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León de Greiff
En su biblioteca. Foto: Fondo León de Greiff.
Cultura

El poeta que nunca envejeció: Darío Jaramillo escoge diez poemas de León de Greiff

A 50 años de la muerte de León de Greiff, el poeta y ensayista Darío Jaramillo propone diez poemas para volver a una de las voces más originales, musicales y desafiantes de la literatura colombiana.

Por: Darío Jaramillo Agudelo

El poeta Darío Jaramillo Agudelo es un profundo conocedor de la obra de Leon de Greiff. Es el autor del libro León de Greiff antología, publicado en 2013 por la Editorial Pre textos en colaboración con el Fondo de Cultura Económica, en el que también escribió un epílogo que analiza en profundidad la vida y obra del poeta.

Escogió para CAMBIO diez poemas en los que respetó la ortografía y la manera de utilizar los signos de puntuación tal como los usó De Greiff. Jaramillo envió a la redacción de CAMBIO este poema a manera de breve introducción:

Yo acuso,
yo te acuso,
te acuso de mi insomnio de anoche.
Primero, los diez poemas a escoger eran quince.
Escoger meros quince fue una hazaña hecha de injusticias (¿cómo tachar éste? ¿cómo prescindir de aquél?).
Llegar a diez, simplificando, fue una tortura.
Pero ahí van.
 

Balada del mar no visto ritmada en versos diversos


A Gregorio Castañeda Aragón

No he visto el mar.
Mis ojos
–vigías horadantes, fantásticas luciérnagas;
mis ojos avizores entre la noche, dueños
de la estrellada comba,
de los astrales mundos;
mis ojos errabundos
familiares del hórrido vértigo del abismo;
mis ojos acerados de viking, oteantes,
mis ojos vagabundos
no han visto el mar...
La cántiga ondulosa de su trémula curva
no ha mecido mis sueños,
ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre,
ni aturdió mi retina con el rútilo azogue
que rueda por su dorso...
Sus resonantes trombas,
sus silencios, yo nunca pude oír...:
sus cóleras ciclópeas, sus quejas o sus himnos,
ni su mutismo impávido cuando argentos y oros
de los soles y lunas, como perennes lloros
diluyen sus riquezas por el glauco zafir...!
¡Ni aspiré su perfume!
Yo sé de los aromas
de amadas cabelleras...
Yo sé de los perfumes de los cuellos esbeltos
y frágiles y tibios,
de senos donde esconden sus hálitos las pomas
preferidas de Venus!
Yo aspiré las redomas
donde el Nirvana enciende los sándalos simbólicos,
las zábilas y mirras del mago Zoroastro...
Mas no aspiré las sales ni los ïodos del mar!
Mis labios sitibundos
no en sus odres la sed
apagaron:
no en sus odres acerbos
mitigaron la sed...
Mis labios, locos, ebrios, ávidos, vagabundos,
labios cogitabundos
que amargaron los ayes y gestos iracundos
y que unos labios –vírgenes– captaron en su red!
Hermano de las nubes
yo soy.
Hermano de las nubes,
de las errantes nubes, de las ilusas del espacio:
vagarosos navíos
que empujan acres soplos anónimos y fríos,
que impelen recios ímpetus voltarios y sombríos!
Viajero de las noches
yo soy.
Viajero de las noches embriagadoras; nauta
de sus golfos ilímites,
de sus golfos ilímites, delirantes, vacíos,
–vacíos de infinito..., vacíos...– Dócil nauta
yo soy,
y mis soñares derrotados navíos...
Derrotados navíos, rumbos ignotos, antros
de piratas... ¡el mar!
Mis ojos vagabundos
–viajeros insaciados– conocen cielos, mundos,
conocen noches hondas, ingraves y serenas,
conocen noches trágicas,
ensueños deliciosos,
sueños inverecundos...
Saben de penas únicas,
de goces y de llantos,
de mitos y de ciencia,
del odio y la clemencia,
del dolor
y el amar...!
Mis ojos vagabundos,
mis ojos infecundos...:
no han visto el mar mis ojos,
no he visto el mar!


1922

Rondeles

IV
Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue...
dejemos al amor y vamos con la pena,
y abracemos la vida con ansiedad serena,
y lloremos un poco por lo que tanto fue...
Pues si el amor huyó, pues si el amor se fue...
Dejemos al amor y vamos con la pena...
Vayamos al Nirvana o al reino de Thulé,
entre brumas de opio y aromas de café,
y abracemos la vida con ansiedad serena!
Y lloremos un poco por lo que tanto fue...
por el amor sencillo, por la amada tan buena,
por la amada tan buena, de manos de azucena...
¡Corazón mentiroso! ¡si siempre la amaré!

