
Silvio Rodríguez: así nació una leyenda
Silvio Rodríguez incluyó a Colombia entre los países de su gira por Latinoamérica y se presentará el 31 de octubre en Medellín, y el 2 de noviembre en Cali. Con más de 500 canciones firmadas con su nombre, 19 discos y muchos conciertos inolvidables, el trovador de 78 años vuelve al país, quizá, para despedirse. CAMBIO le cuenta cómo fue que Rodríguez, un recluta del montón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas, admirador de Martí y de Fidel, se convirtió en estrella.
Vio a Fidel Castro por primera vez a los 14 años, en la playa de Varadero, por ser uno de los 100.000 alfabetizadores de la revolución cubana. Comiendo arroz con manteca de cerdo, entre el salvajismo y el hambre, le enseñó a leer y a escribir a las tropas de campesinos en las montañas de Escambary, en Cienfuegos. En 1961, todavía adolescente, gracias a la –fallida– invasión estadounidense de Bahía Cochinos, empuñó por primera vez un fusil Mauser para defender su escuela en San Antonio de los Baños. Tres años después, fue recluta de la primera camada de cubanos obligados a cumplir con el servicio militar obligatorio.
En el Ejército, a escondidas y en las noches, trabó su íntima e insobornable amistad con la guitarra –en ese entonces una lira de 60 pesos cubanos–. Fue allí donde empezó a escribir canciones y en donde, en los Festivales Aficionados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), se presentó por primera vez ante un auditorio. Sin pena y sin gloria, como esos tantos días alargados en los que, y obligado a participar del lánguido espectáculo de las armas, estuvo a punto de ser llevado a los tribunales militares por defender a un recluta que se hacía pasar por gay para ser dado de baja, entre otras díscolas desviaciones.

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