9 Julio 2022

El Pacto Histérico

Roy Barreras será el próximo presidente del Senado. En las filas del petrismo purasangre la noticia no ha caído del todo bien.

Crédito: Jorge Restrepo

Una extraña paradoja vive el presidente electo Gustavo Petro: mientras se consolida su apoyo en los partidos que no hicieron parte de la coalición que lo eligió, empieza a erosionarse la unidad de sus propias filas. Cambio averiguó qué está pasando.

Por: Redacción Cambio

Un viejo adagio de la Universidad Nacional indica que donde quiera que haya tres izquierdistas habrá cuatro opiniones. La izquierda colombiana es un bloque totalmente heterogéneo que lleva al menos seis décadas protagonizando encarnizadas peleas internas que solo han cesado en pocas oportunidades. La izquierda estaba dividida en la línea Moscú, Pekín, trotskistas, procubanos, socialdemócratas y tantos “ismos” que, junto con la sombra tóxica de la guerrilla, impidió por muchos años su llegada al poder. Esa vocación divisiva y minoritaria marcó incluso la elección de Gustavo Petro. Jorge Enrique Robledo, el senador más votado de la izquierda de todos los tiempos, no acompañó la candidatura de Petro. Es más, hizo todo lo posible por adherir incluso a Rodolfo Hernández para atravesársele.

Desde siempre la izquierda ha sido una fuerza de oposición y ha encontrado las razones de unidad en argumentos en contra de los gobiernos. Disputas muy difíciles lograron zanjarse solo en torno a la definición de un adversario común. Siempre tuvieron más claros los “noes”, que los “síes”. Lo que no había probado la izquierda colombiana jamás es la responsabilidad de gobernar el país. Armar una coalición legislativa para sacar una agenda de reformas y juntarse con fuerzas ideológicamente contrarias para impulsar un programa de cambio. 

Muchos celebran que el presidente electo haya logrado conformar una bancada de 81 senadores antes de instalar el Congreso, pero curiosamente varios viejos amigos de Petro están furiosos con las concesiones que, según ellos, ha tenido que hacer para lograrlo. Concesiones que por lo demás aún no empiezan, todo el mundo sabe cómo comienza el trámite de un proyecto de ley pero nadie sabe cómo termina y lo que hay que hacer para aprobarlo. A la hora de la tormenta el pararrayos tiene nombre propio: Roy Barreras, futuro presidente del Senado.

La instrucción de Petro para que las mayorías elijan a Barreras como cabeza del poder legislativo dejó inconforme a su principal escudero, Gustavo Bolívar, quien aspiraba a la misma dignidad. Otro aspirante que también resintió la decisión es el veterano senador Alexander López, un reconocido dirigente sindical cercano a la vicepresidenta electa Francia Márquez. Ellos pensaban legítimamente que era el turno de la izquierda y que alguno de los dos debería ceñirle la banda presidencial a Petro, o simbólicamente el papel le correspondería a María José Pizarro, la hija del asesinado Carlos Pizarro, el primer exguerrillero del M-19 que aspiró a la presidencia.

A Gustavo Bolívar y Alexander López les parece inconcebible que sea un político tradicional el que vaya a tener esa misión y se siente en la curul más alta del Senado. Roy Barreras empezó su vida política en el Nuevo Liberalismo y ha pasado por Cambio Radical, el Partido de la U, la Alianza Democrática Amplia, el partido que afilió al Pacto Histórico. Para muchos colombianos Roy Barreras representa lo más despreciable de la politiquería tradicional, la misma a la que suponía venía a desterrar Gustavo Petro. Algo de verdad hay en eso pero lo cierto es que en las filas de Petro no hay nadie tan capaz como él para tender puentes con las fuerzas del centro y la derecha con el propósito de sacar adelante una agenda de izquierda.

