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Internacional

Trece días que estremecieron el mundo

La crisis de los misiles en Cuba y el momento actual.

Por: Gabriel Iriarte Núñez

Pocos recuerdan que en octubre de 1962, en medio de lo más álgido de la Guerra Fría, el planeta estuvo por primera vez al borde de una confrontación nuclear de grandes proporciones protagonizada por las dos mayores potencias bélicas de la época, Estados Unidos y la Unión Soviética. Cuando el Kremlin desplegó cohetes atómicos en Cuba, situada a solo 90 millas (150 kilómetros) de las costas norteamericanas, se desató la crisis más peligrosa en la historia de las relaciones internacionales por las consecuencias devastadoras que hubiera podido tener para toda la humanidad. Sesenta años después se están generando circunstancias de alguna manera similares a las que provocaron dicha crisis y que bien pueden desembocar en una coyuntura tan o más riesgosa que la vivida entonces.

La crisis actual

Durante el último lustro, el delicado equilibrio nuclear que había logrado mantenerse por décadas entre las dos superpotencias que poseen los mayores arsenales atómicos empezó a resquebrajarse. El telón de fondo de este desarrollo ha sido un mundo cada vez más desorientado, con descomunales problemas económicos y sociales, huérfano de grandes líderes, abrumado por agudos conflictos locales e internacionales y en el que las amenazas y el empleo de la fuerza son pan de cada día. Veamos los hitos de esta preocupante evolución. En julio de 2017 Corea del Norte anunció que había probado con éxito su primer misil intercontinental que podría alcanzar territorio de Estados Unidos y, tres meses más tarde, hizo explotar una potente bomba de hidrógeno. A mediados de 2018 el presidente Trump resolvió retirarse unilateralmente del acuerdo que mantenía a Irán fuera del club nuclear y, en febrero de 2019, tomó la decisión de abandonar el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio que habían suscrito en 1987 Reagan y Gorbachov y garantizaba que en Europa no se colocarían misiles de esas características. Lo propio hizo, por supuesto, Putin, no sin antes declarar que estaba preparado para afrontar una nueva crisis como la de Cuba en 1962 a tiempo que amenazaba con desplazar hasta las costas de Estados Unidos submarinos equipados con cohetes supersónicos si su rival se atrevía a instalar misiles en Europa cerca de Rusia. Se había dado sepultura al último pacto de control de armas de la Guerra Fría; se abría así la puerta de una nueva carrera armamentista y, lo peor, a una posible nuclearización de Europa.

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