La bielorrusa Natalia Litvinova ganó el II Premio Lumen de novela por su obra 'Luciérnaga'

Crédito: @NatLitvinova

4 Junio 2024

La bielorrusa Natalia Litvinova ganó el II Premio Lumen de novela por su obra 'Luciérnaga'

La escritora bielorrusa Natalia Litvinova ganó el II Premio Lumen de novela por su obra 'Luciérnaga'. El premio incluye 30.000 euros y la publicación de la novela en todo el territorio de habla hispana.

Por: Redacción Cambio

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La escritora bielorrusa Natalia Litvinova, quien reside en Buenos Aires (Argentina), fue galardonada con el II Premio Lumen de novela por su obra Luciérnaga, presentada bajo el título La niña de los brazos de acero y el seudónimo Darina. El premio incluye 30.000 euros y la publicación de la novela en todo el territorio de habla hispana.

"Una voz deslumbrante y conmovedora, con la difícil cualidad de la sencillez. En la tradición de la mejor literatura rusa, pasa del realismo a lo mítico con naturalidad y sabe recurrir al humor y la ironía para narrar una historia que todavía no habíamos leído. La guerra y la emigración, la vida en Bielorrusia ("el país que se rompe") como telón de fondo sobre el que se narran los recuerdos de una infancia marcada por el desastre de Chernóbil y la resistencia de las mujeres. Una novela luminosa y radiactiva", dijo el jurado, que declaró ganadora la novela por unanimidad.

En esta edición se recibieron 549 manuscritos procedentes de Argentina, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, México, Perú y Uruguay. El jurado estaba compuesto por las escritoras Ángeles González-Sinde, Luna Miguel, Clara Obligado, la directora de la librería Rafael Alberti (Madrid), Lola Larumbe, y la directora literaria de Lumen, María Fasce.

¿Quién es Natalia Litvinova?

Natalia Litvinova, poeta y editora, nació en Bielorrusia en 1986 y vive en Buenos Aires desde 1996, donde dicta talleres de poesía. Ha publicado varios libros, entre ellos Todo ajeno (2013), Siguiente vitalidad (2016) y Soñka, manos de oro (2022). Su obra ha sido publicada en Alemania, Francia, España, Chile, Brasil, Colombia y Estados Unidos. 

¿De qué trata Luciérnaga?

La protagonista de Luciérnaga es Natalia, quien, a los 36 años, regresa a la casa de su madre en Buenos Aires tras romper con su pareja. Así, Natalia inicia un viaje hacia su pasado: el de su país de origen, Bielorrusia, donde la autora nació pocos meses después de la explosión de la central nuclear de Chernóbil, y el del país de acogida, Argentina, a donde la familia de Natalia emigró en 1996 en busca de un futuro mejor.

"En esta ópera prima delicada y contundente, de desarraigo y memoria, Natalia Litvinova recupera el relato oral de las mujeres de su familia en un mundo inhóspito en el que la historia parece estar a punto de acabarse, y aborda la identidad, los lazos familiares y la experiencia privada en un memoir lleno de poesía y sinceridad, que es también un ajuste de cuentas con un pasado marcado por la migración y la necesidad de sobrevivir a un mundo en disolución", dice la sinopsis de la obra. 

Así empieza Luciérnaga

Incluimos un pasaje de la primera parte de la novela Luciérnaga:

Corte

No quería nacer en otoño en un país radiactivo. Pero el médico me sacó a través de un corte realizado con bisturí, y con mis pies toqué la tragedia, mientras que con las manos intentaba aferrarme a las entrañas de mi madre. 

El tajo de mamá no cerró bien. Era demasiado largo y su organismo no tenía las vitaminas suficientes para curarse. Y aunque ya pasó mucho tiempo, cuando le cuento algo gracioso, al reír, ella se agarra de la panza como si fuera una granada a punto de estallar, y me pide: "Basta ya, me voy a descoser y se me van a salir las tripas".  

Los primeros años de mi vida coincidieron con la recesión económica y el fin de la Unión Soviética. En los almacenes desaparecieron el jabón, los corpiños, el papel higiénico, el aceite, los pañales, la leche. Las góndolas de licores y conservas se llenaron de repollos y los mercados se transformaron en un huerto arrasado. La vida se convirtió en una extensa fila de espera; a cada familia se le entregaban cupones para los productos que podían adquirir cada mes, los más valiosos eran los de los cigarrillos y el alcohol. El vodka era un bien preciado y en nuestra familia nadie tomaba. Mamá canjeaba los cupones de vodka con los vecinos por los de aceite o manteca, y así pasó del anonimato a ser popular en el barrio: la llamaban "mujer con hijos que no bebe", "la que destila cupones" y "la patrona de los borrachos".

Mientras en la tele mostraban a un hombre rompiendo a martillazos el Muro de Berlín, mi madre y sus amigas sacaban de los baúles las cortinas de seda, sábanas y manteles de encaje que les habían dado sus madres para que pasaran de generación y generación. Y con eso nos cosían ropa, a nosotros, sus hijos todavía sin memoria.

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