El Pacto Histórico logró una votación gigantesca para Congreso: 20 senadores, que son muchos, pero menos de la quinta parte del Senado. Un número insuficiente que necesita el refuerzo de otros partidos. El prodigio que parecía imposible hace apenas unas semanas lo logró Roy Barreras con su conocimiento de la política tradicional, la mecánica parlamentaria y “el nadadito de perro” que le ha permitido ganar todas las elecciones de la temporada.

Hay buenas razones para que Roy no les caiga bien a sus compañeros de bancada pero nadie puede negar su eficacia política.

En su primera entrevista como presidente electo Gustavo Petro le dijo a Cambio que era imperativo luchar contra los sectarismos de izquierda y de derecha y concluyó: “Nosotros podemos izquierdizarnos, y decir que todo es para nosotros, el poder es para nosotros(…)  si la izquierda se ensoberbece nos aislamos, y si nos aislamos nos tumban”. Las razones pragmáticas del futuro mandatario son enteramente claras afuera de su partido pero no entre todos sus aliados.

El más dolido de todos parece ser Gustavo Bolívar, quien también ha sido su escudero más cercano durante los últimos cuatro años. Él dejó una exitosa carrera como guionista de series populares de televisión que ganaron audiencia nacional e internacional y que representaron ingresos multimillonarios para su creador. Renunciar a esa actividad fue un sacrificio económico y profesional que casi nadie le reconoce. Lo cierto  es que Bolívar puede ser un fenómeno como libretista, y nadie le quita los más de 116.000 votos que consiguió en 2018, pero sería un cero a la izquierda como presidente del Senado. En la larga historia del Congreso jamás alguien había perdido una elección para mesa directiva frente al voto en blanco. Le ocurrió a Bolívar cuando aspiraba a la segunda vicepresidencia del Senado. Por él votaron 40 legisladores y por el voto en blanco 48. Este insólito resultado, que además se repitió, muestra de manera elocuente la impopularidad de Bolívar al interior del Senado. Haberlo elegido presidente era una fórmula perfecta para el fracaso de las reformas de Petro.

Gustavo Bolívar no parece entenderlo del todo y a través de Twitter está dejando ver cotidianamente su disgusto. Hace unos días escribió una columna titulada “Una sola golondrina sí hace verano” en la que reivindica su derecho a no votar por Roy Barreras: “Por eso, tendré que detenerme a pensar si es coherente con mi lucha y mis ideales ir el 20 de julio a votar por una mesa directiva del Senado que no representa la nueva Colombia que queremos construir, que no representa la esperanza de los nadies. ¿Tanto arriesgar y tanto sufrir para terminar votando por los mismos de siempre? Al final se sabrá si una sola golondrina es capaz de hacer verano”.

La evidente falta de cintura política de Gustavo Bolívar es inversamente proporcional a su capacidad de movilización de los seguidores más radicales del petrismo. Bolívar se convirtió en el dirigente más cercano a la primera línea y a los militantes de izquierda más petristas que Petro. Por eso su alejamiento de las directrices puede alborotar la bodega y tensionar la calle. Gustavo Bolívar puede ser el más mediático de los opositores a los acuerdos con los partidos tradicionales pero no es el único. Al interior del Pacto Histórico crece silenciosamente el rechazo a Roy Barreras, el exitoso constructor de la bancada de gobierno. La senadora electa Piedad Córdoba no desaprovecha oportunidad para sugerir que Barreras fue el artífice de su suspensión en plena campaña y el cerebro de la arremetida en su contra. Córdoba asegura que se posesionará, a pesar de la solicitud de Petro, y a partir del 20 de julio Roy tendrá que vérselas con ella. La línea Francia dentro del Pacto tampoco está convencida de la bondad de llevar a Roy a la presidencia de la cámara alta. La propia vicepresidenta, en una entrevista con Telepacífico, marcó distancia frente a Roy antes de la señal de Petro.

Al ser consultado sobre las inconformidades que despierta su nombre, Roy Barreras, curtido en mil batallas, respondió: “Tengo el apoyo de 62 senadores. Esta es una decisión del presidente electo y esa minoría del Pacto puede declararse en oposición al presidente Petro”.