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Capitolio y Plaza de Bolívar
Plaza de Bolívar y Capitolio Nacional, símbolos de la democracia.
Cultura

2050: la Colombia soñada

Sesenta y cinco autores de diversas disciplinas y pensamientos elaboraron una serie de textos en los que examinan el presente del país y proponen estrategias para defender la democracia y enfrentar los desafíos que en el año 2050 Colombia sea, un país con futuro.

Por: Eduardo Arias

Colombia 2050 es un libro que reúne a 65 autores de tradiciones políticas, académicas y profesionales diversas para pensar en el país que todos queremos construir. Este libro lo coordinaron y editaron Fernando Carrillo Flórez y Andrée Viana. Su objetivo es reunir una agenda estratégica para enfrentar los grandes desafíos que aún no ha podido superar Colombia para lograr la equidad, la seguridad, un ambiente sano y una productividad sostenida. También propone mecanismos para mejorar asuntos fundamentales como la educación, la salud, la justicia, la gobernabilidad y la sostenibilidad del país. En Colombia 2050 se examina en profundidad cómo es el presente del país y, con rigor y audacia, invita a defender la democracia e imaginar un futuro mejor para todos.

Fernando Carrillo Flórez es abogado socio economista, máster en Leyes y Finanzas Públicas, y Administración y Políticas Públicas. Fue promotor del movimiento de la Séptima Papeleta, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y presidente de la Comisión de Justicia. Ha ocupado importantes cargos en los sectores público y privado. Entre ellos, fue procurador, embajador y ministro de Justicia e Interior.

Andrée Viana Garcés es abogada, especialista en Derecho Administrativo y máster en Derechos Humanos. Fue directora de Consulta Previa, procuradora delegada de Asuntos Agrarios y Restitución de Tierras, encargada del capítulo étnico del Acuerdo de Paz en la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, magistrada auxiliar del Consejo de Estado y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). CAMBIO habló con Fernando Carrillo acerca de Colombia 2050.

CAMBIO: ¿Cómo nació la idea de este libro, que considero casi un trabajo enciclopédico?
Fernando Carrillo Flórez: En 2018, en la Procuraduría General de la Nación creamos un espacio de reflexión y diálogo social que bautizamos como las “Cumbres de Dialogo Social” en las cuales reuníamos personas de diversos orígenes políticos, ideológicos, territoriales y sociales que nunca se habían sentado juntos en una mesa a buscar convergencias. El resultado fue sorprendente después de seis cumbres a lo largo del país, en términos de los documentos de consenso que se produjeron y de un esfuerzo de largo aliento que hoy se llama “Valiente es Dialogar” que coordina Myriam Méndez Montalvo y que es talvez una de las plataformas más importantes de dialogo social que hoy existen en Colombia.
A partir de comienzos de 2024 comenzamos a vislumbrar con la profesora Andrée Viana el ambiente de violencia verbal, extremismo y radicalización que se cocinaba en Colombia y después de un Festival de las Ideas en Villa de Leyva llegamos a la conclusión de que debíamos hacer un esfuerzo de poner el debate público en el marco de la moderación, la ecuanimidad y el equilibrio. Lejos del sectarismo y la alienación política que luego se tornó evidente cuando se inició la campaña electoral y se atentó contra la vida del candidato Miguel Uribe Turbay. Lo debatimos con varias personas de sectores incluso antagónicos y ya tomó fuerza la idea en 2025 para dar el paso de hablar con varios profesores expertos en prospectiva de la Universidad Nacional y Externado, y algunos otros que habían hecho esfuerzos similares en Chile, España y México pensando, no en el pasado, sino en el futuro de Colombia.

CAMBIO: ¿Los ejes del libro cómo los escogieron y agruparon?
F.C.F.: La premisa mayor del libro era que con la Constitución de 1991 y con los instrumentos que brinda la democracia tenemos un arsenal de principios, valores e instituciones suficientes para mirar a Colombia a un cuarto de siglo adelante y enfrentar con eficacia sus problemas.
Particularmente, en el caso de las políticas sociales respecto de las cuales sigo convencido de que la Constitución ha sido el motor de generación de esas políticas alrededor de una casa de máquinas que creamos en 1991 que se llama la Corte Constitucional de Colombia.
Arrancamos de una consideración del triple desafío –que a su vez es la triple promesa– de los gobiernos democráticos en America Latina: combatir la desigualdad, la violencia y la corrupción como ejes temáticos del libro; y de allí se fueron desgajando todos los demás temas. Llegamos a una lista de 20 sectores que a la postre se convirtieron en maá de 30 capítulos que hoy facilitan la lectura del libro.

