
"Si el artista abre la boca, pocas veces sale invicto": el costo de tomar posición política en Colombia
La reacción al mensaje de Karol G tras la elección presidencial volvió a poner sobre la mesa un dilema cada vez más frecuente: ¿qué ocurre cuando una figura pública opina de política? CAMBIO habló con artistas que han expresado sus opiniones y que, en un país cada vez más polarizado, aseguran que tomar la palabra puede acarrear desde campañas de odio hasta costos profesionales.
Por: Lina Cuitiva
La carta que Karol G publicó tras la elección presidencial de Abelardo de la Espriella recibió una ola de críticas y de mensajes violentos que ya es usual en tiempos electorales. Aunque la cantante paisa nunca ha revelado explícitamente sus preferencias políticas, muchos usuarios interpretaron ese llamado al gobierno entrante a actuar con responsabilidad y ofrecer resultados como una 'incoherencia ideológica'.
La discusión pasó a convertirse en un nuevo ejemplo de un fenómeno cada vez más frecuente en Colombia: el costo de que artistas, deportistas e influenciadores se pronuncien sobre política.
No es un episodio aislado. En Colombia, cada vez parece más difícil que una figura pública opine sobre política sin convertirse en blanco de la polarización. Son celebrados cuando hablan de temas que generan consenso, pero cuando fijan una posición sobre una elección, un gobierno o una decisión pública, se enfrentan a una avalancha de críticas que, en algunos casos, trasciende las redes sociales y termina afectando su imagen, sus relaciones con el público e incluso sus oportunidades profesionales.
La polarización también ha reducido el espacio para los matices. En las redes sociales, las posturas políticas suelen traducirse rápidamente en etiquetas: de un lado, "zurdo" o "guerrillero"; del otro, "paraco" o "fascista". Para quienes viven del entretenimiento y dependen, en buena medida, de la relación que construyen con su audiencia, la discusión política puede incluso afectar sus oportunidades profesionales.
¿Cuál es el costo de hablar de política cuando, en parte, se vive de la aprobación del público? ¿Vale la pena asumir las consecuencias inevitables de asumir posturas políticas públicamente?
CAMBIO habló con artistas y periodistas culturales para entender qué hay detrás de esa tensión entre la libertad de expresión, la fama y la polarización, y si en Colombia opinar sobre política se ha convertido en un riesgo para quienes viven de su imagen.
Dos actores y un cantante que en distintos momentos han hecho públicas sus posiciones políticas prefirieron no hablar para esta nota. Argumentaron que cada vez que se pronuncian sobre asuntos políticos son víctimas de una avalancha de mensajes de odio que termina por generar una afectación personal que trasciende las redes sociales.
El actor Luis Velasco, conocido por sus apariciones en telenovelas famosas internacionalmente como ‘Rosario Tijeras’ y ¿Dónde está Elisa?’, respaldó sin ambages la candidatura de ultraderecha de Abelardo de la Espriella e incluso usó sus redes sociales para impulsar la campaña de Defensores por la Patria, convencido por las propuestas de seguridad y de apoyo a la empresa privada. Velasco considera que asumir una postura política abierta y de frente a su público es un ejercicio democrático legítimo e incluso necesario.
No pasó mucho tiempo para que varios de sus seguidores lo compararan con uno de sus papeles actorales más recordados, el del personaje de Manín, el villano principal de ‘La Reina del Flow’, un narco despiadado y obsesionado con la venganza.
Desde una posición política distinta, el cantante Mario Muñoz, vocalista de la banda de rock colombiano Doctor Krápula, también ha marcado con claridad su posición. Lleva más de un década haciendo activismo en contra de lo que considera injusticias sociales y defendiendo los derechos de la minorías, de los trabajadores, a la educación pública, entre otras causas. ‘Mamerto’ y ‘resentido’ son quizá algunos de los insultos más tranquilos que recibe por parte de quienes piensan distinto a él.
Aunque no se presenta como adscrito a ningún partido político sus redes sociales han difundido pronunciamientos a favor del Pacto Histórico y ha participado en varias ocasiones de conciertos de campaña de esa corriente política.
