
Sombreros para la paz
Crónica de un acto que convocó al campesinado y a las víctimas del paramilitarismo en una histórica región de la lucha por la tierra, con la presencia del Gobierno y de los propios victimarios, y en el que todos se comprometieron en una apuesta por la reconciliación.
Por: Antonio Sanguino
El sombrero vueltiao es, hoy por hoy, un símbolo de nuestra identidad ante el mundo. Pasó de ser utilizado por los campesinos caribeños en sus faenas diarias a su exhibición con orgullo por el legendario juglar vallenato Alejo Durán o los Gaiteros de San Jacinto, o como atuendo infaltable en fandangos, carnavales, fiestas populares y bailes folclóricos de nuestro mágico Caribe.
Ese mismo sombrero vueltiao que usó Carlos Lleras Restrepo en sus recorridos por la costa Atlántica como candidato presidencial liberal en 1966, y que popularizó Gabo en el mundo como si hiciera parte del prodigioso Macondo, fue el símbolo de un inspirador acto de reparación, reconciliación y paz ocurrido el pasado jueves 3 de octubre en el Coliseo Happy Lora de Montería. Salvatore Mancuso, el exjefe paramilitar le entregó su sombrero vueltiao con un mensaje bordado a favor de la paz total al presidente Gustavo Petro y este, a su vez, le retornó el gesto confiándole el suyo.
Se trata de un sombrero cargado de potentes simbologías. Es de origen zenú, la civilización indígena que surgió y se instaló en las anchas y fértiles sabanas del río Sinú, situada en lo que hoy son los departamentos de Córdoba y Sucre. La prenda, que se fabrica con mayor fuerza en poblaciones como Tuchín (Córdoba), se elabora con hojas de la caña flecha, palma endémica del trópico americano cuyo trenzado circular representa la “concepción de unidad del universo y su devenir eterno”.
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