
“Petro y su gobierno se encargaron de convertir la política en algo insoportable”: Juan Daniel Oviedo
El excandidato a la Vicepresidencia afirma que en la segunda vuelta habrá seis millones de ciudadanos que van a ir votar de acuerdo con las garantías democráticas que ofrezcan los dos candidatos de los extremos. “Petro es una enfermedad y la gente fue a votar en masa porque quiere curarse de eso”, dice.
Por: Armando Neira
Juan Daniel Oviedo (Bogotá, 1977), aplaudido exdirector del DANE y derrotado excandidato a la vicepresidencia como fórmula de Paloma Valencia, combina esas dos condiciones para hacer una lectura política del momento: la matemática y el deseo mayoritario de los colombianos que él palpó durante la campaña determinarán si la conducción del Estado entre 2026 y 2030 queda en manos de Abelardo de la Espriella o de Iván Cepeda. “Ninguno ha ganado; las posibilidades de ambos están intactas”, dice.
CAMBIO: Días después de la derrota, ¿cómo se siente?
JUAN DANIEL OVIEDO: Orgulloso. Muy orgulloso. Ayer cumplimos un año de estar en la arena política presidencial. Fuimos a apostarle a lo que sentíamos que quería Colombia; fuimos donde toda la gente, a los medios de comunicación, a todos lados, y en todas partes escuchábamos una misma palabra: “unidad, unidad, unidad”. Hicimos un ejercicio de unión, de suma entre distintos, que tristemente fracasó.
CAMBIO: ¿Por qué cree que fracasó?
J. D. O.: Por el momento del país. Porque el país no acogió la idea de esta suma, porque mucha gente ve hoy la política como una enfermedad y estaba buscando quién se la quitara, sin importar los daños colaterales.
CAMBIO: ¿Cómo así una enfermedad?
J. D. O.: Sí. Una enfermedad que dejó Petro. Él es una enfermedad. El presidente Petro y su gobierno se encargaron de convertir la política en algo insoportable. Ha habido momentos en estos años en los que yo me he levantado de madrugada para ver qué ha trinado él, contra quién se ha ido ahora o a quién está atacando hoy, a qué persona está odiando en este día. Y no me pasaba solo a mí, sino a muchas personas. En esa dinámica, muchos fueron a las urnas a decirle: “Ya no más, queremos sanar”.
CAMBIO: Pero existía la opción de no ver la cuenta de X del presidente...
J. D. O.: Ojalá hubiera sido solo eso. Los jóvenes, miles de jóvenes, están indignados con el sorprendente ascenso sin méritos académicos o técnicos de Juliana Guerrero y lo que esto caso representa; las mujeres, con las afirmaciones del presidente Petro sobre la conexión de los órganos sexuales femeninos y el cerebro; los escándalos de corrupción de día y de noche, en fin. Convirtió la política en una enfermedad y eso generó consecuencias claras: nuestra propuesta no conectó con la prioridad principal de los colombianos. La prioridad principal era quién sacaba a Petro para sentir una sensación de alivio.

CAMBIO: Si cree que la campaña se definió por ese punto, ¿por qué ustedes no ganaron si también era su intención?
J. D. O.: Porque ofrecer eso es fácil. Lo difícil es garantizar los derechos humanos, escuchar todas las voces y garantizar el respeto a la oposición. Esa era nuestra propuesta, que era más responsable, pero cautivó menos.
CAMBIO: ¿Por qué?
J. D. O.: Porque hay una cantidad de gente que a pesar de esa enfermedad cree que el remedio no es que vuelvan los políticos de antes. Y el gobierno de Petro, por más cuestionable que sea, representó para muchos una ruptura con ese pasado. Eso fue lo que llevó a que la votación de su candidato tuviera el apoyo que tuvo.
CAMBIO: Ustedes representaban una propuesta vanguardista, con una mujer y un miembro de la comunidad LGBTQI+. ¿Por qué cree que el país les dijo tan mayoritariamente que no?
J. D. O.: A esta campaña la rompieron el machismo y la homofobia. Uno tiene que ser consciente de que errores se pudieron cometer muchos, y daremos la cara siempre que haya alguna equivocación. Pero el efecto de fondo era que una tercera parte de las personas que votan tiene inclinaciones machistas. Ese sentimiento machista y la homofobia explícita que existe en Colombia, con todos los ataques que recibí diciéndome que yo promovía el cambio de sexo en los niños y que íbamos a sexualizar a las niñas en Colombia, llevaron a que la gente mirara hacia otro lado.
CAMBIO: Vamos a cumplir una década del plebiscito sobre el Acuerdo de Paz de 2016. En aquel momento, los del Sí eran acusados de querer imponer la “ideología de género” o de andar con un “rayo homosexualizador” para cambiar a los demás. ¿Por qué ese tipo de mentiras se esparce y cala tan fácilmente entre la gente?
