
La última vez que Ghana enfrentó un sudamericano en fase mata-mata: la mano de Dios de Suárez y el penal de Abreu
Mano de Dios de Luis Suárez contra Ghana, Mundial 2010. Créditos: Reuters
Un verano hace 16 años, por cuartos de final, Ghana se enfrentó por primera y última vez a un sudamericano en fases finales de un Mundial. Fue contra la Uruguay de Forlán, Cavani y Suárez. Como antesala al partido entre Ghana y Colombia, rememoramos ese partido histórico, convulso y hermoso.
Fue en el Soccer City de Johannesburgo, el 2 de julio de 2010 y ante 84.017 espectadores. Era la Uruguay de Lugano en la defensa, el perro Arévalo Ríos en el mediocampo y, arriba, Edinson Cavani, Luis Suárez y Diego Forlán (con la 10 en la espalda y la cinta de capitán). Fue esa la Uruguay, la del ‘maestro’ Tabarez, la más poderosa que se ha visto en décadas. A los cuartos de final llegó invicta y tras un partido de alta tensión contra Corea. Forlán y Suárez se alternaban los goles; Lugano, Arévalo Ríos y el Ruso Pérez garantizaban el equilibrio; Pereira y Fucile ensanchaban la cancha, y el Loco Abreu, que entraba en los segundos tiempos, ponía el misterio.

En la otra esquina del ring, estuvo la Ghana de Kevin Prince Boateng, el escurridizo Muntari y el goleador Asaomah Gyan, este último responsable de la clasificación in extremis en octavos de final, en la prórroga, contra Estados Unidos. De ganarle a Uruguay, la selección de la estrella negra en el escudo se convertiría en el primer equipo africano en acceder a una semifinal en la historia de los mundiales.
El partido le cumplió a su promesa y fue, desde los primeros minutos, puro frenesí y vértigo. A los hermanos del sur el silencio se los tragó en el último suspiro del primer tiempo: el ghanés Muntari probó suerte desde 30 metros, y el Jabulani, ese balón anárquico, quebró a Muslera.
El empate uruguayo llegó al minuto 55. Lo firmó Forlán, el goleador de esa Copa, con un tiro libre en que logró una curva inédita: primero de adentro hacia afuera, y luego, para meterse en el ángulo, de afuera hacia adentro.
Se fueron a prórroga.
La mano de Dios de Suárez
Después de 30 minutos del tiempo extra, cuando el reloj señalaba los penales, en el último envión de Ghana, que terminó dominando a Uruguay en energía y en juego, Luis Suárez decidió inmortalizarse en la máxima fiesta. El arquero Muslera –ay Muslera– salió mal a cortar el último centro, la confusión se tomó el área chica uruguaya y un cabezazo ghanés, a boca de jarro, pareció romperles el sueño mundialista.
Pero Luis Suárez, entregado a la supervivencia inconsciente, a las mañas del barrio y de la calle, reinventó la mano de Dios y, con el disfraz vulgar de jugador-arquero, sacó el balón de la línea. Dios de barro.
Penalti, roja; y el destino de la historia de África en los mundiales en los pies de Gyan Asamoah, que hasta entonces era el héroe sin matices de Gahana. Lo erró, pegó en el palo, y Luis Suárez, como toda Uruguay, mutó de las lágrimas a las náuseas de la definición por penales.
La picada de Abreu
Muslera, todavía con cara de niño, tapó dos penales en la definición. Por parte de Uruguay, convirtieron Forlán, Victorino y Scotti, y erró Maxi Pereira. El cara y sello le quedó a Sebastián Abreú, responsable del quinto penal: el del tiquete a semis.

“Habitualmente lo pica, habitualmente lo pica, si lo pica me va a dar un ataque en el corazón, va el Loco Abreu”, dijo un narrador uruguayo excedido por las circunstancias.
El desenlace que decidió el delantero celeste sigue reverberando como el penal más bello de los mundiales. Superado solo por el de Zinedine Zidane, que osó a picar un penal, en la final contra Italia, en el Mundial de 2006.
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