1919

¡Oh, la pereza!

A José Camacho Carreño


¡Oh, la Pereza es de raso o gamuza...!
¿Para qué laborar, si eso es útil, Hidalgo?
La Pereza agiliza, apresta, aguza...
Pereza... ¡oh palafrén que yo cabalgo!
Jauría de ensoñares –densa– azuza...
¡Oh Pereza que es Todo y Nada y Algo...!
Búho me apoden, díganme lechuza:
de mis Pereza y Noche nunca salgo...
La Pereza es sillón de terciopelo,
"sendero de velludo"..., la Pereza
es la divisa de mi gentileza,
y es el blasón soberbio de mi escudo,
que en un campo de lutos y de hielo
se erige como un loto vago y mudo...
192

Señora muerte


Por los amigos muertos

Señora Muerte que se va llevando
todo lo bueno que en nosotros topa...!
Solos –en un rincón– vamos quedando
los demás... ¡gente mísera de tropa!
Los egoístas fatuos y perversos
de alma de trapo y corazón de estopa...;
manofactores de fugaces versos;
poetas de cuadrícula y balanza,
a toda pena, a todo amor adversos...;
los que gimen patética romanza;
lacrimosos que exhiben su película;
versistas de salón y contradanza–;
cantores de "la tórrida canícula";
"del polo frío", "del canoso invierno"...
¡liricos de alma exánime y ridícula!
Bardos que prostituyen el eterno
jardín, y que florecen madrigales
de un olor soporífico y externo...
Vates ultra-sensibles y banales
que ningún vaho de verdad anima...
Gramáticos solemnes y letales...
¡Malabaristas de estudiada esgrima!
... ¡Oh tristeza perenne de las cosas
que no tienen sabor, –hechas a lima!
... En un rincón quedamos las tediosas
gentes sin emoción, huecas y vanas...
¡Lléguense las nocturnas mariposas
fúnebres, y que lloren las campanas...!
Este fastidio que me está matando...
¿dónde las almas íntimas, hermanas...?
¡Señora Muerte se las va llevando!

Mayo 1919

Fanfarria el sol mayor
(Odecilla Estival)


Oh, Bolombolo, país exótico y no nada utópico
en absoluto! Enjalbegado de trópicos
hasta donde no más! Oh, Bolombolo de cacofónico
o de ecolálico nombre onomatopéyico y suave y retumbante,
/oh Bolombolo!
Por aquí se atedia, en éste se atedia por modo
violento la fantasía: monótono
país de sol sonoro, de excesivas palmeras, de animalillos
/zumbadores,
de lagartijas vivaces, de salamandras y camaleones,
cigarras estridulantes, verdinegros sapos rugosos, y melados
/escorpiones.
Por aquí refractan, en éste refractan luces blancas,
y todo reverbera como innúmeras estatuas
de sal, o como una falange elefantina recamada
de pulidos escudos, o como las trompetas en la bárbara
marcha de los dioses que entran al Walhalla,
o como la carga
de coraceros de Ney en la planicie desolada!
Y resécanse los prados de las colinas y llanadas
y de las vegas y lomas y abras,
e irradian los belígeros soles
dardos y flechas y virotes!
Y sólo en la noche la astral urdimbre
tiende su velo de Tánit inasible!
Oh, Bolombolo, país de tedio
badurnado de trópicos, país de tedio,
país que cruza el río bulloso y bravo, o soñoliento;
país de ardores coléricos e inhóspites,
de cerros y montes
mondos y de cejijuntos horizontes
despiadados. País de vida aventurera. País de rutilantes
/playas de esmerilado cobre
–tortura de mis ojos zarcos y cuasi nictálopes–,
país de hastiados días y días turbulentos, y de noches
que alargan los recuerdos insomnes.
Y sólo en la noche azul la astral urdimbre
tiende su velo de Tánit, intangible.
Oh Bolombolo, país exótico y no nada utópico
en absoluto, seguramente! Enjalbegado de trópicos
hasta donde no más! Oh Bolombolo de cacofónico
o de ecolálico nombre onomatopéyico y suave y retumbante,
/oh Bolombolo!
Por aquí se atedia, en éste se atedia por modo
violento la fantasía: ¡antitético Polo!,
paraíso apenas para el "farniente" y el ocio
del obtuso bolonio,
como del soñador... País de vida aventurera! ¡Cosa de cine!
/Caza del oro!
¡Síntesis de los Saharas y summa de los Congos!
Monótono
país de sol sonoro.
Los días se siguen idénticos, iguales, uniformes.
Las sienes agóstanse como flores
efímeras. Por mal de amores,
por mal de ausencia los corazones
cargan cadena en el penal de tus soles!
Y los recuerdos alargan las noches insomnes
hondas de silencio y de constelaciones!
Y sólo en la noche azul la astral urdimbre,
sobre mi cansancio ilímite,
tiende su velo de Tánit, imposible!

