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Los pisasuaves, son las fuerzas especiales de los grupos ilegales para realizar acciones armadas.
Conflicto armado en Colombia

La estrategia de los pisasuaves, jóvenes entrenados para matar sin hacer ruido

Las llamadas fuerzas especiales de los grupos ilegales han causado la muerte de cerca de 30 uniformados en lo corrido del año en los departamentos de Cauca, Nariño, Guaviare y Meta. Alias Stiven, cabecilla del frente Carlos Patiño, de las disidencias de las Farc, y señalado de reclutar menores, fue capturado en el Cañón del Micay.

Por: Javier Patiño C

Liliana*, una joven de 15 años que permaneció cerca de un año reclutada de manera ilegal, recuerda el momento en que fue sacada de su casa en zona rural de El Tambo, Cauca, por hombres de esa estructura armada. Sus sueños de terminar noveno grado se vieron truncados con la llegada del grupo.

Con miedo llegó a un campamento comandado por alias Stiven, encargado de instruir en técnicas de combate, manejo de explosivos y drones, pero, en especial, en el curso de pisasuaves: una unidad de fuerzas especiales diseñada para realizar ataques contra la fuerza pública.

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Durante un mes fue entrenada para acercarse en cuclillas y descalza a una estructura improvisada pintada de verde para camuflarse entre el follaje de la selva. “Con las manos abríamos el camino cubierto de hojas y, en medio del barro, dejaba mi pisada. En total silencio, y sin hacer movimientos bruscos, avanzábamos hasta llegar debajo de los camarotes de otros guerrilleros que dormían, sin que notaran nuestra presencia”, cuenta Liliana.

Se trata de una técnica exigente, en la que pocos logran aprobar por la dureza del entrenamiento, las largas jornadas sin alimento ni agua y la exposición a altas temperaturas. Quienes superan el curso obtienen privilegios dentro de la estructura.

“Muchos se desmayan por el calor, y el tinte del camuflado les produce quemaduras en la piel”, afirma la joven.

Los entrenamientos también se realizaban en la noche, donde aprendían técnicas de camuflaje y señales con destellos de linterna. “Íbamos vestidas con un top, una lycra, un par de puñales y una bolsa cargada de explosivos de fabricación artesanal”.

Cada día era más exigente. Recuerda que sus pies, brazos y pecho sangraban, y que las jornadas bajo la lluvia y el sol intenso le dejaron cicatrices en el rostro y fuertes dolores de espalda.

En su vida como integrante de las disidencias participó en operaciones que dejaron uniformados heridos y muertos. “Las imágenes me atormentan todos los días”, dice sobre los ataques que ejecutó por órdenes de alias Stiven.

Su vida cambió cuando, aprovechando la oportunidad de ir a comprar artículos de aseo, se encontró con un grupo de militares y les pidió ayuda para salir de la zona y evitar represalias del cabecilla.

Su pesadilla terminó con la libertad, aunque las secuelas persisten. “Me despierto viendo la cara de los uniformados, el sonido de los disparos y los explosivos que en varias ocasiones lancé. Mis manos se mueven y estoy viva. Sé que el Estado no me devolverá mi virginidad, ni mi dignidad, ni mi niñez, pero estoy aprendiendo a vivir con esto”.

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¿Quiénes son los ‘pisasuaves’?

De acuerdo con inteligencia militar, estos grupos surgieron a comienzos de los años 2000, tanto en el ELN como en las antiguas Farc. Están entrenados para mimetizarse en el ambiente, permanecer inmóviles durante horas y avanzar lentamente sin ser detectados, con el fin de asesinar centinelas, infiltrarse en instalaciones militares, hurtar armamento o instalar campos minados.

Los ‘pisasuaves’, también llamados ‘zorros’, operan en pequeños grupos. Su indumentaria suele incluir fusil, pistola 9 milímetros, puñal con garfio, granadas de mano, traje enterizo en licra negra o pixelada y explosivos improvisados. La dificultad para identificarlos radica en que logran camuflarse perfectamente con el entorno natural, limpiando el terreno para no hacer ruido, moviéndose de manera sincronizada y utilizando señales mudas.

Según fotografías conocidas por CAMBIO, estos equipos incluso pintan su rostro y prendas para reforzar el camuflaje.

De acuerdo con cifras del Ejército y del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), desde 1999 han ingresado 4.924 menores al Programa de Atención a Niños, Niñas y Adolescentes Desvinculados del Conflicto Armado. Un número que refleja la magnitud de un drama que no cesa. Además, según las autoridades, esta modalidad de ‘pisasuaves’, que suelen ser menores, ha sido identificada en Norte de Santander, Nariño y Cauca, regiones donde se concentra el cultivo y tráfico de drogas.

La captura de alias Stiven

En combates desarrollados en el Cañón del Micay, tropas de la Tercera División del Ejército capturaron el lunes primero de septiembre a alias Stiven. El cabecilla era el encargado de reclutar menores, utilizarlos en la adecuación de drones cargados con explosivos y coordinar rutas de narcotráfico hacia Centroamérica y Estados Unidos bajo órdenes de alias Iván Mordisco, máximo jefe de esa disidencia.

Alias Stiven también coordinaba enclaves de producción de clorhidrato de cocaína en las veredas El Filo y Llano Grande, controlaba rutas hacia el Pacífico y supervisaba actividades de minería ilegal, extorsión y secuestro, lo que lo convertía en un actor criminal de alto valor dentro de la organización.

En la operación se incautaron fusiles M4, una pistola, más de 2.000 cartuchos de distintos calibres, 49 proveedores metálicos, explosivos con detonadores eléctricos, uniformes de campaña, chalecos y otros elementos logísticos con los que pretendían ejecutar atentados en el suroccidente del país.

* Nombre cambiado por seguridad.

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