Ir al contenido principal
“Yo anhelaba mi dedo marcado de rojo”: la memoria de María Teresa Arizabaleta, la última sufragista viva de Colombia
Género

“Yo anhelaba mi dedo marcado de rojo”: la memoria de María Teresa Arizabaleta, la última sufragista viva de Colombia

María Teresa Arizabaleta es arquitecta y fue senadora de la República en 1998. Foto: Colprensa externos.

Un 25 de agosto las mujeres colombianas conquistaron el derecho al voto después de décadas de lucha. Hoy, a sus 91 años, María Teresa Arizabaleta es la única de las diez sufragistas reconocidas por el Congreso que permanece con vida. La mujer habló con CAMBIO sobre la batalla por la igualdad que todavía no termina.

Por: Lina Cuitiva

El 25 de agosto de 1954, las mujeres colombianas conquistaron un derecho que durante buena parte de la historia republicana se les había sido negado: votar y participar en las decisiones políticas del país. Setenta y dos años después, María Teresa Arizabaleta, una de las mujeres que hizo parte de aquella lucha, habló con CAMBIO sobre esa conquista en un momento en que algunos sectores ultraconservadores en Estados Unidos han llegado a proponer un único voto por familia y cuando se revive la exaltación a los roles de género tradicionales.

Hoy con 91 años, Arizabaleta es la única de las diez sufragistas reconocidas por el Congreso colombiano que sigue con vida. 

image-48-1032x1536.png
Foto de archivo. Crédito: La casa de la Mujer.

Una conquista que tomó décadas

El voto femenino no apareció de repente. Fue el resultado de décadas de organización y presión de mujeres que reclamaron no solo el derecho a votar, sino también acceso a la educación, autonomía económica, participación política y reconocimiento como ciudadanas.

Entre ellas estuvo Ofelia Uribe de Acosta, periodista, maestra y activista que convirtió la palabra escrita en una herramienta de movilización. En 1944 fundó Agitación Femenina, una publicación desde la que defendió la participación política de las mujeres y cuestionó las estructuras que las mantenían alejadas de las decisiones públicas.

Junto a ellas estuvieron Esmeralda Arboleda, Josefina Valencia, María Currea de Aya, Lucila Rubio, Rosita Turizo, Margarita Córdoba, Mercedes Abadía, Lucía Arciniegas y María Teresa. Sus trayectorias fueron distintas: entre ellas había maestras, periodistas, abogadas, sindicalistas, políticas y activistas. 

Para lograr que se reconociera ese derecho, en las principales ciudades del país organizaron congresos, asociaciones y comités, escribieron en periódicos y revistas, recorrieron varios municipios, reunieron apoyos y llevaron una y otra vez la discusión al Congreso. También tuvieron que enfrentarse a quienes consideraban que la política era un asunto exclusivamente masculino y a un sistema partidista que, pese a sus diferencias entre liberales y conservadores, durante años coincidió en aplazar el reconocimiento de ese derecho.

En los años previos a la aprobación, la estrategia se volvió todavía más organizada. Las sufragistas no solo defendieron el voto en el debate público: construyeron redes de mujeres, buscaron firmas y apoyos políticos y prepararon argumentos para demostrar que la ciudadanía no podía seguir dependiendo del sexo. En 1954, Esmeralda Arboleda y Josefina Valencia ⎯la primera liberal y la segunda conservadora⎯ llegaron a la Asamblea Nacional Constituyente y encabezaron la defensa del proyecto que reconocería los derechos políticos de las mujeres.

Esmeralda Arboleda. Foto Banco de la República.
    
Esmeralda Arboleda Cadavid (1921-1997), abogada y política vallecaucana. Es reconocida en Colombia por ser la primera mujer egresada de Derecho de la Universidad del Cauca y la primera mujer senadora. Foto: Hernán Diaz - Banco de la República.

La niña que entendió que las mujeres también debían decidir

La historia de María Teresa Arizabaleta con el sufragismo comenzó desde niña. “Yo comencé como a los ocho años”, le contó a CAMBIO. No fue una organización política la que despertó inicialmente su interés, sino una biblioteca.

Su padre tenía una enorme colección de libros. Según lo recuerda ella, Juan Demetrio era un hombre “inteligentísimo y cultísimo”, con quien hablaba frecuentemente sobre política y sobre la importancia de que las mujeres pudieran participar en las decisiones de su país. Con el tiempo, aquella biblioteca familiar terminaría formando parte de la Biblioteca Departamental del Valle.

“Con él hablaba mucho y me daba cuenta de la importancia del voto de la mujer y comencé a trabajar en eso”, recuerda.

Después llegó al Gimnasio Femenino del Valle, dirigido por Matilde González Ramos, una feminista que dedicó buena parte de su vida a defender los derechos de las mujeres.

Arizabaleta dice que tuvo la suerte de crecer rodeada e inspirada en estas influencias. Lo que para otras niñas podía parecer una discusión abstracta, para ella comenzó a convertirse en una pregunta concreta: ¿por qué las mujeres no podían decidir?

“Era una estupidez que no nos dejaran votar”, dice hoy, con el peso de la historia.

