
“Descubrí que tenía un arma de comunicación muy grande y no podía ser tan pendejo de renunciar a ella”: Daniel Samper Ospina
Daniel Samper Pizano explora en su novela ‘Serafín’ diversos temas que considera de gran relevancia y que en su opinión era necesario explorar desde los terrenos de la ficción narrativa.
Por: Eduardo Arias
Serafín era un perro calvo que nadie volteaba a mirar. Hasta que Daniel Samper Ospina, su esposa y sus dos hijas decidieron adoptarlo. El libro que lleva su nombre es una novela basada en ese hecho real que Samper utiliza como plataforma para hablar de otros asuntos a los que se refiere en clave de ficción literaria, tales como la crisis de la edad mediana, la calvicie, el cada vez más engorroso ejercicio de hacer humor y periodismo en estos tiempos que corren y la convivencia familiar.
Daniel Samper Ospina nació en Bogotá en 1974. Escritor, periodista, comediante y youtuber, ha ganado en distintas ocasiones el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, el Premio CPB a la mejor columna de opinión y varias estatuillas India Catalina. Ha escrito diez libros y su canal de YouTube cuenta con cerca de un millón de seguidores. Ha creado y representado cuatro obras teatrales. Esta es su primera novela. CAMBIO habló con él acerca de Serafín y de otros temas relacionados con la carrera del autor.
CAMBIO: Comencemos con la pregunta obvia pero inevitable. ¿Por qué decidió escribir una novela?
Daniel Samper Ospina: De todas las cosas que quería decir había algunas que de otra manera me iba a quedar imposible hacerlo: la crisis de la mediana edad, el luto que produjo la muerte de mi perro favorito y este cambio de eras que hace que tener la edad que tengo y dedicarme al oficio que me dedico sea tan difícil. Vivimos en un mundo en el que fuimos criados para ejercer el periodismo convencional, y vimos con horror cómo la trituradora digital borró nuestro oficio, al menos en la forma en que lo sabíamos hacer. Además, quienes nos dedicamos al humor hemos visto también con horror cómo la dictadura de la corrección política fue allanando nuevos espacios y hacer humor es prácticamente un acto suicida, salvo que uno recupere su material más afilado con algodones.
Recogiendo todas las cosas que quería decir me di cuenta de que la única forma era a través del riesgo de aventurarme a escribir mi primera novela, mi primera obra de ficción.
CAMBIO: ¿Qué lo decidió a ponerse manos a la obra?
D.S.O.: Me animé a hacer la novela porque desde que recibí el consejo de hacerla de un buen amigo novelista, que es Ricardo Silva, tomé esa misma voz de las columnas y con eso pude aventarme sin mayores temores a escribirla.
CAMBIO: ¿Qué tan real y qué tan ficticio es o que se lee en Serafín?
D.S.O.: Está inspirada en la vida real. Toda la historia de mi perro Serafín sí sucedió. Esa es prácticamente una vertiente periodística del libro. Todo lo que pasa con Serafín es una crónica de un perro rechazado por ser calvo. Pero hay muchos elementos de ficción que permitían enlazar la historia, hacer que distintas piezas lograran encajar y le dieran una especie de evolución narrativa al relato. Por ejemplo, el infarto. Es la historia de una persona que sufre un infarto y esto sucede desde la primera página y esa persona soy yo. Ese infarto nunca sucedió, pero era clave para enlazar toda esa especie de bucles de angustia que padece el personaje.
El personaje está inspirado en una persona parecida a mí y la novela la escribí con la primera persona con la que yo suelo escribir las columnas de los Danieles y de CAMBIO, que es una primera persona ficticia. Cuando yo pongo diálogos familiares, conversaciones con mis hijas en las columnas son inventos, son recursos narrativos.
CAMBIO: Algo que está presente a lo largo del libro, no solamente dicho sino también implícito, es el hecho de burlarse de usted mismo. ¿Por qué utilizar se recurso?
D.S.O.: Porque, primero que todo, les quita las armas a los enemigos. Si un enemigo ve que uno se ríe porque es calvo, idiota o lo que sea, se da cuenta de que adjetivos como calvo o idiota no le hacen mella a uno. Entonces inactiva sus propias armas. También porque la autoburla es una autorización para burlarse de otras cosas.
Si la gente ve que uno se está burlando de uno se vuelve un poco más elástica en el momento en el que uno se burle de los demás. Se entiende que eso empieza a ser un lenguaje medio general y no una especie de mira de fusil apuntada únicamente a unos blancos.
