
Educación sexual que cambia decisiones: los mitos y tabúes que más se transformaron entre adolescentes en Colombia
Un estudio realizado con 656 adolescentes y jóvenes de siete departamentos, encontró cambios en conocimientos y creencias sobre sexualidad, derechos, anticoncepción, diversidad y violencias de género después de procesos de Educación Integral en Sexualidad. Estos fueron los temas que más se transformaron.
Por: Lina Cuitiva
Un programa de Educación Integral en Sexualidad aplicado a 656 adolescentes y jóvenes en ocho comunidades vulnerables de siete departamentos encontró aumentos importantes en conocimientos sobre derechos sexuales y reproductivos, prevención del embarazo, diversidad y violencias basadas en género. Los mayores cambios se produjeron en los territorios que partían de los niveles más bajos de conocimiento.
Durante años, hablar de educación sexual en los colegios ha quedado atrapado entre dos extremos: quienes la reducen a enseñar cómo prevenir un embarazo y quienes la convierten en una disputa ideológica.

Pero una medición realizada por la organización Poderosas y Cifras y Conceptos muestra otra dimensión: cuando adolescentes y jóvenes reciben información sobre su cuerpo, sus derechos, el consentimiento, las violencias y la sexualidad, también pueden cambiar algunas de las ideas que condicionan sus decisiones.
El llamado Índice de Poder de Decidir (IPD), aplicado antes y después de los procesos de formación de Poderosas, pasó en promedio de 51% a 70%.
La medición incluyó a 656 adolescentes y jóvenes de entre 12 y 23 años, pertenecientes a 15 cohortes en ocho comunidades de siete departamentos del país: en Barú, Puebloviejo, Urabá, Cali, Soacha, Bogotá (Kennedy y Bosa) y Solano. Los programas abordaron temas como autoestima, autocuidado, sexualidad, menstruación, consentimiento, infecciones de transmisión sexual, corresponsabilidad, proyecto de vida, relaciones, violencias, diversidad y liderazgo.

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El resultado más llamativo aparece en los asuntos en los que todavía pesan mitos, tabúes y prejuicios.
Por ejemplo, al comenzar los procesos formativos, apenas 14 por ciento de los participantes identificaba la virginidad como una construcción social. Al finalizar, la cifra llegó al 48 por ciento.
También aumentó de 34 a 74 por ciento la proporción de jóvenes que reconocían la menstruación como un proceso natural; de 35 a 63 por ciento, quienes entendían que el deseo sexual no depende del género; y de 45 a 70 por ciento, quienes conocían que el aborto está reconocido legalmente en Colombia como un derecho.
En otras palabras, los mayores movimientos no estuvieron necesariamente en aquello que los jóvenes ya sabían, sino en creencias sobre las que existían mayores vacíos.
Donde había más brechas, hubo mayores cambios
En Solano, Caquetá, en 2024, el IPD pasó de 36 a 66 por ciento, el mayor crecimiento relativo de todo el proceso. En Pueblo Viejo, Magdalena, pasó de 37 a 57 por ciento, mientras que en Urabá, Antioquia, en 2025, aumentó de 40 a 68 por ciento.
En contraste, el Liceo Departamental de Cali comenzó con un IPD de 77 por ciento y terminó en 88 por ciento.
La diferencia no significa que el programa haya tenido menos valor en Cali. El propio informe advierte sobre el denominado “efecto piso”: cuando una comunidad parte de un nivel bajo, tiene un margen mucho mayor para crecer que otra que comienza con un puntaje elevado.
Por eso, los datos plantean una conclusión relevante: la educación integral en sexualidad puede tener un impacto especialmente significativo allí donde existen mayores brechas previas de información y conocimiento sobre derechos sexuales y reproductivos.
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De los anticonceptivos a saber dónde conseguirlos
Uno de los resultados más reveladores aparece en la prevención del embarazo no deseado. La mayoría de los participantes ya tenía algún conocimiento sobre los métodos anticonceptivos antes de comenzar el programa. El 88 por ciento, por ejemplo, identificaba el condón masculino como un método anticonceptivo y el 80 por ciento reconocía las pastillas.
El cambio más importante estuvo en otro lugar: saber cómo acceder a esos métodos. La proporción de jóvenes que sabía dónde solicitar métodos anticonceptivos de manera gratuita pasó de 55 a 80 por ciento.
También aumentó de 63 a 81 por ciento el porcentaje que identificaba el implante o PILA como un método anticonceptivo.
El dato permite hacer una distinción importante: no se trata únicamente de conocer que existe un método, sino de saber qué opciones existen, cómo funcionan y dónde acceder a ellas.
También cambian las ideas sobre género y cuidado
En el componente de igualdad de género, el porcentaje de participantes que reconocía que las mujeres no deben dedicarse exclusivamente al hogar y al cuidado pasó de 62 a 75 por ciento.
El informe, sin embargo, encuentra un comportamiento diferente en algunas cohortes: cuatro comunidades que ya partían de posiciones superiores al 75 por ciento retrocedieron ligeramente después del proceso.
Lejos de ocultarlo, Poderosas incorpora ese resultado como parte de los aprendizajes de la medición. Una intervención corta no necesariamente consigue mover posiciones que ya parten de niveles altos, mientras que en comunidades con mayores brechas existe un margen de transformación más amplio.
Algo similar ocurre con la percepción sobre la diversidad. En promedio, el reconocimiento de la homosexualidad y la transexualidad como expresiones de la diversidad humana pasó de 48 a 65 por ciento. Fue, de las cuatro temáticas analizadas en profundidad, la que presentó el mayor crecimiento.
En Solano, Caquetá, por ejemplo, el indicador pasó de 24 a 53 por ciento.
La principal apuesta detrás del Índice de Poder de Decidir es precisamente ampliar la idea de qué significa aprender educación sexual.
Según Poderosas, no se trata solamente de memorizar los nombres de los métodos anticonceptivos o conocer la anatomía de los órganos sexuales. También implica poder reconocer una situación de violencia, cuestionar un estereotipo de género, identificar información falsa, conocer los propios derechos y comprender que las decisiones sobre el cuerpo no deberían estar determinadas por mitos o imposiciones.
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