
Alejandro Gaviria contra los extremos: una defensa de la Colombia posible
En su libro 'Contra el fanatismo: ensayos de una Colombia posible', Alejandro Gaviria plantea una lectura escéptica pero esperanzadora del país. El exministro analiza la polarización, cuestiona los relatos extremos de izquierda y derecha, y reivindica el reformismo democrático como una vía para construir consensos.
Por: Jesús Bovea
En tiempos cuando el debate público parece atrapado entre la indignación permanente y las verdades absolutas, Alejandro Gaviria vuelve a la escritura con un libro que intenta abrir un espacio para la duda, la complejidad y los matices. Contra el fanatismo: ensayos para una Colombia posible es, en esencia, una defensa del pensamiento crítico en una época marcada por la radicalización política y emocional.
El libro parte de una premisa clara: Colombia no es el fracaso absoluto que muchos discursos políticos han querido instalar en el imaginario colectivo. Para Gaviria, esa narrativa, repetida tanto desde ciertos sectores de izquierda como desde la derecha más conservadora, desconoce avances sociales y económicos que han transformado al país en las últimas décadas. “Quiero hacerle un contrapeso parcial a esas emociones políticas que, de alguna manera, se alimentan de verdades a medias o posverdades”, explica.
La primera parte de la obra se concentra precisamente en desmontar algunos de esos relatos simplificadores. Gaviria revisa el desempeño económico y social de Colombia en los últimos 25 años, analiza las tensiones del sistema de salud, resume estudios sobre desigualdad y evalúa el impacto que dejó la pandemia en la vida económica y social del país. Lo hace desde una intención deliberadamente objetiva, intentando separar los hechos de las pasiones políticas.
A conocer las causas
Sin desconocer los problemas estructurales que enfrenta Colombia, el autor insiste en que existen historias de progreso que suelen quedar sepultadas bajo el ruido de la confrontación. Recuerda, por ejemplo, que el país creció durante años por encima de economías comparables en América Latina, que las clases medias se duplicaron y que la pobreza extrema disminuyó de manera significativa.
También reivindica el papel de las instituciones democráticas, incluso en medio de las crisis recientes. Para Gaviria, Colombia ha demostrado contar con mecanismos capaces de contener los excesos del poder ejecutivo y preservar ciertos equilibrios democráticos. En un contexto latinoamericano marcado por liderazgos autoritarios y pulsiones populistas, esa estabilidad institucional adquiere un valor que, según él, no siempre es reconocido.

Más que un libro de diagnósticos técnicos, Contra el fanatismo... termina siendo una reflexión política atravesada por la experiencia personal de su autor. Gaviria asegura que la obra combina sus “tres vidas profesionales”: la de consultor, la de escritor y la de político. De esa mezcla surge una mirada escéptica frente a las promesas redentoras, pero también una defensa insistente de lo que denomina “el posibilismo”.
Ese posibilismo, explica, parte de entender que el cambio social rara vez ocurre de manera total o inmediata. Por el contrario, las transformaciones profundas requieren acuerdos parciales, construcción de consensos y reformas graduales. En otras palabras, una reivindicación de la imperfecta democracia liberal en un momento histórico donde las posiciones moderadas parecen perder espacio frente a los discursos extremos.
Entre el espacio y la realidad
En esa pérdida de espacio, las redes sociales ocupan un lugar central. Gaviria reconoce que las plataformas digitales democratizaron la opinión pública y ampliaron voces históricamente excluidas, pero también advierte que favorecieron la visibilidad de las posiciones más radicales. “Las opiniones más extremas son más visibles”, sostiene, al tiempo que lamenta que muchas voces moderadas hayan abandonado el debate público ante la agresividad de las discusiones digitales.
El libro identifica además dos grandes relatos políticos que hoy dominan el país. Por un lado, el de una izquierda que divide la realidad entre un pueblo históricamente excluido y unas élites responsables de dos siglos de desigualdad y malas decisiones. Por el otro, el de una derecha que denuncia no sólo el deterioro económico y de seguridad del actual Gobierno, sino también una supuesta crisis moral de la nación.
Para Gaviria, ambos discursos comparten un elemento común: el moralismo. Cada uno se presenta como el depositario legítimo de la justicia y termina reduciendo la complejidad social a una disputa entre buenos y malos. Esa lógica, advierte, dificulta cualquier posibilidad de construir acuerdos amplios y amenaza con profundizar aún más la polarización.
Reflexiones para la vida moderna
El autor incluso identifica una geografía política detrás de esas narrativas. Según explica, el discurso de izquierda encuentra mayor eco en el suroccidente del país, en regiones del Caribe y en los sectores populares urbanos, mientras que la visión más conservadora se concentra en el centro de Colombia y en los estratos medios y altos de las ciudades. Dos visiones distintas del país que, a su juicio, están redefiniendo el mapa político nacional.
Sin embargo, lejos de caer en el pesimismo absoluto, Gaviria insiste en conservar lo que llama “un sesgo por la esperanza”. Menciona avances recientes en empleo, nuevas formas de inserción en la economía global a través del turismo y los servicios, y múltiples experiencias de progreso local en ciudades y regiones que han logrado construir modelos exitosos de gestión y desarrollo.
En el fondo, Contra el fanatismo: ensayos para una Colombia posible es un intento por reivindicar la complejidad en un momento que premia las respuestas rápidas y las emociones instantáneas. Gaviria no propone utopías ni fórmulas definitivas. Su apuesta parece más sencilla y, quizás por eso mismo, más difícil: defender la posibilidad de una conversación democrática en un país donde cada vez cuesta más escuchar al otro.
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