La impensable alianza de países que ya supera al poderoso G7

Cumbre del grupo BRICS en Johannesburgo, Suráfrica.

Crédito: X: @BRICSinfo

5 Septiembre 2023

La impensable alianza de países que ya supera al poderoso G7

El grupo de los Brics, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y al cual acaban de ser invitados Argentina, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Etiopía, Irán y Egipto, se está convirtiendo, contra todo pronóstico, en un mecanismo de cooperación que le compite en relevancia al G7.

Por: Redacción Cambio

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Por Guillermo Puyana Ramos

Algunos analistas describieron la reciente cumbre del grupo Brics en Johannesburgo, Sudáfrica, como un “intento” de Rusia y China para confrontar el orden internacional liderado por Estados Unidos, ignorando que el grupo representa una realidad insuficientemente acogida en la gobernanza internacional de la posguerra porque ha sido diseñada bajo las reglas de Estados Unidos. Ese grupo está conformado nada menos que por  Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. En esos países está el 40.7 por ciento de la población, el 25 por ciento de la producción mundial, el 36 por ciento de la superficie terrestre, el 41 por ciento de la producción de trigo, el 53 por ciento de la de arroz, el 45 por ciento de la de soya, el 27 por ciento de las reservas de gas natural y el 41 por ciento de las de carbón. Todos tienen programas de energía nuclear; en China e India está el 35 por ciento de la población mundial; y solo China representó el 70 por ciento de la erradicación de la pobreza mundial de los últimos 30 años. En el grupo ampliado está el 58,3 por ciento de las reservas y el 33 por ciento del consumo mundial de petróleo.

Se trata del esquema institucionalizado de cooperación Sur-Sur más importante de este momento. No solo es un escenario de diálogo sino que tiene su propio banco, el NDB, presidido por la brasileña Dilma Rousseff, con 50.000 millones de dólares de capital y 35.000 comprometidos en proyectos productivos.

China y el equilibrio mundial

El más importante factor de corrección relativa del desequilibrio económico mundial ha sido el ascenso de China, que transformó la distribución de la riqueza desde una estrategia de modernización real de sus fuerzas productivas (trabajo y tecnología), y no solo desde el crecimiento económico.

El G7 agrupa al mundo industrializado: Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Francia, Alemania, Japón e Italia.  En 1980 esos países tenían  el 61 por ciento de la riqueza y el 13,7 por ciento de la población. En 2022 estaba el 45 por ciento de la riqueza y el 9,7 por ciento de la población.  En 1980 China aportaba solo el 1,7 por cieno de la producción y tenía el 22 por ciento de la población, para pasar en 2022 a tener el 17,8 por ciento y el 17,7 por ciento respectivamente.  Esa diferencia de 16 puntos de la participación de China en la producción mundial traduce el traslado de la riqueza del G7 hacia un país en desarrollo.  

Tabla

Para China, la cooperación Sur Sur es esencial para resolver problemas hemisféricos y para expandir el desarrollo. Se necesita transformar la gobernanza global para reflejar los cambios de la posguerra y corregir la sobrerrepresentación de los países industrializados en detrimento de los países subdesarrollados.

Nuevas realidades y gobernanza

El orden bipolar de la posguerra tuvo un primer cambio profundo con la liberación de China, donde estaba la cuarta parte de la población. Además, China había sido el país sobre cuyo saqueo construyeron gran parte de su poder Japón, Rusia, Inglaterra y Estados Unidos. También sucedió la independencia de India  en 1948, donde vivía el 14 por ciento de la gente.

Luego ocurrió la descolonización de África y Asia entre 1950 y 1970: 50 países de África y 20 de Asia salieron de regímenes coloniales, especialmente propiciados por Francia e Inglaterra. Este fenómeno cambió la estructura de la asamblea de las Naciones Unidas y fue el factor central para que China recuperara, en 1971, la representación en el Consejo de Seguridad de la ONU, como único país no alienado del organismo.

Otro cambio fue el ascenso de China con la reforma y la apertura al exterior a partir de 1980, que puso a un país subdesarrollado en los primeros lugares de la economía y la tecnología, e impulsó la globalización.  En paralelo, la disolución de la Unión Soviética, puso fin al bloque militar europeo oriental del Pacto de Varsovia. Pero el bloque militar europeo occidental y norteamericano de la Otan permaneció. 

Según China, el modelo bipolar de la posguerra era realmente de tres mundos:  en el primero estaban Estados Unidos y la Unión Soviética como potencias hegemónicas; en el segundo, los países desarrollados subordinados (los de Europa y Japón); y en el Tercer Mundo, figuraban los países pobres que  padecen los déficits del desarrollo y componen los escenarios donde se desarrollan los conflictos militares del primer mundo. Ese Tercer Mundo reclama la transformación de la institucionalidad de la posguerra, el fortalecimiento del no alineamiento y el multilateralismo, la expansión de la cooperación Sur-Sur, el diálogo Norte-Sur y la globalización del desarrollo.