Ambos coinciden en que hacer pública una posición política tiene consecuencias. Para Velasco, el efecto más inmediato se vio en la relación con su audiencia. "El público no es una masa uniforme; está lleno de matices", afirma. Tras expresar su respaldo al hoy presidente electo, dice que una parte de sus seguidores se distanció, mientras otra fortaleció el vínculo con él por considerar auténtica su postura. También reconoce que perdió algunos seguidores en redes sociales, aunque asegura que recibió un respaldo importante de personas que se sintieron representadas por su mensaje.
Muñoz, por su parte, sostiene que los costos han ido más allá de las redes sociales. El cantante de clásicos como ‘El Pibe de mi barrio’ o ‘La fuerza del amor’ le contó a CAMBIO que recientemente a su equipo le cancelaron una gira nacional en una decisión aparentemente motivada por su inclinación política. "Esos son los riesgos de tomar postura y es por eso que muchos artistas no lo asumen", aseguró.
“Estábamos cerrando dos giras por Colombia y quienes estaban organizando una de esas, cancelaron porque los intereses de las empresas privadas y de algunas entidades que iban a apoyar esa gira vieron en nosotros, en mí especialmente, una postura política muy clara en contra de lo que se va a venir ahora, que es el mandato del señor De la Espriella”.
Pero las consecuencias no dependen únicamente de la reacción del público. También interviene una industria que, según expertos, suele premiar la neutralidad.
"A los artistas nuevos les toca la peor parte"
Mientras artistas con trayectorias consolidadas o con una identidad política construida desde hace años tienen un margen mayor para resistir la controversia, los más jóvenes enfrentan mayores incentivos para evitar cualquier pronunciamiento que pueda afectar patrocinios, reproducciones o contrataciones. "En el modelo actual de plataformas, clics y métricas, a los artistas nuevos les toca la peor parte", afirma para CAMBIO el periodista musical y gestor cultural, Chucky García.
Aunque parten de posiciones ideológicas opuestas, ambos coinciden en que expresar públicamente una postura política tiene consecuencias. Mientras Velasco considera que las tensiones con parte del público son una reacción propia de un país polarizado, Muñoz sostiene que el clima de confrontación se ha intensificado y que cada vez resulta más difícil expresar posiciones críticas, sobre todo si son de izquierda, sin enfrentar estigmatización o consecuencias profesionales.
Aunque el caso de Karol G no ha derivado, al menos públicamente, en consecuencias profesionales como las que describen otros artistas consultados por CAMBIO, sí volvió a evidenciar el nivel de hostilidad que puede generar un pronunciamiento político de una figura pública.
El caso de la carta dedicada a De la Espriella también refleja un dilema cada vez más frecuente para las figuras públicas. "Si el artista abre la boca, pocas veces sale invicto. Y si no la abre, también termina siendo señalado por guardar silencio o por tibio", dice García.
Frente a ese escenario violento, algunos artistas han optado por tomar medidas para limitar el impacto de la polarización en sus espacios digitales. Restringir los comentarios, bloquear cuentas, filtrar palabras ofensivas o incluso evitar pronunciamientos políticos se han convertido en estrategias para reducir la exposición a campañas de insultos y descalificaciones.
Velasco asegura que decidió no responder a los ataques para evitar cadenas de odio. "No me engancho en discusiones estériles, no respondo al odio con más odio", afirma. Dice que prefiere bloquear la violencia verbal "por salud mental". Por su parte, Mario Muñoz, también conocido como 'El Subcantante', admite que en más de una ocasión ha pensado en dejar de pronunciarse sobre política para evitar las consecuencias que ello implica. Sin embargo, asegura que hacerlo sería traicionar sus convicciones. “En algún punto pensé, qué tal sería nadar con la corriente, pero no es mi ADN; guardar silencio no es no es mi estilo”.
La velocidad con la que circulan las discusiones políticas también ha cambiado la escala de esas controversias. García recuerda que antes una declaración polémica solía quedarse en el ámbito local, mientras que hoy puede convertirse en un debate global en cuestión de horas, alimentado por usuarios que ni siquiera siguen la carrera del artista.
Esa amplificación no siempre se traduce en consecuencias permanentes, pero sí aumenta la presión sobre figuras cuya imagen depende, en buena medida, del respaldo del público.
En un país donde la conversación política parece haberse instalado en todos los espacios públicos, los perfiles de artistas, deportistas e influenciadores también se convirtieron en trincheras. Hablar tiene costos. Guardar silencio, cada vez más, también.
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