos*
La capacidad para ejercer violencia de forma efectiva es uno de los principales determinantes del éxito evolutivo en el reino animal. Es a través de la violencia que muchos animales adquieren los recursos y las oportunidades reproductivas que les permiten a ellos y a sus descendientes sobrevivir. Los seres humanos no somos ajenos a esto. La historia de la humanidad es, en buena medida, la historia de los ganadores en el ejercicio de la violencia.
En ese sentido, el ejército (entendido como la entidad abstracta que la sociedad usa para ejercer violencia) ha sido un motor esencial en la historia del progreso tecnológico. Desde el paleolítico superior, hace unos 30.000 años, tenemos evidencia arqueológica de avances tecnológicos desarrollados para la guerra. Incluso algunos de los primeros registros escritos en el mundo hablan de innovaciones militares. Por ejemplo, documentos diplomáticos hacen claro que hacia el siglo XVII a.C., en el este del Mediterráneo, la adopción de armas de bronce y carros de guerra estuvo asociada a la competencia por controlar militarmente el territorio entre los imperios en expansión: los hititas y el Nuevo Reino egipcio, específicamente. Estas innovaciones militares, eventualmente, alimentaron el crecimiento económico en esta región, generando sociedades con estándares de vida que no habían sido vistos antes en el mundo.
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