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Deportes

Los cien años de soledad de Sandy Irvine

Monte Everest.

Se cumplieron cien años de la trágica expedición británica al Everest en la que perdieron la vida George Mallory y Sandy Irvine. No habría manera de saberlo sin una perspectiva histórica, pero aquellos dos muertos del Everest fueron los últimos de la Primera Guerra Mundial.

Por: Carlos Mauricio Vega

Un siglo y tres meses después de su salida del campamento VI hacia la cumbre del monte Everest, ha aparecido la bota derecha de Sandy Irvine, con su respectivo contenido, a unos seis mil metros de altura, escupida por el torturado glaciar Rongbuk. La hallaron los exploradores de Nat Geo, posiblemente con ayuda de drones, por lo menos 2.500 metros abajo del punto que debió alcanzar su dueño antes de morir, en la cara china del monte Everest. Su ubicación exacta se mantiene secreta, para evitar la invasión de buscadores de tesoros. De hallarse cerca el cuerpo de Irvine y con él la elusiva cámara fotográfica Kodak Vest Pocket que llevaba su líder y compañero George Mallory, podrían revelarse sus eventuales fotos de cumbre, que reescribirían la historia.

Es inevitable recordar, con la noticia, a Jairo Guerrero, Blancanitos, el inolvidable escalador nariñense, compañero de tantas rutas en la Suesca de los años 80, y que murió en el Cocuy colombiano en 1988, hace 36 años. De él solo fue posible encontrar, al igual que en el caso de Irvine, una de sus botas Koflach plásticas. Su caída épica, de casi 800 metros, por la pared oriental del Ritacuba Blanco, nos da una idea de lo que puede haber sido el vuelo de Andrew Sandy Irvine hacia la eternidad en el Everest del verano monzónico de hace un siglo.

La caída de Blancanitos fue producto de un alud que se llevó también al escalador polaco Richard Gaievsky. Estaban anclados en un punto de reunión a gran altura en un coluoir o canaleta que tiene el Ritacuba Blanco a su costado nororiental. Se salvó Marek Danielak, otro alpinista polaco que estaba autoasegurado en el punto de reunión pero no atado a ellos. Los dos polacos acompañaban a Jairo en el proyecto de abrir las primeras rutas de grandes paredes en Colombia (proyecto en el que lo antecedieron varios equipos o cordadas colombianas), y de prepararse para un intento de escalar el Annapurna en el Himalaya nepalí. Marek, siguiendo la tradición de los valientes alpinistas polacos, logró salvarse terminando la ruta de hielo y roca del Cocuy en solitario, con un solo crampón, un solo piolet o hacha de hielo, y sin cuerda.

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