San Xoaquín de Bolombolo, febrero de 1926
Cascuemula, julio de 1926

Ritornelo

"Esta rosa fue testigo"
de ése, que si amor no fue,
ninguno otro amor sería.
Esta rosa fue testigo
de cuando te diste mía!
El día, yá no lo sé
–sí lo sé, mas no lo digo–
Esta rosa fue testigo.
De tus labios escuché
la más dulce melodía.
Esta rosa fue testigo:
todo en tu ser sonreía!
todo cuanto yo soñé
de tí, lo tuve conmigo...
Esta rosa fue testigo.
En tus ojos naufragué
donde la noche cabía!
Esta rosa fue testigo.
En mis brazos te oprimía,
entre tus brazos me hallé,
luego hallé más tibio abrigo...
Esta rosa fue testigo.
Tu fresca boca besé
donde triscó la alegría!
Esta rosa fue testigo
de tu amorosa agonía
cuando del amor gocé
la vez primera contigo!
Esta rosa fue testigo.
"Esta rosa fue testigo"
de ése, que si amor no fue,
ninguno otro amor sería.
Esta rosa fue testigo
de cuando te diste mía!
El día, ya no lo sé
–sí lo sé, mas no lo digo–
Esta rosa fue testigo.

Agosto 15 1935

Relato de Gaspar

A Jorge Zalamea

Después de tantas y de tan pequeñas
cosas, busca el espíritu mejores aires,
mejores aires.
Toda aquésa gentuza verborrágica
–trujamanes de feria, gansos del capitolio,
engibacaires, abderitanos, macuqueros,
casta inferior desglandulada de potencia,
casta inferior elocuenciada de impotencia–,
toda aquésa gentuza verborrágica
me causa hastío, bascas me suscita,
gelasmo me ocasiona:
mejores aires,
–busca, busca el espíritu mejores aires–.
Y yo –Gaspar– me voy con el morral de mis caprichos,
todo derecho, lógicamente, hacia el absurdo,
dejando de lado, dejando de lado ruidos inanes
de ventolina.
Y esa gentuza fonje, y ésa xarra gentuza
nada me importa...
No es harto mejor la serena
vida interior, en el silencio, en el preñado
silencio, concitando las fuerzas ocultas?
No es el Verso una música de harpas,
música de cristales, surtidor vidrioso?
Música y Poesía: regocijo de los corazones
y quintaesencia del sentir y lujuriosa
síntesis del pensar, –lepor, lauticia, letación inefable...
Desdén, desdén,
gahurra, befas, –al opsimate, al gurdo, al fariseo.
Y yo –Gaspar– me voy con el morral de mis locuras,
todo derecho, lógicamente, hacia el absurdo:
lejos de apachecados monumentos,
–concreciones ruïnes que detonan o estallan
logrando un oratorio tufo de ventolera...–
Busca, busca el espíritu mejores aires,
mejores aires.
Otra cosa es la acción viril, talando montes,
esguazando torrentes, desnarigando breñas, rompiendo la
/roca del oro,
desdoncellando la tierra germinadora,
vagando primitivo bajo el sol –sobre lentas
aguas o procelosas– indolente:
o haciendo versos, haciendo versos
lejos de la algazara citadina, lejos del vocerío
de aquestos pajarotes que alborotan y aturden
y se roban el grano...
Lejos de las pachecas inflaciones,
lejos de consagradas estantiguas
fósiles, y de inéditas pares estantiguas,
lejos, lejos de "edos y de equinos"
y lejos de apostólicos farsantes, de farsantes
al uso y de las cándidas sub-mentes bazofiales.
¿Volví a saber reír de los Tartufos?
¿a reír?
a ponerles mi risa como cuernos
en esas frentes yermas y yertas y yugadas...
Busca, busca el espíritu mejores aires.
Y hace ya mucho que pasó –y llorando–
la theoría de las suplicantes:
la cerviz hacia el suelo, en oblaciones
renunciativas.
Nunca fui de aquésa
turba quejosa, de ésas horas huestes:
sino que en orgulloso narcisismo
espiritual aposenté el entero
ritmo de las fazañas antañonas
y el palpitante ritmo de mi iluso
ensoñar y también el turbulento,
inverecundo ritmo de mi pasión desbordada,
y el ritmo sincopado
de mi definitivo aburrimiento:
¡en orgulloso narcisismo, Oh Risa!
Busca, busca el espíritu mejores aires,
mejores aires.
Fosco silencio para el adversario
sesgado azar: jamás desfallecida
doblegación; sí desdeñoso, inerte desafío
pétreo.
Y risa, plácida risa, plácida risa sonora
para la tontería circundante
y adyacente, –si no se sale de las lindes–.
Otrosí: el señorial papirotazo
al fastidioso zumbar de la mosca.
Busca, busca el espíritu mejores aires,
mejores aires.
No es el Verso una música de harpas,
de asordadas violas, en recintos
sedantes, por el véspero, y devotas
gentes que sepan escuchar?
–Fuera oratoria
¿la Poesía?
Oh süave delicia,
oh süave leticia, oh süave eironeia!
Jamás fuera oratoria.
Música y Poesía sólo para los séres
de vibración sutil, para los séres
de pergeño sutil, de grávidos cerebros, de corazones francos.
Busca, busca el espíritu mejores aires.
Y yo me voy –Gaspar– con el morral de mi desprecio,
todo derecho, lógicamente, hacia el absurdo:
Adiós, Le Gris, adiós. Adiós, Ricardo. Adiós Matías.
Y tú, Calypso endrina. Y tú, blonda Isabeau.
Bravos amigos.
¡Y abur! ¡Y abur! ¡Abur! engibacaires,
gansos del capitolio, abderitanos,
caimacanes, gallofos, soplapitos,
trujamanes de feria, macuqueros,
casta casta inferior desglandulada...

