
Museo Escalona: mucho más que una casa en el aire
Con motivo de la conmemoración de los 100 años del nacimiento de Rafael Escalona, la fundación que lleva su nombre y su casa museo han organizado una gran variedad de actividades que se prolongarán a lo largo de este año y parte de 2027.
Por: Eduardo Arias
En una casa de esquina del tranquilo barrio bogotano Molinos Norte, una cuadra al sur de la avenida Pepe Sierra, un mural pintado en su garaje traslada la imaginación a Valledupar. En esa casa vivió el maestro Rafael Escalona hasta el día de su muerte, el 13 de mayo de 2009. Allá, sus hijas Carolina y Astrid montaron en el primer piso hace tres años un museo en el que se exhiben materiales muy diversos relacionados con la vida, obra y aficiones de Escalona.
Un poco de historia
En 2008, Escalona y su esposa Luz María Zambrano crearon la fundación que lleva su nombre para impulsar proyectos y procesos culturales y preservar su legado para las futuras generaciones. El compositor registró las marcas Rafael Escalona y La Casa en el Aire, que administran la fundación. “El principal objetivo de la fundación es preservar su obra para las futuras generaciones. Entonces, a través de las diferentes facetas que tenía Escalona se generan proyectos y procesos que van enfocados a la primera infancia, a los jóvenes, pero también estamos muy enfocados en los escalonistas, adultos que ya conocen sobre Escalona, conocen su música, colecciona su música”, dice Carolina Escalona.

La casa museo es el centro de operaciones de las distintas actividades que comenzaron a desarrollarse desde el pasado 24 de mayo para celebrar la vida y el legado de Escalona. Las hermanas Escalona Zambrano, hijas del maestro, lideran las diferentes actividades culturales de la celebración. Una de ellas es la Ruta Escalona: Sabores y Saberes de La Casa en el Aire, una experiencia que combina la música y la narrativa costumbrista de las canciones de Escalona con el rescate de la gastronomía tradicional y su evolución en menús contemporáneos. El proyecto también tiene en cuenta la artesanía y convoca a juglares tradicionales y artistas contemporáneos para rendir un tributo vivo a la narrativa costumbrista del maestro.
Otras actividades programadas son visitas guiadas y exposición permanente en la Casa Escalona, grabación de nuevas versiones del catálogo de Escalona con la participación de artistas nacionales e internacionales, la exposición itinerante Escalona 100 Años: Patrimonio Vivo en Circulación, un recorrido por escuelas y colegios para difundir el legado de Escalona a las nuevas generaciones en lo que resta de 2026 y en parte de 2027.
Un recorrido por la casa museo
Carolina Escalona explicó que antes de morir Rafael escalona dejó todo muy organizado para que su legado no se perdiera y que dejó absolutamente todo organizado. “Nos ganamos una subvención de los Latin Grammy y a través de ese premio hicimos la recopilación de 170 piezas de su archivo personal -dice-. “Aquí es donde él vivió hasta que se fue a su casa en el aire”.
Escalona se había radicado en Bogotá y vivió muchos años en el centro de la ciudad, en el edificio Barichara. “Queremos estar más tranquilos y nos pasamos a vivir a esta zona”, afirma.

El museo está organizado por épocas y lo atraviesa una gran línea de tiempo en el salón central, que hace las veces de vestíbulo. Allí es posible ver manuscritos de su puño y letra con los textos de canciones. “Dejó escritas todas sus canciones, porque a él le molestaba que le que le cambiaran la letra”. En esa sala principal se exhibe también varias fotografías que ilustran su trayectoria, o acompañado por amigos en Patillal (donde nació Escalona), con el acordeonista 'Colacho' Mendoza, con Manuel Zapata Olivella y Gabriel García Márquez. “Ellos se hicieron grandes amigos porque el abuelo de Gabriel García Márquez y el papá de Escalona estuvieron juntos en la Guerra de los Mil Días. Entonces Escalona se llevó a Garcóa Márquez a hacer toda la correría por la región Caribe y a mostrarle todos esos sitios que su abuelo le había compartido en sus historias. De ahí él se inspira y lo inmortaliza en El coronel no tiene quien le escriba y en Cien años de soledad”.
Allí también se exhibe el premio Latin Grammy que Escalona recibió como reconocimiento de obra y vida. “Con este premio se abrió la categoría de vallenato cumbia en los Latin Grammy que antes no existía”.

