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Margarita Serje
Margarita Serje, autora de 'La vida secreta del capitalismo'.
Cultura

El capitalismo por fuera y por dentro

Textos breves y una ilustración reveladora componen los 22 capítulos de ‘La vida secreta del capitalismo’, libro de la arquitecta y antropóloga Margarita Serje que pone sobre la mesa lo bueno, lo malo y lo feo del capitalismo.

Por: Eduardo Arias

A partir de mapas, planos arquitectónicos, pinturas, grabados, afiches y fotografías, Margarita Serje escribió 22 breves ensayos relacionados con múltiples aspectos relacionados con la historia y las características del capitalismo y sucesos históricos relacionados con su evolución y desarrollo a lo largo de los siglos, tales como rutas comerciales, corporaciones, plantaciones y monocultivos, esclavitud, formación de imperios, la misma sociedad consumo y el desarrollo de las finanzas. De ese modo, La vida secreta del capitalismo es un recorrido histórico y global a partir de imágenes y textos que cuestiona los mitos del progreso, el libre mercado y la abundancia infinita.

Margarita Serje estudió arquitectura en la Universidad de los Andes y además es doctora en Antropología Social y Etnología de l’ École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París. En la actualidad es investigadora independiente en proyectos sobre el capital en las fronteras. Es autora de El revés de la nación, libro que en 2006 ganó el Premio Alejando Ángel Escobar en Ciencias Sociales y una de las editoras académicas de La vorágine: una edición cosmográfica.

Sorpresas y secretos del capitalismo

El interés de Margarita Serje por estudiar el capitalismo surgió de su curiosidad como antropóloga por comprender las formaciones socioeconómicas de otros grupos sociales, como indígenas y campesinos de Colombia con los que trabajó durante mucho tiempo. “Uno de los efectos de tratar de comprender otros mundos sociales, económicos, culturales, es que ese ejercicio necesariamente obliga a que se cuestione y se reflexione sobre el mundo propio. Esta experiencia inevitablemente me llevo a pensar en nuestra organización social, económica, política, cultural, la que conocemos como capitalismo”, dice.

Muy pronto cayó en cuenta de que de la palabra capitalismo es en sí misma conflictiva, pues automáticamente se entiende como opuesta a comunismo, incluso a socialismo. “Si yo hablo sobre capitalismo, necesariamente tengo que ser comunista. Lo que muestra cómo, a pesar de que somos conscientes de que vivimos en un mundo capitalista, no tenemos claro qué es lo que define este mundo”.

Para empezar, ella plantea la siguiente pregunta: ¿El capitalismo es un sistema económico? ¿Es un sistema político? “Casi nunca se asocia capitalismo y cultura, por ejemplo. Estos interrogantes fueron los que me llevaron a estudiar qué es eso que llamamos capitalismo, cuál es su historia y como configura nuestra vida cotidiana, nuestra forma de ver el futuro”, responde.

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Ella abre los agradecimientos del libro con sus alumnos de la materia Capitalismo historia y cultura que ella dictó en la Universidad de Los Andes. Dice que los cuestionamientos permanentes de los estudiantes de ese curso fueron siempre claves porque abrían puertas a nuevas avenidas de investigación. Por un lado, en numerosas ocasiones le preguntaron por algo que ella no sabía y tenía que investigar y estudiar para discutir el problema en clase. Pero también porque en la clase se daban discusiones que ella considera interesantes. “Por ejemplo, cuando estábamos viendo el surgimiento de la propiedad privada capitalista, los estudiantes de Derecho me señalaban que en la antigua Roma había propiedad privada, y los del Instituto Confucio me señalaban que también había en la China feudal. La discusión era entonces qué es lo que caracteriza la propiedad privada capitalista, cómo se diferencia de otras formas de propiedad privada en sociedades que no podemos considerar como capitalistas”.

Uno de los cuestionamientos más recurrentes fue por qué leer a Marx, quien, como se lo planteó una vez un estudiante, “es un escritor tan trasnochado… Incluso hubo comentarios sobre las referencias a Marx como adoctrinamiento comunista”. Tuvo que recordarles a ellos que Marx fue un pensador (filosofo, historiador, economista) “que hizo uno de los análisis más profundos y completos del capitalismo, y que de paso elaboró un método para el análisis histórico, que revoluciono tanto la economía como la historia. Es cierto que las teorías y planteamientos de Marx se identifican con algunos de los regímenes totalitarios más brutales, pero eso es como identificar a Jesucristo con la Inquisición: El tribunal de la inquisición persiguió, torturó, quemó y asesinó invocando el nombre de Cristo, pero de ninguna manera esto se relaciona con sus palabras que ni sustentan ni justifican lo que hizo este tribunal. Lo mismo sucede con caso de estos regímenes totalitarios, no fueron ni diseñados, ni puestos en marcha, ni mucho menos sustentados en los planteamientos de Marx. Se puede ver entonces que estas discusiones que se dieron en clase fueron tremendamente enriquecedoras”.