1925-1931

Relato de Sergio Stepansky

¡Juego mi vida!
¡Bien poco valía!
La llevo perdida
sin remedio!
Erik Fjordson
Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida...
Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo...
La juego contra uno o contra todos,
la juego contra el cero o contra el infinito,
la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito,
en una encrucijada, en una barricada, en un motín;
la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin,
a todo lo ancho y a todo lo hondo
–en la periferia, en el medio,
y en el sub-fondo...–
Juego mi vida, cambio mi vida,
la llevo perdida
sin remedio.
Y la juego, –o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo...:
o la trueco por una sonrisa y cuatro besos:
todo, todo me dá lo mismo:
lo eximio y lo rüín, lo trivial, lo perfecto, lo malo...
Todo, todo me dá lo mismo:
todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo
donde se anudan serpentinos mis sesos.
Cambio mi vida por lámparas viejas
o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil:
–por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil:
por los colgajos que se guinda en las orejas
la simiesca mulata,
la terracota nubia,
la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia:
cambio mi vida por un anillo de hojalata
o por la espada de Sigmundo,
o por el mundo
que tenía en los dedos Carlomagno: –para echar a rodar la
/bola...
Cambio mi vida por la cándida aureola
del idiota o del santo;
la cambio por el collar
que le pintaron al gordo Capeto;
o por la ducha rígida que le llovió en la nuca
a Carlos de Inglaterra;
la cambio por un romance, la cambio
/por un soneto;
por once gatos de Angora,
por una copla, por una saeta,
por un cantar;
por una baraja incompleta;
por una faca, por una pipa, por una sambuca...
o por ésa muñeca que llora
como cualquier poeta.
Cambio mi vida –al fiado– por una fábrica de crepúsculos
(con arreboles);
por un gorila de Borneo;
por dos panteras de Sumatra;
por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra–
o por su naricilla que está en algún Museo;
cambio mi vida por lámparas viejas,
o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas...
¡o por dos huequecillos minúsculos
–en las sienes– por donde se me fugue, en gríseas podres,
toda la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno
/en mis odres...!
Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida...
Netupiromba