J. D. O.: Tristemente, el argumento de la ideología de género, que en ese momento enarboló como bandera el Centro Democrático, se convirtió en un arma de doble filo. Los sectores más ultraconservadores la volvieron a sacar para decir que Oviedo iba a homosexualizar a sus hijos. Por eso, en los últimos días, muchos uribistas tomaron otro camino.
CAMBIO: ¿Abandonaron la campaña?
J. D. O.: Tenemos evidencia de una crítica muy fuerte frente a mi condición homosexual en Antioquia durante las últimas semanas, que llevó a que las bases del Centro Democrático le dijeran en la cara al presidente Uribe que se iban a voltear. Eso duele muchísimo: que las bases del Centro Democrático le hayan dado la espalda tan de prisa al presidente Uribe.

CAMBIO: ¿Usted cree que el país sigue fracturado entre los del Sí y los del No?
J. D. O.: Tristemente, sí. Llevamos una década y el país sigue igual de dividido entre los del Sí y los del No. Yo tenía la confianza y el aprecio por Paloma —que aún conservo intactos— y la convicción de que esa suma de cicatrices, ella como activista del No en ese momento y yo como ciudadano del Sí, diera un resultado distinto, que nos permitiera sanar esas heridas y ganar terreno diciéndole a Colombia que estas dos visiones pueden recorrer el mismo camino para que el país sea más grande. No lo logramos.
CAMBIO: ¿Cómo se puede hacer esto?
J. D. O.: Mi aporte, como integrante de un centro que sí se moja, es no salir ahora con un criterio de superioridad moral a decir quién merece mi voto, sino formular unas preguntas que les permitan a los millones de colombianos que no nos sentimos representados en esas dos alternativas tomar una decisión en la que los costos de nuestro voto no sean tan altos. Porque sí queremos que se vaya Petro, pero no podemos poner en riesgo los derechos de las minorías históricamente discriminadas.
CAMBIO: ¿Por qué cree usted que Abelardo de la Espriella se convirtió en este fenómeno que hoy lo tiene cerca de ser presidente de Colombia?
J. D. O.: Él tiene una oferta de derecha extrema y populista, siguiendo los manuales de lo que ha ocurrido en estos tiempos en el continente: ponerse la camiseta de la selección de fútbol, como Bolsonaro en Brasil; pintar felinos, como Milei en Argentina; prometer cárceles masivas, como Bukele en El Salvador; y proyectar una imagen de hombre millonario y acaudalado, como Trump en Estados Unidos. Todo eso lo sumó y lo presentó bajo una misma oferta: “Estamos aquí para sacar a Petro”. Y la gente conectó más con ese mensaje.
CAMBIO: Usando su expresión de la enfermedad, ¿la gente compró la idea de que él va a sanar al país de Petro?
J. D. O.: Ahí están los resultados. Su campaña pasó por encima de la de Paloma y Oviedo porque, en un país como este, las elecciones no son el momento para expresar solidaridad, sino para buscar la receta que más promete alivio.
CAMBIO: ¿Usted cree que con esos resultados él ya ganó?
J. D. O.: Para nada. Si con los resultados de la primera vuelta todo estuviera decidido, ya sabríamos quién será el próximo presidente. Pero para eso existe la segunda vuelta en Colombia: primero, para ampliar el espectro de decisión; segundo, para que participe más gente. Y esa gente, junto con quienes no nos vimos representados el 25 de mayo, tenemos que tomar una decisión.

CAMBIO: ¿Cuál será la suya?
J. D. O.: Yo lo he dicho públicamente: quiero sumar a quienes representan los intereses de los colombianos que quieren resolver los problemas de fondo —la salud, la seguridad energética, la corrupción, la falta de confianza para invertir— y también sumar la voz de los jóvenes que no quieren salir a votar por un mal menor, sino por un país que les ofrezca oportunidades.
CAMBIO: ¿Y quién es?
J. D. O.: Ya sabemos quiénes son los dos actores políticos que pueden gobernar a Colombia: Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. Sabemos que quienes votaron por Cepeda en primera lo harán ahora en segunda y que quienes lo hicieron por Abelardo volverán a repetir. Entonces, la decisión del 21 de junio depende de quienes no se han sentido representados —que son aproximadamente tres millones de votos— más los nuevos votantes, que pueden llegar a ser otros tres millones.
CAMBIO: Según sus cuentas, seis millones de electores van a decidir quién será el presidente.
J. D. O.: Así es. Hablamos de seis millones de colombianos que tienen que poder tomar una decisión sobre cuál de los dos candidatos apoyar o si usar la tercera opción, el voto en blanco; aunque sabemos que el voto en blanco no suele funcionar en Colombia.