CAMBIO: ¿Por qué dice usted que se volvió tan complicado hacer humor?
D.S.O.: La corrección política llegó a niveles que dejan de ser saludables y se vuelven francamente ridículos. Yo siempre he defendido los derechos de las minorías, pero creo que cierta cultura woke exacerbó eso hasta unos límites en los cuales uno tiene que mostrar su respeto, por ejemplo, por una señora que hace poco se declaró ecosexual. Se autopercibió como una mujer que sentía pulsaciones eróticas por un árbol, en concreto por un algarrobo que se encontraba más o menos cerca de su casa. Si persiguen el derecho que uno tiene a burlarse de esos excesos, pues las sociedades van a quedar totalmente enclaustradas en sí mismas, claustrofóbicas de sus propias posturas correctas.
Entonces, este libro también quería ser un desahogo contra eso, un desahogo contra la casa Mattel cuando le dio por sacar Barbies gordas, contra McDonald's cuando le da por sacar ensaladas saludables, por todos estos gestos de esta sociedad tonta que ahora trata de quedar bien con ese tipo de productos que suelen hacer la venia ante lo políticamente correcto.
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CAMBIO: Me dio la sensación de que cuando vino el youtuber chileno Germán Garmendia a la Feria del Libro de Bogotá todos los escritores estaban furiosos. Usted hizo un primer YouTube paródico y se dijo: “Un momentico, por aquí es la cosa”. ¿Es así?
D.S.O.: Fue tal cual así. Como lo digo en la novela sucedió en la vida real.
CAMBIO: Aunque con nombre cambiado. Usted lo llama Beto Botero…
D.S.O.: Cuando vino Germán Garmendia tenía un libro a la venta y la editorial me organizó una firma en Corferias. Yo fui a la firma. La sede de Corferias estaba a reventar, parecía un vagón de TransMilenio en 'horas pico'. Nunca la había visto yo tan llena y cuando le pregunté a la persona de la editorial por qué estaba tan llena me dijo que era porque estaba Germán Garmendia en el recinto. La única persona que reaccionó entre quienes estaban conmigo fue mi hija menor. que tenía en ese momento 8 años, me dijo: "Aquí está Germán Garmendia, de verdad, el chileno". Yo le pregunté a qué movimiento literario pertenecía el maestro Garmendia, si era heredero de Huidobro o de Neruda, y me dijo que no fuera bruto, que era un youtuber. Yo de verdad no sabía muy bien que era un youtuber.
CAMBIO: Recuerdo muy bien ese día. Yo presenté un libro del novelista Mauricio Bonnett y era imposible conversar por el ruido tan grande que había.
D.S.O: Durante la firma de mi libro, mi hija me lo mostró con el celular, aprovechando que la fila estaba compuesta por cinco personas, una bola de heno que pasaba, mi tía y dos personas que me confundieron con mi papá. Entonces tuve todo el tiempo libre para poder descubrir lo que era un youtuber.
CAMBIO: ¿Y cómo surgió ese primer 'YouTube' suyo?
D.S.O.: Esa semana no hubo mayores noticias en Colombia, pese a que este es un país tan convulsivo, epiléptico y lleno de noticias. Entonces, en mi columna de Semana de ese momento se me ocurrió que el tema, del que todo el mundo estaba hablando, podía ser el de los youtubers llenando las ferias de los libros como no eran capaces de hacerlo los escritores. Había muchos intelectuales haciendo pucheros, ofendidos de que ahora los youtubers vendieran libros en las ferias del libro. Y se me ocurrió, por mamar gallo, acompañar la columna con un video que era para vender libros: si ahora hay que volverse youtuber, pues me voy a volver youtuber. Seré el primer youtuber mayor de 40.
CAMBIO: Y por lo visto le quedó gustando…
D.S.O.: A ese video le fue tan bien que yo descubrí que tenía un arma de comunicación muy grande y no podía ser tan pendejo de renunciar a ella. Lo que en determinado momento fue un chiste de una única vez decidí prolongarlo y terminar haciendo más videos y montando un canal digital del que ahora hoy en día vivo.
CAMBIO: ¿Considera usted que el periodismo a la antigua desapareció o podría pensarse que este es un momento de ebullición en que todo es muy nuevo, muy rápido y en algún momento vamos a llegar a una convivencia pacífica como terminó pasando con televisión y cine, televisión y radio, novela y cine, cine y teatro?