CAMBIO: ¿Cómo fue la selección de los autores?
F.C.F.: Ahora que estamos en época de empalme de gobierno, en la vida tuve la fortuna de estar muy cerca de la conformación de dos gabinetes presidenciales, una vez en 1990 y otra exactamente dos décadas después en 2010. En los dos casos, la orden del presidente de turno era encontrar los mejores expertos en cada sector del desarrollo del país que pudieran asumir la cartera ministerial de su ramo.
Pero esta vez había que encontrarle como en los llamados “gabinetes en la sombra” de los parlamentarismos, una contraparte a cada una con una visión diferente para asegurar una visión no unidimensional de la realidad del país. Y allí los temas de equidad, impunidad, ambiente, productividad, regiones, desinformación y la revolución digital y tecnológica fueron sacando la cabeza. Requerimos de tiempos de reflexión seria y audaz, ojalá producto de conversaciones que en principio son imposibles o al menos improbables.
El gran éxito de la selección de los autores es que sólo dos personas declinaron su participación por falta de tiempo o por razones de salud que impedían la dedicación que el libro requería para condensar en máximo 20 páginas, los principales retos sectoriales de cara al futuro.

CAMBIO: ¿Fue fácil convocarlos?
F.C.F.: Complejo en la medida en que necesitábamos que trabajaran en dupla con otra persona que no tuviera una coincidencia absoluta en la forma de concebir una visión de política pública sectorial a largo plazo. Pero la verdad la casi totalidad de los 64 autores aceptó de entrada ese desafío de pluralismo que hoy es el mayor patrimonio del libro. Una apuesta de dialogo entre personas muy distintas.

CAMBIO: ¿Podría citar algún ejemplo?
F.C.: Para mencionar un solo caso muy gráfico el general Óscar Naranjo debía ponerse de acuerdo con Rodrigo Uprimny para escribir a cuatro manos el capítulo sobre seguridad y lucha contra la violencia. Y ese milagro se dio como en la casi totalidad de los capítulos del libro.

CAMBIO: ¿Cuánto tiempo les llevó todo el proceso desde la idea hasta la impresión?
F.C.F.: Fue un proceso de más de un año y medio que tuvo sus altibajos porque al comienzo se exigió una metodología muy rigurosa que venía del mundo de los prospectivistas y que luego se fue ajustando en la medida que se fueron iniciando los diálogos entre los autores. Pero el proceso luego fluyó aceleradamente, pues el objetivo era salir –como efectivamente salimos– a dejar el libro a consideración del equipo de gobierno y oposición a partir del 7 de agosto de 2026.

CAMBIO: ¿En su opinión cuáles son las principales amenazas a la democracia?
F.C.F.: En un escenario global donde se dinamitan los consensos y las reglas de la convivencia acordadas después de la terminación de la Segunda Guerra Mundial, la democracia ya no muere de infarto por golpes de Estado sino por metástasis que ocupan y vacían las instituciones imperceptiblemente. Y utilizan las constituciones vía constituyentes abusivas y supuestamente populares, para asaltar de esa forma a la democracia por vía del autoritarismo populista trufado de caudillismo.
Es el transito del “gobierno soy yo” del hiperpresidencialismo latinoamericano, más el “Estado soy yo” del absolutismo de Luis XIV, al “pueblo soy yo” del populismo puro y duro, para proclamar la “Constitución soy yo” destructora del Estado de derecho y de los frenos –no pesos– y contrapesos de los dictadores constitucionales del siglo XXI.

CAMBIO: ¿En su opinión es viable que en 2050 Colombia logre o al menos se acerque a las metas que proponen los autores?
F.C.F.: Vivimos una época de degradación de los valores democráticos mientas las heridas sociales crecen y muchos culpan a la democracia de ese daño, cuando la responsable es la forma como se sigue haciendo la política en nuestras sociedades. La política deambula en el fango de la imposición autoritaria siempre desmesurada.
Creo que, al margen de las recomendaciones específicas de los autores de cada capítulo, la magia que aprendimos en el consenso constituyente de 1991 fue trabajar unidos hacia el objetivo que logremos identificar conjuntamente. Hoy se da entre lo que hoy aparece como un país fracturado y una visión compartida de futuro. Por eso, el libro es el primer ladrillo en esa dirección constructiva.

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CAMBIO: ¿A usted qué reflexiones personales le deja este trabajo?
F.C.F.: He sostenido que nuestra idea original era evitar un texto duro, aburrido, excesivamente técnico y se ha logrado un texto digerible para la mayoría de los mortales. Es cierto como lo decía en el lanzamiento del libro, que el texto tiene pinta de 'ladrillo', que se puso la camiseta de la Selección Colombia no para destrozar vitrinas ni agredir a los demás, sino para construir un puente entre tantos sectores que ven a quien piensa distinto como su enemigo a muerte. Un ladrillo de esos que con los que se levantan no muros sino edificios. Es un ladrillo que además es un contrapeso para quienes sostienen que en Colombia la unidad y el consenso –no la unanimidad– son imposibles.
Porque finalizada esta atroz campaña presidencial que contradice la famosa frase de Mario Cuomo “la campaña es en verso, pero gobernar es en prosa”, esta etapa de elecciones no se hizo en poesía ni en la tradición de la lírica, sino en la épica guerrera y violenta donde todo adversario debía ser combatido y dejado fuera de combate. Es hora de pedirles a los políticos que hablen a la inteligencia y necesidades reales de los ciudadanos, no a sus emociones o pasiones más primarias. Esperemos que el libro cumpla ese objetivo.

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