
‘La causa nacional’, memorias del 'rock' colombiano del siglo XX
Después de ocho años de haber sido publicado, se reedita ‘La causa nacional’, un libro de referencia de Jacobo Celnik que reconstruye el devenir del 'rock' colombiano entre finales de los años cincuenta hasta 1999.
Por: Eduardo Arias
Regresa a las librerías La causa nacional, historias del rock colombiano, un libro de Jacobo Celnik que publicó en 2018. El libro originalmente se editó en el sello Aguilar aparece en esta ocasión en el sello Debolsillo, ambos de Penguin Random House. La única diferencia con respecto a la primera edición es que ya no trae un CD con temas representativos del rock en Colombia. De resto conserva la misma estructura y los textos y las fotografías son iguales.
Jacobo Celnik nació en 1979. Es comunicador social de la Universidad de La Sabana y ha trabajado como periodista, asesor editorial y gestor cultural en diversos medios y empresas. También fue , label manager de la casa disquera Universal. Ha publicado los libros Rockestra. Entrevistas a grandes del rock, Satisfaction. Conversaciones con el rock, Bob Dylan: a las puertas del cielo, La causa nacional. Historias del rock en Colombia, Los 80: volver al futuro. Otra edad de oro de la música británica, Melómanos. Historias de una obsesión, la novela El pintor de Auschwitz, la investigación histórica Irlanda del Norte guerra y paz, Who Are You. El rock en sus propias palabras, Welcome to the jungle y y varios libros relacionados con la historia de la comunidad judía en Colombia.
Por qué contar la historia
Celnik siempre había enfocado sus intereses en estudiar y analizar ante todo el rock británico. Sin embargo, en una conversación con sus editores en 2016 había planteado la idea de reconstruir unas historias relacionadas con el rock bogotano a partir del legado de Hora Local, Compañía Ilimitada, Distrito y otras bandas de la ciudad. En esa conversación Gabriel Iriarte le sugirió hacer un libro más extenso sobre el rock en Colombia. Se dio cuenta que había más bien pocas publicaciones al respecto. Algunas iniciativas desarticuladas de la cadena del libro, no muy rigurosas en cuanto a la información y los datos, muy informales. Cita también un libro de Pablo Wilson que reseña 100 discos del rock en Colombia y unas publicaciones académicas muy buenas de la Universidad del Rosario.
Se propuso llevar a cabo un proyecto una opción un poco más detallada, profunda y rigurosa para entender todo lo que significa el rock en Colombia desde la emisión en la radio de los primeros temas de rock and roll, el prensaje de discos, hasta llegar a 1958 a Very very well, la primera canción de rock and roll que se grabó en Colombia. “Tuve la fortuna de contar con el apoyo de fuentes directas primarias autorizadas con un conocimiento muy importante de la historia de la música en Colombia. Así se fue desarrollando la posibilidad de escribir este libro, que permitió llenar un vacío de información relacionada con historias del rock en Colombia”, dice Celnik.
Historias y no ‘la historia’
La razón del subtítulo Historias del rock en Colombia se debe a que Celnik es consciente de que su libro no es un relato exhaustivo y definitivo sobre el rock en Colombia. “Eso me permitió curarme en salud de omisiones o temas que no se desarrollaran en el libro y que pudieran generar malestar”. De todas maneras recuerda un roquero de Armenia le reclamó que los borró de la historia del rock colombiano. “Unos señores de Barranquilla también se pusieron furiosos porque no los tuve en cuenta. Yo ni siquiera sabía que existían. Son músicos que llevaban 30 años tocando rock y nunca grabaron un disco. Entonces era muy difícil rastrearlos.
Evidentemente uno reconoce y valora cada iniciativa de cada grupo o artista que decida hacer música y vivir del arte. Pero no hay manera de tener acceso a todo, de abarcarlo todo y de saberlo todo. Entonces el subtítulo era para dejar entre líneas ese mensaje de que esto es un “work in progress”, que la publicación de un libro no quiere decir que es la última palabra sino que la idea es seguir construyendo esa historia de la mano de otras personas que también han decidido estudiar y publicar sobre temas relacionados con el rock en Colombia”.
Sólo el siglo XX
El libro llega hasta 1999, entre otras razones, porque Celnik consideró que al iniciar la investigación carecía de la perspectiva suficiente para entender la magnitud de lo que sucedió a partir del comienzo del nuevo siglo. A partir de 1999 pasaron cosas que necesitaban más tiempo y una mirada crítica con la distancia necesaria para comprender mejor el proceso. “Son tantas las historias que han aparecido de 1999 en adelante que hubiera salido un libro de 1.000 páginas. Queda la posibilidad de escribir un volumen dos de La causa nacional”.

Unas historias polifónicas
Para Celnik el principal aporte del libro es haber podido abarcar muchas voces de diferentes sectores de la historia del rock en Colombia. “Algunas publicaciones anteriores a La causa nacional se enfocaban en discos puntuales o en los músicos pero casi nunca se habían detenido a analizar toda la historia de la radio rock en Colombia, de las casas discográficas, de los promotores, de los conciertos, de los medios, de las publicaciones, las tiendas de discos, todo lo que hace posible que un producto artístico publicado en compact disc, en LP o en casete llegue a las manos del público que decide comprarlo”, dice. “Las fuentes consultadas de personas que lo vivieron de primera mano legitiman todos los hechos que están aquí narrados y es una posibilidad de recuperar la historia a partir de la memoria de sus protagonistas.
También exploró qué había sucedido en otras ciudades distintas a Bogotá como Barranquilla, Medellín o Cali, donde ocurrieron y siguen ocurriendo procesos relevantes. que fue tan importante.
