23 Septiembre 2022

El glifosato enfermó al sargento Ávila: eutanasia, única solución

Crédito: Ilustración: Yamith Mariño Díaz

El exuniformado trabajó por más de 15 años en labores de aspersión aérea. Por causa de las largas jornadas se enfermó de párkinson juvenil. Los constantes dolores en el cuerpo lo llevaron a tomar la decisión de pedir la eutanasia.

Por: Javier Patiño C.

El sueño desde niño del sargento retirado Gilberto Ávila Llano siempre fue pertenecer a la Policía. Veía pasar a los uniformados por las calles de su natal Génova, Quindío, y sabía que eso era lo que quería para su vida. 

Al cumplir 18 años en 1990 ingresó a la escuela de suboficiales Gonzalo Jiménez de Quesada, con el reto de ascender dentro de la institución para trabajar por la seguridad de las comunidades.

Su interés por la lucha contra el narcotráfico lo llevó a hacer parte de la Policía Antinarcóticos. Fue asignado en un comienzo para el patrullaje de las zonas rurales cerca a Santa Marta. 

Durante más de diez años conoció de cerca cada rincón del norte del país, en largas jornadas de trabajo para erradicar grandes extensiones de cultivos de coca en Cesar y el Urabá antioqueño.

La implementación de la aspersión aérea a finales de la década de los ochenta fue recibida por el grupo de uniformados de antinarcóticos como una herramienta fundamental para avanzar en la lucha contra el narcotráfico.

aspersion aerea

Esta nueva estrategia replanteó las labores, en las que los hombres en tierra realizarían tareas de seguridad para la entrada de las avionetas con aspersores y los helicópteros que apoyaban la misión desde el aire.

“Nos tocaba cuidar el terreno para que no impactaran los delincuentes la avioneta y a los helicópteros, una vez que terminaban las aspersiones teníamos que verificar que estaba todo fumigado”, señala el sargento Ávila.

Su experiencia en estas labores lo llevó a él y a sus compañeros a hacer parte del grupo especial en Cusiana, Casanare, a finales de la década de los noventa. Esa época tenía una gran presencia de las Farc en la región.

El uniformado hacía parte de un grupo de 25 policías especializados en combate en selva, que sostuvieron intensos enfrentamientos con los integrantes del bloque oriental de las Farc para impedir las labores de aspersión aérea.

“Fueron más de quince años bañado por el químico, y lo peor, inhalando la sustancia que años más tarde me cobró recompensa”, afirma el exuniformado.

Tras más de 20 años de servicio, con 42 años de edad y 48 condecoraciones por su servicio, el sargento retirado Gilberto Ávila Llano solicitó su retiro para regresar de nuevo al eje cafetero. Tenía el sueño de montar un negocio.

Su estado de salud no era el mejor. Su cuerpo comenzó a experimentar dolencias y un ligero temblor presagiaba que en su interior algo estaba pasando.

“En el 2009 me detectaron la enfermedad del párkinson juvenil, estaba en mis vacaciones de retiro. En la junta médica nunca apareció que estaba mal y para sacarme rápido me indemnizaron con 30 millones, eso es como darle un dulce a un niño para que no llore, se aprovecharon de mi ignorancia porque ellos eran médicos”, afirma.

Desde ese momento comenzó su lucha con el sistema de salud de la Policía para que le realizaran varias operaciones con el fin de remediar los fuertes dolores diarios.

“Me tocó interponer varias tutelas para que me realizaran varias intervenciones. A pesar de que me realizaron una para mejorarme la movilidad, fue inútil. La enfermedad ya estaba por todo mi cuerpo”, enfatiza.

Para el exsuboficial, la causa de sus males fueron las prolongadas jornadas entre los cultivos y la falta de protección. Otros dos compañeros padecen la misma enfermedad. 

cultivos

“Es conocido mundialmente que algunos químicos producen párkinson, de diez personas que son sometidas al químico puede darle a dos, al resto no porque genéticamente son más fuertes”, recalca.

El exuniformado, durante los últimos 17 años, ha soportado la enfermedad con graves consecuencias: está sin movimiento, tiene problemas para hablar y depende de otras personas. 

Para el sargento su vida hoy, con 58 años, no puede continuar de la misma manera. Siente que es una carga para su hermana y familiares. Ante esta situación tomó la decisión de que se le realice una muerte digna este lunes 26 de septiembre en un centro asistencia en Armenia, a las diez de la mañana.

“Mi  decisión no es por dinero, para qué lo necesito si voy a morir. Es para que no le ocurra a alguien más en el futuro lo que me ocurrió, me considero una víctima olvidada del conflicto”, afirma.

Causa de la enfermedad

El médico toxicólogo Carlos Ramírez explica que el caso del sargento retirado puede haber ocurrido por la cantidad de químicos que son utilizados en la aspersión aérea.

“En estas operaciones son utilizados 10,4 litros por hectárea, cuatro veces más de lo que es utilizado en la agricultura comercial. Unido a esto en las aspersiones contra cultivos ilícitos se utiliza una mezcla con un coadyuvante que puede representar una fuente de riesgo adicional. El glifosato nunca se utiliza solo, porque se requiere que penetre las plantas para que funcione como herbicida”, señala el toxicólogo. 

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, en el caso del herbicida Roundud (utilizado en la aspersión área), los coadyuvantes que se usan en la mezcla son el POEA (sustancia tóxica que está asociada a afecciones en el sistema nervioso central, problemas respiratorios y gastrointestinales, cáncer en animales, entre otros), Cosmo-flux 411F (sustancia moderadamente tóxica) y el N-Nitroso Glyphosate – NNG (cuyos componentes son cancerígenos).

“El glifosato puede causar cuatro tipos de cáncer: hepático, de páncreas, de riñón y linfático. Mientras que otras investigaciones indican que también puede ocasionar problemas dermatológicos y abortos”, señala el informe del organismo internacional.

Qué dice la Policía

En un comunicado de prensa, la Dirección de Sanidad de la Policía aclaró que conocía el caso. Afirman que de conformidad con la Resolución 971 de 2021 del Ministerio de Salud y Protección Social, y la circular externa 006 de 2021 de la Superintendencia de Salud,  han cumplido con los protocolos de atención correspondientes. El procedimiento se llevará a cabo en una IPS de la red externa de prestadores contratados por el Subsistema de Salud de la Institución.

“Sobre el derecho fundamental a morir con dignidad, la jurisprudencia señala que se trata de una decisión expresa de la voluntad del paciente, mediante un consentimiento informado y libre, ante la presencia de una condición clínica de enfermedad incurable avanzada, enfermedad terminal o agonía que genere sufrimiento”, afirma el comunicado.

Finalmente reitera su compromiso de contribuir a la calidad de vida de los policías en servicio activo, en uso de buen retiro y sus familias, a través del aseguramiento, administración y prestación del servicio de salud.

La historia del sargento Ávila generó una cadena en las redes sociales para que su caso no sea olvidado y llamar la atención del gobierno para revisar el sistema actual de salud de los uniformados en el país.