
Los Estados (Des)Unidos
“Hacía mucho tiempo que unas elecciones legislativas intermedias no tenían una trascendencia tan grande como las que acaban de celebrarse. Tanto es así, que fueron consideradas como una especie de encuesta sobre la primera mitad del gobierno de Biden pero también sobre la figura de Donald Trump”
Los resultados de las tan esperadas elecciones intermedias en Estados Unidos apuntan a una apretada victoria republicana en la Cámara, como estaba previsto, en tanto que los resultados definitivos del Senado, por ahora en empate técnico, tardarán varios días o quizá más en conocerse. Ha sido muy frecuente que el partido de gobierno y el presidente en ejercicio sean “castigados” en los comicios de mitaca y pierdan muchas curules en el Congreso. Por ejemplo, en las intermedias de 2010 los demócratas perdieron 64 escaños en la Cámara y los republicanos perdieron 42 en las de 2018. La sorpresa en esta ocasión fue que los republicanos no “barrieron” a sus rivales como lo vaticinaban casi todas las encuestas y el propio Donald Trump, ya que este año los demócratas podrían perder apenas unas diez curules. El castigo, pues, para los azules resultó mucho más benigno y la victoria de los rojos mucho más agridulce; los primeros perdieron muchos menos escaños de los que se creía y los segundos consiguieron menos de los que consideraban seguros. Como si fuera poco, la gran mayoría de los candidatos escogidos a dedo por el expresidente Trump fueron derrotados. Todo parece indicar que las consignas republicanas contra la inmigración, la inseguridad y la inflación no eran tan atractivas como para dejar fuera de juego el programa demócrata en pro de las libertades y los derechos civiles fundamentales. Pero la realidad es que los Estados Unidos siguen estando profundamente divididos y que, independientemente de las fluctuaciones electorales, esta brecha política, cultural y social no presenta síntomas de que pueda cerrase en un futuro cercano.
Un país dividido, una democracia en apuros
Hacía mucho tiempo que unas elecciones legislativas intermedias no tenían una trascendencia tan grande como las que acaban de celebrarse. Tanto es así, que fueron consideradas como una especie de encuesta sobre la primera mitad del gobierno de Biden pero también sobre la figura de Donald Trump; una antesala de las presidenciales de 2024, y un abrebocas de lo que puede suceder en Estados Unidos en los próximos años. Analistas y representantes de los partidos, incluido el presidente, afirmaron en repetidas oportunidades que serían decisivas para la democracia, la supervivencia de los derechos civiles fundamentales y también para la política exterior, especialmente en relación con Europa y el conflicto de Ucrania. Estos comicios, los primeros de carácter nacional después del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, se llevaron a cabo en medio de una delicada coyuntura política, económica y social, en la cual los niveles de confrontación partidista y el discurso sectario han alcanzado extremos alarmantes. Hasta el punto de que el anterior mandatario y el actual inquilino de la Casa Blanca, se embarcaron en una guerra sin cuartel de acusaciones mutuas, algo casi nunca visto en el pasado de esta nación, ejemplar por sus prácticas liberales y la mesura de la mayoría de sus dirigentes. Para Biden, Trump y en particular sus republicanos del MAGA (Make America Great Again) “representan un extremismo que amenaza los cimientos mismos de nuestra república (…) No viven a la luz de la verdad, sino a la sombra de las mentiras” y advirtió que los intentos de estos por socavar la democracia podrían convertirse en violencia. Por su lado, a Trump no le ha temblado el pulso para proclamar que el presidente sufre de un grave deterioro cognitivo, mientras que una dirigente del Comité Nacional Republicano sostuvo que Biden es “el divisor en jefe y personifica el estado actual del Partido Demócrata: uno de división, repulsión y hostilidad hacia la mitad del país”. No en vano se ha dicho que el actual panorama de la democracia estadounidense es de volatilidad, ambigüedad, incertidumbre y complejidad y que por momentos la lucha política parece más un enfrentamiento de tribus que un debate de ideas.
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