
“Ha estallado la paz” en Gaza y las implicaciones de ese proceso en Colombia. Por Julio Londoño Paredes
El excanciller Julio Londoño Paredes analiza para CAMBIO la firma del acuerdo entre Israel y Hamás, la complicada paz que significa y las implicaciones que ha tenido en Colombia.
La firma del acuerdo entre Israel y Hamás, impulsado por Donald Trump, sin duda le ha generado un enorme prestigio al presidente norteamericano, independientemente de los otros siete acuerdos de paz que afirma que logró concertar en diferentes partes. En todo el mundo, la guerra en el Medio Oriente produjo un efecto que pocas veces se había percibido: fue como si millones lo hubieran sufrido como algo propio y lo hubieran llevado sobre sus hombros.
Sin embargo, se trata tan sólo del preámbulo de un acuerdo de fondo, en el que está en primera fila la existencia real de dos estados: Israel y Palestina. Ambos con fronteras reales, seguras y reconocidas. Y está también, en segunda fila, el desarme de Hamás. Ambos son retos monumentales y de difícil concertación. Netanyahu ha afirmado reiteradamente que no aceptará la creación del estado Palestino y Hamás ha dicho también que no entregará las armas.
Nos lo recuerda el libro muy conocido “Ha estallado la paz”, escrito por José María Gironella, que narra el período posterior a la Guerra Civil Española (1936-1939), en el que demuestra que la paz se logró, pero que no fue una paz serena, sino colmada de resentimientos, desconfianza, angustias y expectativas.
En Colombia el acuerdo de paz con las FARC, concertado bajo la presidencia de Juan Manuel Santos, generó esperanzas, no obstante que la mayoría del país lo rechazó. Pero nunca logró sus objetivos. Por el contrario, se dio la proliferación de grupos armados de diferente denominación, mientras que otros comenzaron a exigir tratamientos iguales o más favorables a los que se otorgaron a las FARC.
Una de las primeras reacciones ante el acuerdo con Hamás en Colombia fue la decisión de Petro de abrir negociaciones con el Clan del Golfo en el Medio Oriente, con la mediación y ayuda de Qatar. Un país que en los últimos años ha tomado singular trascendencia, no obstante sus oscuros antecedentes.
Petro no se podía quedar atrás de Trump, del que despotrica todos los días. Pero eso tiene riesgos. Sabiendo los grupos armados de las veleidades de nuestro presidente y estando en la última etapa de su gobierno después de la fallida “Paz Total”, seguramente aumentarán sus exigencias. Además, nuestro presidente procurará estar en alguna forma presente en el escenario mundial. Por ejemplo, afirmó que el Batallón Colombia que está en el Sinaí, debe prepararse para ser parte de la “reconstrucción de Gaza y garantizar su paz”.
Tal vez se le pasó que la presencia de ese batallón, no obedece a una fuerza a órdenes de él ni de la ONU. Es una fuerza multinacional independiente creada en 1981, durante la administración de Julio César Turbay Ayala, al que tanto menosprecia, para supervisar los acuerdos de Camp David, después de la cruenta guerra entre Israel y Egipto. No sólo los Estados Unidos solicitaron la ayuda a Colombia, sino que Israel y Egipto hicieron lo mismo. Con el ministro de relaciones exteriores de Egipto, Butros Ghali, y el canciller de Israel, Yitzhak Shamir, se tuvieron varias reuniones para concertar el acuerdo.
Fue una decisión difícil de Turbay, ya que Colombia era importador de petróleo y los árabes habían amenazado con cortar la venta de petróleo a los países que apoyaran ese acuerdo.
Seguramente, a Gaza, Petro tendría que enviar otro batallón. Lo que no se sabe es si Israel y los Estados Unidos, que no están en la mejor tónica con el mandatario colombiano, lo aceptarían.
Lea los comentarios