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Una característica llamativa del libro es que ella ilustra cada capítulo con un mapa, plano, pintura, afiche o fotografía alusivo al tema que trata en cada uno de ellos. “La verdad es que más que escoger imágenes que ilustraran los capítulos hice lo contrario: escribí capítulos para ilustrar las imágenes”.

Las imágenes que discute en el libro fueron aquellas que iban quedando grabadas en su mente a medida que exploraba la historia del capitalismo. Ellas sintetizaban y resaltaban los distintos conceptos y procesos que son clave para comprender esta historia. “Por ejemplo, al indagar sobre la historia de la corporación, esa institución que nos parece hoy hiper moderna, encontré que se origina en las abadías medievales. Esto me llamó mucho la atención y, al estudiar estos monasterios y abadías, me di cuenta de que tenían una forma de organización que hoy consideraríamos totalmente moderna, y que se plasma claramente en el plano de una abadía que discuto en el libro”.

Ella tomó cada imagen como la punta de un iceberg, y en cada capítulo revelar la parte sumergida. “Por eso me refiero a ellas como imágenes/capítulos. Son indisolubles. Me parece además que son un mecanismo pedagógico muy poderoso por aquello de una imagen vale más que mil palabras. Por eso las imágenes en el libro tienen un papel central y el texto de cada capítulo es en cambio corto y ágil, espero”.

Uno de los objetivos centrales del libro es hacer evidente lo que caracteriza a una sociedad como capitalista. “Esta ha sido una pregunta que nos hemos hecho todos lo que estudiamos el capitalismo. Usualmente se define el capitalismo por la existencia de una serie de instituciones y prácticas”. Para ello cita a Henry Pirenne. uno de sus más importantes historiadores: “Los rasgos esenciales del capitalismo —la empresa privada, el crédito, las ganancias comerciales, la especulación— aparecen a partir del siglo XII en las ciudades-repúblicas italianas: Venecia, Génova, Florencia”. Sin embargo, Margarita Serje afirma que la antropología muestra que en otras sociedades que no pueden considerarse como capitalistas, aparecen estas instituciones y prácticas. Cita varios ejemplos. Dos siglos antes de Cristo, el Estado imperial de la dinastía Han creó todo un sistema regulatorio para el mercado financiero. Los contratos de asociaciones comerciales desde la antigua Mesopotamia han buscado definir y regular la magnitud de las ganancias a las que tienen derecho los accionistas. Desde el siglo VIII los califatos árabes cuentan con un sistema de regulación de créditos. “Entonces no es a partir de la presencia o de la ausencia de estos rasgos que podemos pensar y definir el capitalismo. En el libro yo doy varias pistas para definir qué es lo que idéntica al capitalismo, cuáles son los principios con base en los cuales se configura y cómo, para ponerlo en marcha, fueron necesarias conquistas, colonizaciones, guerras, esclavizaciones...”.

Por esto agrega, no es posible afirmar que el capitalismo sea inherente a la naturaleza humana. “Lo que sí es inherente a la naturaleza humana es el intercambio. Todas las sociedades tienen mercados que se guían por distintas lógicas, incluso por la lógica de la ganancia, pero funcionan con base en principios muy diversos. Esto es lo que trato de mostrar en el libro. Y por eso, porque el intercambio es inherente a los grupos humanos, creo que la humanidad, como lo ha hecho siempre tiende a crear sistemas de intercambio globales”.

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Lo que ella sugiere (y espera) es que se revise la forma en que la humanidad lo está haciendo. “Hoy estamos viviendo un momento muy interesante. Por un lado, la propuesta de Estados Unidos basada en el sistema del petrodólar, los aranceles y la coerción militar que se está viendo resquebrajada y desprestigiada. Por otro lado, el que países como Canadá, China e India, entre otros, abren otras avenidas de intercambio global que no que no están condicionadas ni al sistema del dólar, ni a la adopción de políticas o a cambios de régimen”.

En el libro ella también plantea que el comunismo busca metas similares a las de la economía capitalista, como el logro del crecimiento económico, la modernización, el desarrollo de mega-aparatos militares o la idea de “desarrollar el Tercer Mundo. Obviamente tienen diferencias cruciales que no podemos olvidar, sobre todo cuando se mira el exitoso caso de China. Yo las discuto en el libro. Lo que no creo es que vivamos en un mundo dicotómico donde solo tengamos dos caminos: o somos capitalistas o somos comunistas. Como dijo Cantinflas, ‘ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario’. Creo que es necesario mirar la historia, mirar las experiencias de múltiples sociedades para para tener una gran diversidad de opciones”.

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