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Conflicto armado en Colombia

La falsa desmovilización que unió para siempre a Otoniel, al EPL y al general Barrero

Tras su captura y detención en los edificios de la Dijin, Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, no ha podido entregar de manera reservada su testimonio ante la Justicia Especial para la Paz (JEP). Es el único testimonio que sobrevive y guarda este y otros secretos de la guerra.

En 1996, campesinos del Alto Sinú le entregaron al entonces coronel Leonardo Barrero 142 guerrilleros del EPL para que los acompañara en su proceso de desmovilización, pero poco después fueron enviados no a la cárcel sino a la finca Cedro Cocido, en Montería, que estaba bajo el control de los hermanos Castaño. Un año más tarde, los campesinos vieron cómo esos mismos hombres, esta vez con brazaletes de paramilitares, arrasaron con todo, quemaron casas y cortaron cabezas.

Por: Edinson Bolaños

Los torturadores de Roberto Velandia* regresaron por él. No importó que los hubiese sacado de la guerra y entregado al Ejército, pues de todas maneras volvieron, uniformados, ya no como guerrilleros del Ejército de Liberación Popular (EPL) sino como paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Entonces le inyectaron gasolina en sus testículos mientras incendiaban su casa y las de otros 11 campesinos del Alto Sinú. Ese día esculcaron todas sus pertenencias hasta encontrar los documentos que guardaba con sigilo, pues allí estaban escritos los nombres de los 142 guerrilleros del EPL que él mismo, junto con otros campesinos**,** le entregó al coronel Leonardo Barrero Gordillo, comandante del Batallón Junín, en el puerto de Chibogadó, a mediados de octubre de 1996. Le pidieron que recibiera sus armas y los pusiera a buen recaudo de las autoridades judiciales, pues los rebeldes los tenían amenazados. Incluso, habían asesinado al líder social Rafael Aguilar.

La entrega se dio el 18 de octubre de 1996, a orillas del río Sinú, en ese puerto ubicado en zona rural de Tierralta. Los guerrilleros llegaron en unas 20 lanchas de motor que los campesinos prestaron para sacarlos del territorio. Previamente, los líderes campesinos se reunieron con el coronel Barrero y otros mandos militares para organizar el sometimiento. Los miembros del Ejército, incluso, les pusieron sobrenombres a los líderes para que no terminaran involucrados en procesos judiciales, y hasta les firmaron un pagaré como fianza de la gasolina para las lanchas.

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