CAMBIO: ¿Y usted por quién va a votar?
J. D. O.: No lo he decidido. Mi responsabilidad ahora no es decirle a la gente qué hacer. Mi responsabilidad es defender la democracia, sus resultados y mantener vivo el debate público. Mi trabajo no es decirle a la gente qué pensar; mi trabajo es seguir escuchando lo que está pensando la gente. Lo que no quiero es un país en el que los jóvenes tengan que salir a votar por la defensa de la Constitución a costa de los derechos de las minorías históricamente discriminadas; un país cuyo gobierno ponga en riesgo la estabilidad institucional; un país que pretenda destruir a quien piense distinto. Esas son las inquietudes sobre las que los dos candidatos tienen que dar respuestas para que podamos tomar una decisión.
CAMBIO: ¿El candidato Cepeda ya les respondió?
J. D. O.: Bueno, creo que ya están empezando a responder preguntas que antes no se atrevían a contestar. Ya todos ganamos con el anuncio de retirar la propuesta del Comité Promotor de una asamblea constituyente.
CAMBIO: ¿Qué otras preguntas tiene?
J. D. O.: ¿Con quién va a gobernar? Porque el gran problema del Gobierno de Petro ha sido la erosión de la capacidad técnica de la administración pública. ¿Qué garantías les va a ofrecer a quienes no voten por él? Estamos ante un gobierno que durante cuatro años fue víctima de extorsiones políticas.
CAMBIO: ¿Y para Abelardo?
J. D. O.: Hay que preguntarle qué significa exactamente la frase “por la razón o por la fuerza”, que se utilizó en tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. ¿Qué significa ese modelo de cárceles al estilo Bukele? Allí están vigentes porque se suspendió la independencia judicial y se reemplazó a los magistrados antes de que cumplieran sus períodos, pasando por encima de las leyes, para imponerlas. ¿Va hacer eso aquí? Y, claro, también hay que preguntarle: ¿cómo va a proteger a quienes se sienten excluidos por sus mensajes de campaña, personas como yo y miembros de las comunidades LGBTQI+?
CAMBIO: ¿Si Cepeda le sigue respondiendo esas preguntas, usted lo va a apoyar?
J. D. O.: Yo no necesito únicamente que me las respondan a mí, sino que se las respondan a los electores. Porque la pregunta no es por quién va a votar Oviedo, sino qué están dispuestos a hacer Abelardo y Cepeda para merecer el voto de esos seis millones de colombianos: los tres millones que no votaron por ellos en primera vuelta y los tres millones que, según todos los estimativos, saldrán a votar en la segunda.
CAMBIO: ¿Usted cree que esos seis millones, que numéricamente son inferiores a los 20 millones de votos que obtuvieron Abelardo y Cepeda en la primera vuelta, tienen hoy más peso?
J. D. O.: En esto uno no puede echarse mentiras. Los hechos concretos son que en los resultados del 25 de mayo Abelardo de la Espriella quedó primero e Iván Cepeda segundo. Entre ellos dos está el próximo presidente de Colombia. Pero los demás hoy tenemos la fuerza necesaria para moldear algunas de sus propuestas, que no necesariamente son las que nosotros queríamos. Con nuestros votos tenemos la posibilidad de defender unos límites democráticos. No podemos permitir que se elija un gobierno a costa de borrar los derechos humanos, de romper con la ONU o con el derecho internacional humanitario, como propone De la Espriella; ni tampoco uno que no sea capaz de admitir que la Paz Total fue un proceso muy equivocado y un gran error.
CAMBIO: Puede ser, pero esas son sus propuestas.
J. D. O.: Exacto. Ellos tienen la posibilidad de acercarse a los votos que les darán el triunfo cediendo, debatiendo, respondiendo y hablándole al país con claridad. Porque la primera vuelta ya pasó y ahora no solo cuentan sus seguidores: también deben responderles a quienes no votamos por ellos. En este momento hay una movilización silenciosa: mucha gente que ha estado desconectada de la política va a salir a decir decidida: “No, no van a pasar por encima de mis derechos”. Esas personas van a salir a votar y a decidir.
CAMBIO: ¿Las elecciones no están definidas, como mucha gente cree?
J. D. O.: Si yo sintiera, como actor político, que esto ya está decidido, no estaría dando toda esta lora como lo hago ahora.
CAMBIO: Finalmente, ¿va a ser candidato a la Alcaldía de Bogotá?
J. D. O.: Soy bogotano, pero este no es el momento de hablar de mí. Este es el momento de que De la Espriella y Cepeda hablen, debatan, cedan y, sobre todo, se comprometan a hacer mejor este país para todos.
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