Septiembre 17 1931 - finida diciembre 4 1931

Admonición a los impertinentes

Yo deseo estar solo. Non curo de compaña.
Quiero catar silencio. Non me peta mormurio
ninguno a la mi vera. Si la voz soterraña
de la canción adviene, que advenga con sordina:
si es la canción ruidosa, con mi mudez la injurio;
si tráe mucha música, que en el Hades se taña
o en cualquiera región al negro Hades vecina...
Ruido: ¡Callad! ¡Pregón de aciago augurio!
Yo deseo estar solo. Non curo de compaña.
Quiero catar silencio, mi sóla golosina.
Como yo soy el Solitario,
como yo soy el Taciturno,
dejádme solo.
Como yo soy el Hosco, el Arbitrario,
como soy el Lucífugo, el Nocturno,
dejadme solo.
Mi sandalia (o mi abarca o mi coturno)
no los piséis, tumulto tumultuario,
dejádme solo.
Judeo, quéchua, orangutánida, ario,
–como soy de la estirpe de Saturno–
dejádme solo.
Decanto en mi rincón mínimo canto,
silencioso; alquimista soy señero,
juglar oculto, absconto fabulante.
Dejádme solo.
Buen catador (soto mísero manto)
Buen tañedor (sin Amati o Guarniero)
Alto cantor (aunque bajo cantante)
Dejádme solo.
Dejádme solo. Non quiero compaña.
Dejádme esquivo. Non gusto coreo.
Non paventad: non presumo de Orfeo
desasnador de cerril alimaña.
Dejádme solo soplando mi caña
silvestre. Non pétame pueril ronroneo.
Non son adamado. Non son sigisbeo.
Son áspero, másculo. Son rudo, sin plaña.
Sin queja. Más mudo que Beethoven sordo.
Sin laude. Más zurdo que Cervantes manco.
Sin "pathos". Más seco que no Falstaff gordo.
Solitario. Adusto. Voy único a bordo.
Espíritu en negro. Corazón en blanco.
Y esquivo dejádme. Soy notas–arranco
de mi clavecino. Soy fábulas–bordo
sobre el cañamazo de mi pentacordo.
Soy facecias–urdo. Por dentro me estanco.
Dejádme señero: jamás me desbordo.
Como yo soy el Solitario,
como yo soy el Taciturno,
como yo soy el Hosco, el Arbitrario,
como soy el Lucífugo, el Nocturno,
dejádme solo.
Como soy Leo Estrafalario,
como soy Sergio el Estepario,
como ya tengo el Cuervo y el Vulturno
de los acerbos choznos de Saturno,
dejádme solo.
Dejádme solo. Non quiero compaña.
Dejádme esquivo. Non gusto coreo.
Non paventad. Non presumo de Orfeo
desasnador de cerril alimaña.
No viene a mí, ni voy a la montaña
Ni vasallo ni César, Juez ni Reo:
Sergio Esteario, Estrafalario Leo.
Con mi tonel. De mi cruz cirineo.
Rey de Burlas, soberbio: cetro o caña
pares le son a mi elación huraña.
Dejádme solo.

3 de septiembre de 1954

Cancioncilla

Tú coronas mis quince lustros
con el cíngulo de tus brazos,
con el cíngulo de tus muslos,
con el perfume de tus labios,
con el éxtasis de tu júbilo
–cabrilleante por los lagos
auriendrinos, hondos carbunclos–.
Con la tersura de tus manos,
con el ardor de tu combusto
tesoro en flor, que orna melado
toisón en rizos: el refugio
fragante, que al híspido fauno
tú le donas, –intercolumnio–:
oásis tibio entre alabastros.
Tú coronas mis quince lustros
con el hechizo de tus labios,
con el cíngulo de tus muslos,
con el cíngulo de tus brazos,
con tus fulgentes ojos rútilos,
con tus besos trémulos, ávidos,
–ora lustrales, ora lúbricos...–.
Con la tersura de tus manos,
con tu voz rauca en el susurro,
con tus ímpetus inexhaustos,
con tus anhelos sitibundos
que el corazón hínchente: heraldos
de los mis goces y los tuyos,
–nuestra embriaguez y nuestro gaudio–.
Con el cíngulo de tus muslos,
con el cíngulo de tus brazos,
con el prodigio intercolumnio
con el regusto de tus labios...
Tú coronas mis quince lustros
con el brillo de tus ojazos,
–gémulas de móvil mercurio–.
Con tu voz grave, con tu osado
corazón fiero, con tu iluso
férvido ensueño, con tu claro
zahareño espíritu y agudo.
Con el oreo de tu cálido
sexual exhálito y efluvio,
y prístino efluvio y exhálito.
Con tu severo rictus duro,
con tu sonrisa en sobresalto,
con tu silencio o tu murmurio,
–tu pasional mezzo-soprano
que se asordina en el connubio...–.
Con el cíngulo de tus brazos,
con el cíngulo de tus muslos...
Con la caricia de tus manos,
con el éxtasis de tu júbilo,
con el éxtasis de mi gaudio,
con nuestros éxtasis en uno,
con el embrujo de tus labios,
coronaste mis quince lustros
y continúas coronándolos...

1955-1970

 

 

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