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'Todos mis viajes son viajes de regreso' de Manuel Ponce de León
Cultura

“¿Quién decide qué puede ser una película latinoamericana?”: Manuel Ponce de León

Manuel Ponce de León y la actriz Camila Bejarano Wahlgren durante el rodaje de la película 'Todos mis viajes son viajes de regreso'. Foto: Gabriela Molano

‘Todos mis viajes son viajes de regreso’, inspirada libremente en el universo de León de Greiff, llega al Festival de Locarno después de nueve años de trabajo. Su director, Manuel Ponce de León, habla de viajeros, fantasmas y nostalgias; de las expectativas que pesan sobre el cine colombiano; y de la circulación de una obra que propone al espectador completar el viaje.

Por: Juan Carlos Lemus

CAMBIO: ¿Cómo presenta usted la película?

Manuel Ponce de León: Parte de la historia de una pareja sueca, basada muy libremente en los antepasados de León de Greiff, que llega a Colombia a comienzos del siglo XIX, después de las guerras de independencia. Vienen a administrar unas minas de oro y emprenden un viaje por el río Magdalena en un champán, una de aquellas embarcaciones enormes que navegaban sus aguas. Para rodar tuvimos que construir uno, porque ya no existen.

A medida que avanzan, la mina se vuelve inalcanzable. El viaje entra en un territorio enrarecido, casi surrealista, poblado por personajes que llevan décadas perdidos en el río. La pareja también comienza a extraviarse en su relación y en las nostalgias de la tierra que dejó atrás. El recorrido geográfico se convierte en uno interior y termina desplazándose hacia el presente.

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Manuel Ponce de León. Foto: Elisa Triana-

CAMBIO: Cuando la vimos en familia, empezamos a elaborar hipótesis: que eran fantasmas, que estaban atrapados en otro tiempo, que el desenlace sugería una reencarnación. La película obliga a buscar dónde poner los pies. ¿Era esa desorientación parte del proyecto?

MPL: Sí. Me interesa una película que funcione como experiencia antes que como explicación. Los personajes viajan por un territorio concreto, pero también por la memoria, el deseo y la pérdida. La película propone conexiones y deja que el espectador las complete. Ese trabajo crea un vínculo más duradero. Uno participa en su construcción.


CAMBIO: Una obra así parece difícil de financiar e incluir en festivales. ¿Cómo llegó a Locarno?

MPL: Fueron nueve años de trabajo. La película carecía de evidencia histórica directa y tampoco ofrecía un comentario político fácilmente identificable. Eso la alejaba de las categorías con las que suelen leerse y financiarse ciertas películas latinoamericanas.
El punto decisivo fue Ventana Sur, en diciembre de 2024. La presentamos en Primer y Segundo Corte. Allí la vio Pamela Biénzobas, programadora de Locarno. En ese momento duraba dos horas y media; ahora dura una hora y veinte minutos. Y tiene otro final. Pamela mantuvo el interés durante todo el proceso. Quiso tenerla para la edición de 2025, pero todavía faltaba rodar. En 2026 se la mostramos terminada y entró al festival.

CAMBIO: Locarno supone también una validación europea. Los festivales suelen privilegiar una idea reconocible del 'cine colombiano', ligada a las periferias, al narcotráfico o a la guerra. Su película circula por otro lado.

MPL: El cine construye identidades, lenguajes y lecturas territoriales. Por eso, los cineastas de las periferias debemos preguntarnos quién decide qué formas y qué temas representan a nuestros países.
El cine colombiano que aborda las violencias responde a realidades que requieren atención y ha surgido de una sensibilidad y un compromiso legítimos. La dificultad surge cuando ese campo termina por convertirse en una definición cerrada de lo colombiano y reduce el espacio para la imaginación, la poesía o las formas narrativas distintas.

A mí me han dicho incluso que esta película “no es cine latinoamericano”. La pregunta inmediata es: ¿quién define qué es el cine latinoamericano? Todos mis viajes cuentan el encuentro entre europeos y colombianos, pero me interesa sobre todo una atmósfera histórica y surreal. Su llegada a Locarno amplía ese campo de posibilidades.

