
Giorgio Grisales, el luthier colombiano que juega en las grandes ligas de Italia
Giorgio Grisales.
Cremona es famosa en el mundo entero por la construcción artesanal de violines y demás instrumentos de cuerda frotada. En esa ciudad de Italia Jorge Grisales, conocido como Giorgio, se ha destacado en el gremio de los luthiers. Sus instrumentos de cuerda son muy apreciados en el mundo entero.
Por: Eduardo Arias
Al lado de la plaza principal de Cremona hay un local donde se exhiben varios instrumentos de cuerda en su vitrina. El nombre del negocio es Giorgio Grisales, un apellido muy colombiano gracias a Amparo y al futbolista el Totono. Así es. Se trata del almacén y taller de un antioqueño llamado Jorge Grisales conocido como Giorgio. Un enamorado de la música que, al darse cuenta muy joven de que no iba a ser un intérprete destacado del violonchelo, decidió hacerlo como constructor de instrumentos de cuerda frotada. Y lo hace nada menos que en Cremona, una ciudad de fama mundial gracias al oficio de la luthiería. La ciudad de Antonio Stradivarius y las familias Amati y Guarneri. Además, Grisales es el director del Consorcio de Luthieres de Cremona, lo que lo convierte en una especie de embajador ante el mundo de los fabricantes de instrumentos de la ciudad.
Él llegó a Cremona hace 42 años después de haber presentado exámenes de admisión para estudiar medicina para darle gusto a sus padres, que querían que fuera médico, abogado o dentista y que tomara su afición por la música como un pasatiempo. Pero, como él señala, no pasó de la cafetería de la Universidad de Antioquia. Para Grisales la música y los instrumentos, más que una afición, eran una pasión que adquirió desde muy joven. Fue trovador, tocó tiple y a través del marido de una tía, que fabricaba guitarras, se enteró de la importancia que tenía la construcción de instrumentos en una ciudad italiana llamada Cremona. Desde niño fue a Marinilla, en el oriente antioqueño, donde se construyen guitarras, tiples y otros instrumentos de cuerda y se interesó en el tema. “Me fascinaba ese mundo de la construcción de los instrumentos, el trabajo de la madera, su transformación y entonces me enamoré de aquello”.
Él tenía la posibilidad de escoger entre tocar un instrumento o fabricarlo. “Son dos mundos completamente diferentes. A mí siempre me gustó trabajar la madera y la construcción de los instrumentos”. Su relación con la llamada música clásica también viene desde su infancia. Siempre fue una constante en su familia. No solo la escuchaban, sino que él empezó a estudiar violoncelo a los 14 años de edad. “Yo afortunadamente entendí desde joven que nunca hubiese sido un excelente músico, entonces preferí dedicarme al mundo de la luthiería y tratar de fabricar excelentes instrumentos”.
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