El refugio del juglar
El salón principal de la casa, que Escalona llamaba “la sala del pensamiento”, se mantiene tal cual él la tenía. “Nosotros queremos que la gente conozca como vivía Escalona. Su sala, los muebles, están completamente originales, organizados tal cual los dejó y le encantaban”. Carolina Escalona agrega que al maestro le regalaban cuadros, algunos de ellos desnudos femeninos. Allí también es posible ver las fotos familiares, entre ellas una en la que aparece en su faceta de ganadero y agricultor. En otra aparece en compañía del expresidente Alfonso López Michelsen, de quien fue un gran amigo.
En la sala se exhiben varios de los muchos premios y condecoraciones que recibió, y unos peluches a gran escala de felinos. “Él era amante de sus animales, entonces que tenía sus tigres”. En la sala del pensamiento se encerraba horas con sus amigos. Como Escalona no sabía escribir música, él silbaba y tocaba sobre la mesa, sus amigos venían y él le sacaba una melodía y después le ponía la letra a la canción. Entonces, alguien que sí sabía de solfeo le transcribía la melodía al pentagrama.

El comedor también se conserva con los muebles originales y en una de las paredes se proyecta un video. “Es la última parranda que tuvimos con mi papá antes de irse a su casa en el aire. Estaban todos los sus amigos. Él siempre fue muy buen anfitrión. Recorría toda la casa, estaba pendiente, revisaba las ollas, organizaba absolutamente todo”.
Más que un compositor de canciones
La exposición también muestra sus facetas de dibujante y pintor. A Escalona desde niño siempre le gustó el dibujo. Lo entusiasmaban e inspiraban artistas como Pablo Picasso, Salvador Dalí o Leonardo da Vinci, pero por respeto a Jaime Molina, que era el pintor, se abstuvo de hacerlo hasta que este murió. “El pintor era Jaime Molina y el compositor era Escalona. Cuando murió Jaime Molina, Escalona retomó la pintura”.

En una pared de este salón se exhibe el mural donde pintó la casa en el aire, la golondrina, la nube rosada, la Sierra Nevada de Santa Marta, el arcoíris. “Cada parte del cuadro es una canción. La señora que está en el centro es Juana Arias, que lo consentía mucho. Ella les cocinaba a ellos las para las parrandas. Era la alcahueta, por decirlo así. Y pinta acá en representación del Festival Vallenato a Consuelo Araujo y 'Colacho' Mendoza”.
Escalona dibujó a Jaime Molina, su gran amigo de Patillal, quien murió en 1978. Al lado del dibujo está enmarcada la letra de la muy recordada canción Oda a Jaime Molina. También se exponen las ilustraciones de Nicolás Lagartija, el último cuento que escribió, que realizó junto con su sobrino nieto Juan Diego. “El cuento es muy lindo porque tiene dos vertientes. Para los niños es la moraleja del cuidado de la naturaleza y para un adulto es una historia de amor”. La habitación donde dormían Escalona y su esposa también se conserva intacta.

En el museo también se resalta su faceta de escritor. Hay un ejemplar de un compilado de historias titulado originalmente El libro del viejo Pedro y que Daniel Samper Pizano le sugirió que lo llamara más bien La casa en el aire. El viejo Pedro era el mejor amigo de la mamá de Escalona, recorría todo el Caribe donde recogía historias que le contaba a Escalona y este las escribía.
Otro de los libros que se conservan son los manuscritos de su puño y letra de todas sus canciones, acompañado de ilustraciones suyas y fotografías. También hay documentos que recuerdan su tarea como diplomático.
Diseñador de moda
Una faceta de Escalona muy poco conocida es la de diseñador de ropa, sombreros y accesorios en cuero como cinturones, licoreras y cartucheras, de lo cual hay muestras en la casa museo. Desde muy joven se vistió como los galanes de las películas mexicanas. “Primero lo dibujaba, luego hacía el boceto en cartón y lo entregaba a la marroquinería”. También creó y diseñó su propio sombrero.

La ropa que diseñaba se la elaborada un grupo de costureras en Bogotá. “Ellas sabían que, si llegaba a las 8 de la mañana, hasta que no le entregaran todo hecho no se iba. Siempre estaba pendiente de toda la construcción de sus trajes”.
La fundación siguió ese camino y hoy elabora prendas junto con varias comunidades. “La gente se inspira en la canción de Rafael Escalona. Les entregamos las canciones a los diseñadores, a las matronas, a los juglares y a través de esa composición ellos crean las mochilas”. Llegan a las distintas regiones a través de la Ruta Escalona: Sabores y Saberes de la Casa en el Aire. “De esa manera exaltan a través de las composiciones de Rafael Escalona los sabores y saberes de los territorios través de la música, la gastronomía, el diseño y la escritura, para rendir ese homenaje dentro de cada una de sus líneas culturales”.

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