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Escena del rodaje de 'Todos mis viajes son viajes de regreso'.

CAMBIO: El sistema condiciona también desde la financiación. Europa aporta dinero e influye en las historias que resultan elegibles para sus fondos y festivales. ¿Cómo funcionó la coproducción?

MPL: No conseguimos las coproducciones tradicionales, en las que un socio accede a fondos públicos y aporta alrededor del 20 por ciento. Terminamos trabajando desde una lógica más cooperativa que desde una financiera.
La produjo Los Niños Films, la compañía que varios amigos y yo fundamos, junto con otras productoras colombianas. Funcionamos como un grupo. En una película uno produce; en otra hace fotografía o asistencia de dirección. También hubo colaboradores en Francia, Suecia y México con participaciones menores. Fue una red basada en el intercambio de trabajo, recursos y confianza.

CAMBIO: ¿Cómo encontraste a los actores suecos desde Colombia con el presupuesto que tenían?

MPL: Buscar actores suecos desde Colombia era bastante complejo. Probamos en distintos países del continente hasta que apareció Camila Bejarano Wahlgren, una actriz colombo-sueca. Vino a Bogotá a visitar a su abuela y rodamos un teaser con ella que nos ayudó a conseguir financiación.

Entonces ocurrió una coincidencia, casi como si la propia película la hubiera escrito. Cuando Camila contó en su familia que el proyecto estaba inspirado en León de Greiff, descubrió que el poeta había sido amante de su tía abuela. Llegó al rodaje con cartas de amor manuscritas y firmadas por él. Después nos presentó a Fredrick Lundin, quien interpreta a Karl. La película se fue armando mediante esa clase de confabulaciones.

CAMBIO: Y luego apareció Denis Lavant, que parecía aún más improbable...
MPL: Su personaje está inspirado en el viajero francés Gaspard-Théodore Mollien. Yo pensaba que Denis era perfecto, aunque parecía una fantasía. Unos amigos franceses habían tenido contacto con él y aceptó reunirse conmigo en París. Le hablé durante casi dos horas de Mollien, de León de Greiff y de la película. Al final se levantó y dijo: “Esta película me compete. Cuenten conmigo”.
Vino por un pago casi simbólico a Colombia por veinte días. Rodó en el Magdalena, caminaba descalzo por Honda todavía vestido como el personaje y se sentaba a comer pescado en cualquier restaurante. Conserva algo muy extraño en un actor de su reconocimiento, y es esa relación con el oficio protegida de la fama.

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CAMBIO: La película exige tiempo, subtítulos y disposición para completar sentidos. El público comercial ha sido educado en la dirección contraria. ¿Existe una audiencia real?

MPL: Estoy convencido de que sí. El circuito especializado de festivales, crítica, cinematecas resulta fundamental, y Locarno ha defendido históricamente miradas singulares. Pero el público potencial es mayor que aquel al que logramos llegar.

En Colombia, una película como esta puede considerarse exitosa con 7.000 o 15.000 espectadores, aunque probablemente termine con 3.000. El reto consiste en conectar con su nicho. Habrá que explorar espacios alternativos a las salas comerciales y otras formas de circulación.

Hay espectadores interesados en un cine sensorial, capaz de hacer preguntas y dejar emociones abiertas. La vida tampoco se presenta como una narración completamente ordenada. Interpretar una película puede producir una sensación de participación y una relación más intensa con lo visto.

CAMBIO: Después de Locarno, ¿qué sigue?

MPL: La película nació como un proyecto más amplio y delirante, de cinco capítulos. Uno transcurría en Korpilombolo, un pueblo sueco situado sobre el Círculo Polar Ártico, donde se celebra un festival inspirado en Gaspar de la Noche, uno de los heterónimos de León de Greiff. Otro se desarrollaba en Bolombolo, Antioquia, amenazado por las aguas del río Cauca.

Con el tiempo entendí que reunir todo en una sola película era una mezcla de ingenuidad, inmadurez y cierta megalomanía. Pero ese universo sigue vivo. Quizás la próxima película esté allí, esperando su propio viaje de regreso.

Este es un extracto de la charla completa que está publicada en Cine con Acento Podcast

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