Esmeralda Arboleda, que también es conocida como una de las primeras colombianas en obtener el título de bachiller, visitó en varias ocasiones el Gimnasio Femenino para conversar con estudiantes y profesores sobre la situación de las mujeres en Colombia. María Teresa tenía entonces apenas 12 años y recuerda haber quedado cautivada por aquellas conversaciones y por las ideas que para ese momento resultaban tan revolucionarias.

La curiosidad llevó a María Teresa a acercarse a Esmeralda y entre ellas nació una amistad que, con el tiempo, la acercó al movimiento sufragista.

“Yo anhelaba ver mi dedo rojito”, le dijo a CAMBIO, en referencia a la marca de tinta que quedaba en la mano por ese entonces como señal de que una persona había votado.

El día histórico para Colombia: el 25 de agosto de 1954

Ese día la María Teresa de 19 años escuchaba con atención la radio de su casa en Cali en la que se oía el debate que se desarrollaba en el Capitolio Nacional en Bogotá. 

Un sector minoritario del Partido Conservador intentó tumbar la reforma argumentando que las mujeres perderían su feminidad si participaban en las votaciones. Sin embargo, esos congresistas no alcanzaron a tumbar la reforma.

Cuando comenzó la votación, los detractores del voto femenino intentaron entorpecer la aprobación abandonando la asamblea para que no hubiera quórum. Al final, veinte se retiraron y sesenta permanecieron en sus curules, justo el número mínimo necesario para tomar una decisión. El resultado: sesenta votos a favor y ninguno en contra.

María Teresa lo recuerda como uno de los momentos más especiales de su vida. Cuenta que sus padres y su esposo la abrazaron. 

Casi tres años después, el 1 de diciembre de 1957, ella y otras 1,8 millones de mujeres votaron por primera vez en el país. Se trató del plebiscito que abrió el camino para el Frente Nacional. María Teresa votó por el sí. 

Años después se graduó como una de las primeras arquitectas de la Universidad del Valle y fue senadora de la República con el partido Liberal (1998-2002) . Hoy sigue vinculada al movimiento feminista y de defensa de los derechos humanos con la organización Ruta Pacífica de Las Mujeres, un movimiento que trabaja por la tramitación negociada del conflicto armado en Colombia y por hacer visible el impacto de la guerra en la vida y el cuerpo de las mujeres.

“No tienen porqué tener más derechos que nosotras”

La experiencia de haber tenido que conquistar el derecho al voto hace que Arizabaleta mire con particular incredulidad las propuestas que pretenden volver a subordinar la decisión política de las mujeres a la familia o al esposo.

En Estados Unidos, sectores ultraconservadores han vuelto a poner en circulación la idea de “una familia, un voto”, que supondría que cada hogar tenga una sola representación electoral, ejercida normalmente por el hombre considerado cabeza de familia. Aunque se trata de una propuesta marginal y no de una reforma legislativa vigente, su aparición ha generado un debate sobre el resurgimiento de discursos que cuestionan el sufragio femenino.

Cuando se le pregunta qué piensa de las mujeres que respaldan esa idea, Arizabaleta responde sin rodeos: “Están locas”.

Su esposo, recuerda, era conservador. Ella, en cambio, tenía otras posiciones políticas liberales. Pero esas diferencias nunca significaron que alguno de los dos debiera votar por el otro.

“El voto es libre. El voto es para el hombre como él quiera y para la mujer como ella quiera. No tiene que ver nada lo que piense mi esposo, que en paz descanse, con lo que piense yo, o con lo que piense mi papá o mi mamá. El voto es libre, es personal”.

COLP_EXT_131166.jpg
María Teresa Arizabaleta de García, sufragista colombiana. Crédito: Colprensa externos.

La batalla no terminó en 1954

Arizabaleta tampoco considera que el sufragio haya cerrado la agenda de derechos de las mujeres. Al contrario. Después de más de ocho décadas de lucha, identifica una deuda que sigue siendo particularmente concreta: la igualdad salarial. “Si trabajar en una empresa se le paga a un hombre X dinero, a la mujer debe pagársele lo mismo”, afirma.

Pero la desigualdad también se expresa, según ella, en la política. Colombia ha tenido vicepresidentas, alcaldesas, gobernadoras y congresistas, pero nunca una mujer ha llegado a la Presidencia. Para Arizabaleta, cuando llegue ese momento tendrá un significado especial. “Ese día podemos hablar de más igualdad”, sostiene.

Cuando se le pregunta cómo observa al nuevo Gobierno de Abelardo de la Espriella frente a los derechos de las mujeres, considera que todavía falta una política más decidida para garantizar la igualdad.

“Al presidente nuevo yo lo veo igual que a los otros que han pasado. Yo veo que cualquier cosita que hacen ya creen que les dan un mundo a las mujeres. ¡Qué va! No las apoyan. Los hombres son muy queridos, pero eh ave María, qué cultura tan machista en la que vivimos”, responde.

En 2025, la Ley 2463 estableció el 25 de agosto como el Día de las Sufragistas, en homenaje a esas diez representantes de las mujeres que fueron protagonistas de la lucha por el sufragio femenino en Colombia. 

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Temas en este artículo

Artículo de libre acceso

Libre

Compartir en redes sociales