Con la disolución soviética, surgió un mundo monopolar, que declaró el triunfo eterno del liberalismo político de democracia electoral y del capitalismo mercantil. Se decía que había que universalizar esos sistemas, inclusive usando el poder político, económico, militar y cultural para forzar a los países subdesarrollados a adoptar ese modelo.

Mientras tanto, al mundo pobre no llegaban la paz ni el desarrollo. Entonces se intensificaron los conflictos y la pobreza.  Desde 1990 ha habido guerras en África, Asia y Europa, tan graves como las dos guerras del Golfo, Siria, Afganistán, Yugoslavia, Sudán, Somalia y Ucrania.

Vis a Vis: Brics y G7

De los países del G7, seis integran la Otan , tres son miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y todos concentran el 41,25 por ciento del voto en el Fondo Monetario Internacional. Pero solo tienen el 9,7 por ciento de la población, mientras el grupo Brics tiene únicamente el 13,5 por ciento del voto en el FMI, no obstante que en él habita el 43,5 por ciento de la población.

Paradójicamente, el futuro de los países del G7 está en los países del grupo Brics porque los mercados los componen personas, y la riqueza se genera por la relación óptima entre trabajo y tecnología. El problema es cómo se distribuye esa riqueza y dónde están los mercados potenciales que consumirán los productos y servicios creados por el trabajo. La pobreza no es funcional al capitalismo ni al socialismo. Como en los países industrializados la población no está creciendo orgánicamente, tampoco están formándose mercados.  La única alternativa es la globalización del desarrollo en Asia, África y América Latina.  De los diez países más poblados, ocho son del Tercer Mundo, y suman 4.000 millones de habitantes. Debería interesarle a Occidente que donde está la gente haya también desarrollo y mercados, pero no ha sido así.

Los chinos conocen bien esta paradoja. En octubre de 1980 Deng Xiaoping dijo:  “Está bien que los países del Tercer Mundo planteen la cuestión de la cooperación Sur-Sur, pero también debe resolverse la cuestión de las relaciones entre el Sur y el Norte. Si los países desarrollados no usan su dinero para ayudar a los países en desarrollo a expandir sus economías, no tendrán ningún mercado en el Tercer Mundo. Los países ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Resolver este problema es una gran tarea internacional. Evidentemente, será difícil. Los países ricos son reacios a proporcionar más dinero al Tercer Mundo, por no hablar de transferirle su tecnología. No basta con que el Tercer Mundo deposite sus esperanzas en un cambio de las relaciones entre el Sur y el Norte. También debe existir cooperación Sur-Sur. Si queremos cambiar el orden económico internacional, debemos, sobre todo, resolver la cuestión de las relaciones entre el Sur y el Norte. Pero, al mismo tiempo, tenemos que encontrar nuevas formas de aumentar la cooperación Sur-Sur”.

Promover la cooperación Sur-Sur es un proceso lento porque los lastres del desarrollo son enormes y el mundo industrializado tiene intereses divergentes con los países en desarrollo: Estados Unidos, Canadá y Australia nos compiten en agricultura.

En la cumbre de Sudáfrica invitaron a integrarse al grupo a  Argentina, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Etiopía, Irán y Egipto. Argelia quería ingresar, pero India vetó su ingreso por presión del presidente francés Emmanuel Macron. El caso de Colombia fue extraño porque el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, anunció que el país había sido invitado a formar parte de los Brics, cuando ni siquiera se contestó la carta de invitación a ser observador de la cumbre de Johanesburgo.

Pero el grupo tiene desafíos propios: debe desligarse de la competencia geopolítica o ideológica de bloques, evitar actuar como un proyecto antioccidental, y proteger su identidad como modelo de cooperación Sur Sur para financiar el desarrollo desde el propio Tercer Mundo. China cumplirá un papel clave porque ha practicado un no alineamiento consistente durante 75 años.  Mientras India tiende a subordinarse a Occidente y ha participado en alianzas antichinas como el Quad,  Rusia tiene su legitimidad limitada por la guerra contra Ucrania, y Brasil y Suráfrica son potencias regionales que les falta proyección internacional.

El grupo debe promover una reforma de la gobernanza internacional que ponga fin a la sobrerrepresentación europea en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Además, tiene que discutir el retiro de Inglaterra por su rol subsidiario de Estados Unidos; dar acceso a Egipto, Nigeria o Sudáfrica en lugar de Francia; ampliar la membresía para incluir a Brasil o México; equilibrar también el poder en el Fondo Monetario Internacional para acabar con la dominancia de prestamistas sobre prestatarios; y fortalecer la Organización Mundial de Comercio como garante del libre comercio, ahora bajo amenaza por la obstrucción del comercio internacional por Estados Unidos para contener a China.

En el año 2000, las cinco primeras economías del mundo eran Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia e Inglaterra.  En 2022 China e India reemplazaron a Francia e Inglaterra. Las proyecciones para 2050 señalan que serán China, Estados Unidos, India, Indonesia y Alemania. Si las instituciones de gobernanza mundial no recogen esta realidad, el grupo Bricslo hará.

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