Cómo se lee el libro ocho años después
Para Celnik el paso del tiempo permite entender y dimensionar de otra manera el legado del rock en Colombia y valorar todo lo que los pioneros trataron de hacer para construir una escena. “Más allá de ejercer una labor crítica, independientemente de si me gustaba o no la música de Los Speakers o Los Flippers, es valorar cada uno de los procesos de las bandas, de cómo lo hicieron, por qué lo hicieron y cuáles fueron los mecanismos que lo hicieron posible”.
Con base en la retroalimentación que ha recibido siente que el libro ha despertado interés entre personas muy jóvenes y estudiantes universitarios que constantemente están indagando acerca del rock en Colombia. “Justamente eso hizo posible que esta reedición fuera viable porque es un libro que se agotó en sus dos primeras ediciones y se volvió muy buscado, muy consultado. Me escribían muchísimo por redes sociales preguntando que dónde se conseguía. Creo que es muy importante mantener vivos los temas, llámense artes plásticas o danza en Colombia, música tradicional o rock o cine colombiano o televisión en Colombia. Esos son temas que siempre van a despertar mucho interés en las personas”.
Que el libro haya logrado esa repercusión con el paso del tiempo significa para Celnik que cumple con el cometido de mantener la memoria viva y activa. “También me ha permitido reconectarme con artistas y música que en otro momento no valoraba tanto: La Banda Nueva, La Columna de Fuego, Génesis, Estados Alterados, Distrito… hasta Kraken, con sus pros y sus contras. Siempre tuve una relación como de amores y odios frente a una música que no me conectaba tanto en su momento porque me parecía una copia de Whitesnake, Scorpions y Rata Blanca. Pero con el tiempo me pareció fascinante la poética y la narrativa de Elkin Ramírez, un tipo un tipo genial realmente”, reconoce.
En los medios audiovisuales
A raíz de la publicación de La causa nacional, Mauricio Tamayo, entonces líder de productores delegados del canal público Señal Colombia, lideró la iniciativa de producir y realizar Nación Rebelde, una serie documental multimedia inspirada en La causa nacional en la que también participaron otros canales de RTVC como Radiónica, la Radio Nacional de Colombia, la plataforma RTVCPlay y Señal Memoria. “El libro fue uno de los insumos más importantes para la investigación. Yo formé parte del equipo de investigadores junto con otras personas estupendas que conocen muchísimo y entienden muy bien del rock en Colombia”.
Rock vivo, rock muerto, el eterno debate
El rock no ha muerto, enfatiza Celnik. Se sigue haciendo en Japón, en Sudáfrica, en Estados Unidos, en Inglaterra, en Argentina, en Colombia… Lo que ha cambiado es la manera como se mercadea. "Se volvió de nicho y evidentemente el consumo de rock ya no se vive como en la época de oro de Metallica o de Guns N' Roses. La radio ya no dice qué es un éxito o qué se debe oír, sino que los canales están mucho más ramificados”, dice en referencia a plataformas como Spotify, YouTube o Apple Music. “Pero todavía hay discos. Se volvió muy segmentado pero el rock sigue sigue vivo y dando la pelea. Se siguen editando discos de rock y la gente sigue comprándolos. Uno va a las tiendas de discos de Bogotá y están repletas de discos de los Beatles, Pink Floyd, Genesis, los Rolling Stones y eso quiere decir que el rock sigue generando interés entre la gente joven, la de mi edad, la de las generaciones contemporáneas del rock que se hizo en las décadas de los sesenta o setenta. La gente creía que con la muerte de Héctor Lavoe o de Miles Davis morirían la salsa y el jazz. Pero son estilos que siguen activos”.
Cuidar el legado
Celnik considera que en Colombia hace falta cuidar el legado del rock. “A raíz de un reciente viaje a Chile pude darme cuenta de cómo los chilenos y los argentinos cuidan su legado histórico del rock manteniendo vivo y activo el catálogo en diversos formatos como vinilos o CD. En Colombia estamos en mora de que las casas discográficas y quienes ostentan los derechos de las grabaciones históricas entiendan la importancia que el rock siga vivo”.
En efecto, para Celnik uno de los principales dolores para quienes les gusta el rock colombiano del pasado es que, por caprichos absurdos difíciles de entender, un disco como La gran feria de La Banda Nueva nunca se haya reeditado por cuestiones legales. “Es tal vez el disco más importante y de mejor calidad que se haya hecho en Colombia junto con otros como Contacto de Compañía Ilimitada o El Dorado de Aterciopelados. Son obras que merecen estar vivas y activas”.
Anota que La Banda Nueva ya ni siquiera se puede escuchar en Spotify. “Es el mismo caso de Los Young Beats, La columna de Fuego, Time Machine, Siglo Cero, de tantos nombres que circularon y que estuvieron y están en los recuerdos de quienes les gustaba el rock en Colombia y que por esas informalidades propias de la industria de la música desafortunadamente terminan desapareciendo”.
Celnik concluye que en Colombia se hizo muy buena música en los años setenta y ochenta que infortunadamente está desaparecida del catálogo por diferentes motivos. “Es una invitación a que quienes tienen los derechos y el poder de tomar decisiones entiendan que si el día de mañana nos encontramos en CD La gran feria de La banda nueva se va a vender y va a generar mucho interés entre los seguidores porque es música de altísimo nivel. No puede ser que los pocos ejemplares del vinilo de 1974 de La gran feria de La banda nueva que se consiguen en el centro de Bogotá están en manos de especuladores que lo venden a 500.000, 600.000, 700.000 pesos. Creo que eso podría cambiar y ojalá el libro contribuya a eso”.
Lea los comentarios



