
Volver a entendernos: una necesidad apremiante en un mundo polarizado
En un contexto atravesado por la polarización, la sobreinformación y los discursos extremos, la escritora y jurista argentina Paula Winkler reflexiona para CAMBIO Colombia sobre la crisis del lenguaje, el desgaste de las certezas ideológicas y la necesidad de reconstruir una ética de la convivencia desde el pensamiento crítico y la experiencia cotidiana.
Por: Paula Winkler
Después de décadas dedicadas al Derecho, la función pública, la docencia universitaria y el estudio de las Ciencias de la Comunicación, Paula Winkler llegó a una conclusión incómoda: comprender el mundo no depende solamente de acumular conocimiento, sino también de revisar desde dónde pensamos, hablamos y juzgamos a los otros.
En su último libro-ensayo titulado Un giro hacia la sensatez. Apuntes para una buena (con)vivencia, publicado y presentado por Casa Bukowski en Chile, la autora propone una reflexión sobre los efectos de la polarización, las “pequeñas verdades” ideológicas y la creciente distancia entre las palabras y la experiencia real de las personas.
Frente a sociedades atravesadas por discursos enfrentados y prejuicios convertidos en certezas, Winkler invita en este texto a recuperar una conversación más crítica, menos reactiva y más consciente de la complejidad humana. CAMBIO reproduce su reflexión.
Invitación a mejorar la calidad de las conversaciones
“Comparto mi experiencia sobre el conocimiento en distintas disciplinas: me retiré de la docencia universitaria, ya no ejerzo la profesión de abogada (soy jurista) y si bien, durante casi 30 años me desempeñé en un cargo jurisdiccional en materia tributaria, estudié Ciencias de la Comunicación. Fui acumulando diversas capas cognitivas, sobre todo lo relacionado con pensamiento contemporáneo. Gracias a tanto estudio y a la vida misma comencé a mirar distinto.
Argentina se independizó de la Corona española. Provienen los patricios de la corriente del Virreinato del Río de la Plata. Otros países latinos, de la corriente del Alto Perú, no poseen los mestizajes nuestros con los criollos, en el sentido de que muchos descendemos de los barcos europeos. Buenos Aires se ha llevado las palmas, no sólo como ciudad portuaria: la lucha entre federales y unitarios dio a luz la Constitución de 1853, reformada en los noventa. Sin embargo, aunque república federal, continúa habiendo coparticipación en materia tributaria centralizada en el gobierno nacional.
Pensar y crear entre dicotomías y debates polarizados es difícil pero imprescindible: una palabra no devaluada, de la que cada uno debería poder rescatar sus significantes, ayudaría a interpelar y a comprender la vida cotidiana. Sobre todo hoy, cuando la moral ha fracasado (no sólo en América Latina) y se olvidaron algunos paradigmas éticos (se suponían sustitutivos de la moral religiosa de los dogmas), los ciudadanos de a pie actúan reactivamente.
El poder no deja de ser la relación entre un sujeto que tiene algo de lo que carece el otro; es tautológico: se sustenta en la falta, que es universal y produce en el imaginario la sensación de exceso, sometiendo el uno al otro. Lo que ayudaría a la paz sería reconocer que es tan dañino el poder cuando se ejerce desde el púlpito que cuando se aplica (sádicamente) desde un abreviado espacio.
Por razón del bona fides existente en todo logos, en el pensamiento se trata de ver la geometría desde la que “se elige” teorizar. Y también la localización epistemológica: si se lo hace desde una cátedra, como funcionario, investigador, etcétera; si se piensa desde el Norte siendo del Sur, por ejemplo. Hay núcleos simbólicos en la comunicación política que pueden ser revisados, y esta lectura de terceros constituye la autocrítica y el antídoto contra la romantización de los discursos polarizados y la abstracción de las ideas.
Tal abstracción produce una distancia que llamo “maldita” entre lo que se nombra originariamente y aquello en lo que se convierte el nombre que circula luego al infinito (con mucha opinión y malentendidos).
Las grietas ideológicas, la propaganda engañosa y el periodismo alimentado con la irracionalidad de los prejuicios aunque a menudo disfrazados de objetivada información, imponen al ciudadano de a pie el andar nadando a la vera de una orilla o de la otra.
Las "pequeñas verdades"
Entonces se suceden las “pequeñas verdades” de las que hablaba Friedrich Nietzsche. Comprender no es solo conocer. El conocimiento nos acerca a una idea objetiva de los hechos como herramienta eficaz pero sesgada. Así, verbigracia, quien no ha estudiado Derecho, no alcanza a coordinar las normas con la jurisprudencia ni a poder elegir cuál es cuál en cada situación de conflicto, ignora incluso dictámenes legales de la autoridad de aplicación pasibles de impugnación y el vencimiento de los plazos que sobrevuelan la materia.
Después, quien se gradúa e inscribe en la matrícula, llega a ser juez o como abogado debido a sus estudios exhaustivos, pasa a ser reconocido en obra y prestigio, se integra a una comunidad (asociaciones de abogados, asociaciones de magistrados, universidades, academias, cátedras, etcétera).
Todo esto ayuda, pero insuficientemente porque una comunidad si bien no es una cofradía, a menos que se vuelva hermética y excluyente, no siempre divulga.
La hermenéutica práctica, la recuperación de nuestros significantes sin dejarnos manipular por terceros, nos desafía a una tarea enorme: olvidarnos de banalizaciones. Y esta tarea no le pertenece solo a una escuela filosófica, es histórica y territorial y dinamiza las ideas. Se requieren tiempo y prudencia para forjar la paz entre naciones.
Y esa paz empieza por casa si reconocemos que no todo pensamiento se debe solo a la razón. No es cierto que fuera de él haya solo emocionalidad y sinsentido. Precisamente lo que continúa haciéndonos daño es que cada uno de nosotros considere que salva al otro desde la pequeña dimensión interna en que se desempeña intelectual o profesionalmente.
Nada se logra sin trabajo: se trata de reconstruir una ética acorde a estos acelerados tiempos, dejar de vivir en la ciudad prohibida que cada disciplina crea lingüísticamente para sí. Saber leer, intentar volver a nuestros significantes constituye una acción esperanzada. Insistir en educación sin que se comience en la matriz familiar, cualquiera que sea esta, hará que sigamos repitiendo como Sísifo”.

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