D.S.O.: Creo que el periodismo es más necesario que nunca porque en la medida en que haya más influenciadores disfrazados de periodistas, más bodegas y más fenómenos de opinión prefabricados con intereses políticos, más necesaria es la labor fiscalizadora del periodismo. Mientras más líderes políticos procuren instalar su propaganda como si fuera la única verdad, más necesario es el periodismo para demostrar que es propaganda y que esa no es la verdad.
CAMBIO: Pero, ¿cómo sobrevivir ante la avalancha de información efímera y los hábitos de consumo audiovisual que ha generado?
D.S.O.: Este es el momento en el que es más necesario que el periodismo se transforme. Creo que estamos en esa transición. El periodismo se enfrenta a muchísimos retos, de los cuales el más importante es volverse autosostenible. ¿Cómo transformarse al mundo digital, pero al mismo tiempo monetizar como generalmente se monetizaba en el sistema convencional para poder sostener las salas de redacción? Creo que es lo que se está buscando. Estamos apenas en un momento de búsqueda. Hay ejemplos que muestran que sí se puede hacer. Además, lo curioso es que no hay que seguir necesariamente una misma receta. En el esfuerzo de volverse autosostenible ha habido intentos diversos que han sido válidos. Pero es un momento muy difícil, un momento de cambio, parecido al que vivieron los amanuenses cuando Gutenberg inventó la imprenta. Es decir, un mecanismo que logró democratizar el conocimiento. Creo que por eso mismo es más necesario que muchos amanuenses empiecen a convertirse urgentemente en impresores.
CAMBIO: A todas estas, cuéntenos algo de su relación con Serafín.
D.S.O.; Todo es real. La historia de Serafín que cuento en el libro sucedió tal cual. La Unidad de Cuidado Animal la dejó la Alcaldía de Enrique Peñalosa y yo siempre se lo quiero reconocer en público porque convirtió la vieja Perrera Distrital en un sitio maravilloso, amplio, digno, con grandes jardines y con excelentes veterinarios e incluso con servicio de ambulancia veterinaria que ayuda, cuida, recoge y protege a los perros maltratados de la calle.
CAMBIO: ¿Cómo llegó Serafín allá? ¿usted conoce esa historia?
D.S.O.: Serafín llegó con un servicio de ambulancia por una riña aparentemente callejera en la que se involucró con otro perro, lo que le costó además media oreja. Serafín tenía una cicatriz muy grande en la oreja: tenía prácticamente media oreja desprendida. En la unidad de Cuidado Animal lo recogieron en una ambulancia, lo curaron y generalmente lo que hacen con esos perros después de sanarlos es sacarlos a jornadas de adopción y Serafín rompió el récord de no adopción en esas jornadas. Salió creo que a 12 jornadas y nadie lo volteaba a mirar y era por una condición que es extraña en los perros pero que existe. Serafín tenía la piel muy negra y tenía los pelos color mostaza, entonces el contraste de colores hacía pensar en una enfermedad infecciosa, o que estuviera quemado y la gente lo rechazaba.
CAMBIO: ¿Usted cómo supo de Serafín?
D.S.O.: Las noticias informaban que había un perro en la unidad de Cuidado Animal que se llamaba Serafín y nadie lo adoptaba porque era calvo. Cuando supe la noticia dije en la casa que debíamos adoptarlo. Ya teníamos cinco perros. Todos dijeron que ya había suficientes perros por un lado y suficientes calvos por el otro. Pero al día siguiente timbraron, yo bajé y cuando abrí entraron mis hijas y mi esposa. Con ellas entró el perro más feo que yo había visto en mi vida, con un moño gigante rojo. Desde ese día, hasta el día de su muerte, nunca se me despegó.
CAMBIO: ¿Así de fuerte fue la relación?
D.S.O.: Serafín solamente tenía dos formas de vivir. Una era plegado a mí como si fuera mi sombra, sin importar dónde yo estuviera. Incluso sobre el escenario. Más de una vez salió conmigo a las presentaciones. La otra forma era pararse en dos patas en la ventana que daba a la calle de la puerta para esperarme, para ver cuándo llegaba yo. Esa foto está en la novela, al final del libro. Se convirtió en la prolongación más valiosa de mi vida, en el ejemplo de lo que puede amar un perro y que, a diferencia de un ser humano, es capaz de querer sin ningún tipo de condiciones. Alguien decía que la diferencia entre un perro y un humano es que al perro nunca se le pasa el amor. Yo pude ser testigo de eso con mi amigo Serafín.
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